Crónicas Urgentes… El inconsciente freudiano y “la cosa en si” kantiana


Impaciente espero ser descubierto, porque creo que todos debemos ser delatados, para salvarnos del silencio. LeToAn

Lenin Torres Antonio | 07 junio de 2018
Tribuna Libre.- Acercarse al campo psicoanalítico, disolver en ese encuentro los fantasmas que produce el enigma, buscar algo más que estructuras que hagan inteligible, audible el contacto con el mundo externo, con el hombre. Por último, descubrir algo nuevo del inconsciente, de nosotros mismos; en suma, dejar que “las luces de la oscuridad sean los brillos de la verdad”1.
Surge como una rebelión a la primacía de lo consciente, a la vida; a lo godesco de la verdad que se capta con la mirada; a la aversión de aceptar que la muerte está en la vida, que se oye en la vida. Concluye lapidariamente, “¡escuchar el silencio de la muerte, en medio del ruido de la vida!”2. En ese sentido, ese saber se vuelve fatal; diría, apocalíptico y dramáticamente en una teoría del desengaño, de la desesperanza. Pues, siempre hay algo más poderoso que el principio de cura, de placer; la pulsión de muerte.
Necios a aceptar que el centro ya no es la consciencia, la vida; que el centro, ahora es agujerado por una falta, el inconsciente, la muerte. Inmediatamente se pone prueba ese saber en una dimensión diferente, que le exige que hable con el mismo lenguaje, que se ha usado hace mucho tiempo. El saber psicoanalítico ha de hablar sin síntomas, se ha de hacer consciente. Ha de poder probar que hay un saber que no se sabe, que no necesita ser sabido para que exista; es decir, una “legalidad de la memoria del olvido”3. El primer recurso para fundamentar esa subversión, es localizar dentro del genio, la sabiduría epistémica, o reencontrar en la transferencia, la aversión o el amor que pudo crear esa bella pieza de saber. O en último caso, buscar alrededor dela historia de las ideas, lo que impregno ese salto intelectual que dio ser al inédito freudiano. Yo me conformo con experimentar con lo postrero.
Voy a realizar una excursión por alguna parte del campo de las ideas de Freud y Kant. Voy a poner de frente la cosa en sí kantiana, con el inconsciente freudiano, y los persuadiré para que nos cuenten sus avenencias y discrepancias.
Una vez Freud pregunto a Paúl Haberlin, si la “cosa en sí” de Kant, no era lo que él, Freud, entendía por “inconsciente”. Textualmente en su trabajo sobre Metapsicología, Freud nos proporciona una respuesta a esta pregunta: “Del mismo modo que Kant nos invitó a no desatender la condicionalidad subjetiva de nuestra percepción y a no considerar nuestra percepción idéntica a lo percibido incognoscible, nos invita el Psicoanálisis a no confundir la percepción de la consciencia con el proceso psíquico inconsciente objeto de la misma”4. Desprendemos de este párrafo, las siguientes tesis; 1). -La condicionalidad subjetiva de nuestra percepción; 2). -La no identidad entre la percepción y lo percibido incognoscible; 3). - La diferencia entre la percepción de la consciencia y el proceso psíquico inconsciente; 4). -Lo psíquico no necesita ser en realidad tal como lo percibimos.
Las proposiciones 1 y 2, propiamente son supuestos kantianos; la 3 y 4 son freudianos. Presentar sumariamente los razonamientos que generaron tales afirmaciones, y acercarlos para lograr el objetivo de éste trabajo, es la tarea que a continuación haré en este escrito.
Kant llamó a una revolución del modo de pensar, es decir, a hacer un viraje en el problema del conocimiento. Ya la reflexión no arranca del objeto como de lo conocido y lo dado, para poner luego de manifiesto cómo este objeto se desplaza a nuestra capacidad de conocimiento; sino de la adecuación del objeto al sujeto. La subjetividad que se deriva, no significa psicologismo, sino que toda determinación del objeto de conocimiento debe ir precedido necesariamente por la determinación de la forma pura del conocimiento que impone el sujeto; y esta se llena con el material que la experiencia sensible le proporciona. Las categorías fundamentales del entendimiento no se tratan de conceptos innatos, pero sí de leyes originarias del espíritu, leyes que, naturalmente, sólo se revelan a nuestra consciencia mediante las observaciones de los actos del hombre y, por tanto, a través de la experiencia. Es así como el conocimiento intuitivo de esas categorías, y en especial, las de espacio y tiempo, nos hace accesible el mundo de los fenómenos.
Kant habla de un conocimiento sensible. Los objetos del conocimiento sensible son las cosas sensibles capaces de afectar a la sensibilidad del sujeto. En el conocimiento sensible hay materia y forma: La materia es lo dado, o sea, las sensaciones, lo producido por la presencia de los objetos sensibles; la forma, en lo que coordina la materia, y es aportada por el sujeto, y en esto está la condición del conocimiento sensible. Dos son esas condiciones, el espacio y el tiempo. Conceptos con los cuales la sensibilia se convierte en objeto del conocimiento. Estos conceptos son las intuiciones puras, hace mención también de un conocimiento intelectual, conocimiento de objeto que no afecta a los sentidos, conocimiento de intelligibilia. En suma, el conocimiento sensible es conocimiento de objeto tal como aparece, sometido a las leyes de la sensibilia, que son las condiciones a priori de espacio y tiempo; mientras que el conocimiento intelectual es conocimiento de cosas tal como son. Es así, que la receptividad del espíritu para con la impresión se llama sensibilidad y la facultad de producir representaciones se llama entendimiento. La cooperación de ambas facultades es necesaria para el conocimiento de objetos. “Sin la sensibilia no nos sería dado objeto alguno y sin el entendimiento ningún objeto sería pensado”5. Se conoce porque hay un sujeto que posibilita el acto de conocer a través de sus estructuras puras, y que es capaz que le afecte el objeto. En esto se fundamenta la subjetividad de nuestra percepción.
Kant señala que, aunque solo podemos tener conocimiento de objetos a causa de la realidad fenoménica, esto no nos permite afirmar que sólo haya fenómenos; “de hecho, si los objetos de los sentidos los consideramos justamente como puros fenómenos, confesamos por esto igualmente que, en el fondo de ellos está dada una cosa en sí misma, aunque no conozcamos como es en sí, sino solamente su manifestación, esto es, el modo como nuestros sentidos son afectados por ese algo desconocido. El entendimiento pues, precisamente por lo mismo que admite fenómenos, confiesa también la existencia de cosas en sí mismas y, en tanto, podemos decir que la representación de tales seres, que están dados en el fondo de los fenómenos y, por tanto, son meros seres inteligibles, no solo es admisible sino también inevitable”6. Es así como Kant introduce la idea de cosa en sí, como algo que está atrás de los fenómenos, es decir, como la otra cara de una moneda, puesto que nosotros vemos solo una cara, que es la que nos afecta la vista, también es admisible pensar que hay otra cara al reveso. Pero al hablar de dos caras de la misma moneda, no estamos hablando de una diferencia de naturaleza objetiva sino subjetiva, de otro modo, “… la cosa en sí no es un ente diferente del fenómeno, es decir, la diferencia de conceptos relativos a la cosa en sí y a la cosa en tanto que fenómeno no es objetiva sino solamente subjetiva. La cosa en sí no es otro objeto, sino otra relación de la representación respecto al mismo objeto”7. Kant bifurca los sentidos en que se puede entender el concepto de noúmeno: dice, “si por noúmeno entendemos una cosa, en cuanto esa cosa no es objeto de nuestra intuición sensible, y hacemos abstracción de nuestro modo de intuirla, tenemos un noúmeno en sentido negativo. Pero si entendemos por noúmeno un objeto de una intuición no sensible, entonces, admitimos una especie particular de intuición, a saber, la intelectual, que no es, empero, la nuestra, y cuya posibilidad no podemos conocer; y este sería el noúmeno en sentido positivo”8. Así, “la teoría de la sensibilidad es al mismo tiempo la de los noúmenos en sentido negativo, es decir, la de cosas que el entendimiento debe pensar sin a la relación con nuestro modo de intuir, y por lo tanto no sólo como fenómenos, sino como cosas en sí mismas”9. Lo que conocemos por la percepción sensible limita el conocimiento del objeto en cuanto tal, sólo nos permite conocer el noúmeno, y esto no iguala a la percepción con lo percibido, conocemos lo que nos deviene de la percepción; mas no logramos agotar el conocimiento de lo percibido, diría, nos quedamos con un representante de la cosa, la percepción, al final creo que la cosa en sí, no sea otra cosa que una relación de la representación respecto al mismo objeto.
Consciencia es la cualidad momentánea que caracteriza las percepciones externas e internas dentro del conjunto de los fenómenos psíquicos. Describiendo como Freud, diré, la conciencia es la función de un sistema, el sistema percepción-conciencia. Es así, que consciente es la representación que se halla presente en nuestra consciencia y es objeto de nuestra percepción y nombraremos inconsciente a aquellas representaciones latentes de las que tenemos algún fundamento para sospechar que se encuentran contenidas en la vida anímica como sucedía en la memoria. De esta forma, una representación inconsciente será una representación que no percibimos, pero cuya existencia afirmamos, basándonos en indicios y pruebas de otro orden: el sueño, actos fallidos, el chiste, los síntomas neuróticos, etc. Esto llevó a Freud a demostrar que hay procesos psíquicos diferentes a los conscientes, y estos son los procesos inconscientes, procesos que operan con la misma fuerza que los conscientes en la vida anímica, y al igual, que las ideas patentes conscientes tienen la misma fuerza, y que la presencia de tales ideas latentes juega un papel fundamental en la vida psíquica del individuo.
Con ello quedó manifiesto que lo inconsciente es una fase regular e inevitable de los procesos que cimientan nuestra actividad psíquica, sin embargo, su operatividad es diferente al proceso consciente. En estas circunstancias, la irrupción del inconsciente viene a quitarle la omnipresencia de lo consciente en la vida anímica, esto obliga a considerarla tan solo como una cualidad de lo psíquico que puede añadirse a otras cualidades eso puede faltar. Ahondando en el descubrimiento del inconsciente, podemos comentar que para Freud el inconsciente es producto de la represión, pues lo reprimido es el modelo de lo inconsciente. Ahora bien, “el proceso de represión no consiste en suprimir y destruir una idea que representa el instinto, sino impedirle hacerse consciente”10. Lo reprimido es una parte de lo inconsciente. Este proceso que no impide hacer consciente la idea o el afecto, no ahoga el habla del inconsciente; es decir, el inconsciente hace uso de otro medio para hacerse escuchar, sentir; así, el sueño constituye el ejemplo de cómo el inconsciente se hace presente; de igual forma, los síntomas neuróticos se desempeñan como portavoces del inconsciente. Con lo anterior, podemos ver que hay una diferencia entre percepción de la conciencia y el proceso psíquico inconsciente, y que lo psíquico no es tan sólo lo consciente.
La conclusión a la que puedo llegar, es que el concepto de la cosa en sí kantiana tiene cierto paralelismo con el concepto inconsciente freudiano. Aunque es preciso señalar que son conceptos que se desarrollan en ámbitos diferentes, e perspectivas diferentes y que sirven para hablar de campos diferentes del saber. Así podemos concluir:
La cosa en sí y el inconsciente son nociones epistémicas que escapan a la percepción. Sólo son conocidas por las manifestaciones o representantes: la cosa en sí es especulada por el advenimiento fenoménico del conocer; y el inconsciente es inferido por las manifestaciones “irracionales o locas del hombre”: el sueño, el chiste, los actos fallidos, la psicopatología de la neurosis.
La cosa en sí completa la teoría del conocimiento kantiana, y como algunos señalan, su concepto de noúmeno es un concepto límite, pues limita el campo fenoménico que produce el saber. La cosa en sí, es incognoscible desde la condicionalidad de la sensibilia al conocer; sólo nos es permitido conocer a través del mundo de la sensibilia. Así el uso trascendental de la cosa en sí se reduce a limitar el campo del fenómeno, a crear objetos del pensamiento. De esta forma, Kant reconoce en la Crítica de la Razón Pura, “ciertamente no hemos podido demostrar que la intuición sensible sea la única intuición posible en general, sino sólo que lo es para nosotros”11. Me tienta la idea que la cosa en sí kantiana, sea, como dice Heidegger, una relación de la representación respecto al mismo objeto, En contraste, el concepto del inconsciente freudiano, quita del centro a la conciencia, y asume el centro de una manera determinante puesto que se erige como la parte fundante de la actividad anímica-psíquica, el inconsciente llena el centro con una falta, vuelca la atención de la consciencia hacia esa falta hacia el deseo escondido, camuflajeado.
1,2, y 3.- apuntes -19 de noviembre de 1995-.
4 y 10.- Sigmund Freud, el malestar en la cultura. Alianza Editorial p. 171,165.
5.- Frederick Copleston, historia de la filosofía. Ariel, p.238.
6.- Kant, prolegómenos a toda metafísica del porvenir. Porrúa, p.64.
7.- Martin Heidegger, Kant y el problema de la metafísica. FCE, p.37.
8 y 9.- Kant, crítica a la razón pura. Porrúa. p.150, p.149.
Bibliografía
1.- apuntes.
2.- Sigmund Freud, obras completas. Amorrortu editores, tomo XIX
3.- Sigmund Freud, el malestar en la cultura. Alianza Editorial.
4.- Nicola Abbagnano, Diccionario de filosofía. FCE
5.- Frederick Copleston, Historia de la filosofía. Ariel, tomo 6.
6.- Martin Heidegger. Kant y el problema de la metafísica. FCE.
7.- Kant, Critica a la razón pura. Porrúa.
8.- Kant, Prolegómenos a toda metafísica del porvenir. Porrúa.
9.- Assoun, Freud, la filosofía y los filósofos. Paidós.

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