#FinDeSexenio| Violencia y corrupción, los dos grandes pendientes de Peña Nieto


El presidente Enrique Peña Nieto se despide este viernes con los peores niveles en inseguridad y corrupción en México, según estos expertos.

Ciudad de México. | 01 diciembre de 2018
Tribuna Libre.- El presidente Enrique Peña Nieto se despide de su sexenio este 30 de noviembre con dos grandes pendientes: los altos índices de violencia y escándalos de corrupción.

Especialistas consultados por ADNPolítico coinciden que el priista entrega la estafeta con un récord en el número de homicidios, incremento en delitos de orden común y saldo negativo en el combate a la corrupción.

“Hace unos días, una encuesta nacional independiente sobre la aprobación de la gestión presidencial ilustraba con claridad cómo la falta de resultados en el control efectivo de la corrupción durante la administración Peña fue el tema que más lastimó a los mexicanos. Si se analiza junto con el tema de inseguridad y violencia, el mayor déficit de la administración que finaliza el 30 de noviembre fueron sus resultados en seguridad y justicia”, señala Eduardo Bohórquez, director de Transparencia Mexicana.

Aquí algunos datos que evidencian esa crisis.

El récord en homicidios

Peña Nieto comenzó a gobernar el 1 de diciembre de 2012 con una tasa de 22 homicidios por cada 100,000 habitantes, de acuerdo con el Inegi. En sus primeros tres años de gobierno, la cifra disminuyó a 19 y 17 para comenzar a repuntar en 2016 con 20 y llegar en 2017 al récord histórico de 25 homicidios por cada 100,000 habitantes; es decir, 31,174 asesinatos hasta julio del año pasado.

El aumento de los homicidios dolosos con Peña Nieto

En términos de incidencia delictiva, este gobierno entrega no solo el año más violento de la historia, sino que en dos años consecutivos se rompió el récord. En términos de violencia y seguridad, este es un gobierno que entrega muy malos resultados”, evalúa Francisco Rivas, director general del Observatorio Nacional Ciudadano (ONC).

De acuerdo con el INEGI, el 2017 se colocó como el año más violento en al menos dos décadas. Pero el homicidio doloso no fue el único delito que se elevó: la extorsión, robo a casa habitación, a vehículo y a transeúntes, que afectan a los ciudadanos en sus actividades cotidianas, también se aumentaron.

Los delitos de alto impacto al cierre del sexenio de Peña Nieto

Con excepción del secuestro, la tasa de todos los delitos se elevó. David Pérez Garay, coordinador del programa de Seguridad de México Evalúa, explica que las cifras de secuestros se mantienen bajas porque es uno de los ikícitos que menos se denuncia y por lo tanto es difícil tener estadísticas certeras.

A raíz de un cambio de metodología del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), se desagregó información más detallada sobre los delitos, se incluyeron los feminicidios y la cantidad de víctimas en carpetas de investigación (y no solo expedientes, como se contabilizaba anteriormente).

Los especialistas señalan que la modificación puede considerarse un avance en términos de información sobre la violencia y que puede servir para establecer protocolos bien diseñados y transparentes.

La deuda

Desde el punto de vista de los expertos, durante el gobierno de Peña Nieto no hubo una estrategia clara para reducir la violencia y en cambio se cometieron errores que provocaron que los delitos se dispersaran a todo el país y ya no se concentraran en algunos estados.

La desaparición de la Secretaría de Seguridad Pública es considerada una de las señales de la carencia de estrategia. Al inicio de su mandato, el presidente se enfocó en la prevención, pero como nunca se consolidó el proyecto, el “programa estrella” se quedó sin financiamiento.

“El programa ‘Todos somos Juárez’ que se impulsó durante el gobierno de Felipe Calderón, si bien fue muy caro, fue positivo; pero es algo que se dejó de hacer y en el que se pudo invertir más en el sexenio de Peña”, comenta Juan Carlos Montero, académico del Tec de Monterrey.

Saldo negativo en corrupción

Los casos de gobernadores y funcionarios de alto nivel —incluido el propio Peña Nieto— involucrados en desvío de recursos hicieron de la corrupción una marca distintiva del sexenio. El país llegó hasta el puesto 135 de 180 países rankeados en el Índice de Percepción de Corrupción de Transparencia Internacional, cuando había iniciado en el 106 de 175 naciones.

“Más que la corrupción en los índices, que son importantes, la corrupción se sintió en las calles. Los innumerables escándalos fueron seguidos por investigaciones débiles y poca justicia. Tal vez el caso más emblemático, que además le hereda a la siguiente administración, es el caso Odebrecht ”, enlista Bohórquez.

2013
2014
2015
2016
2017
Lugar en el índice de Transparencia Internacional
106 de 175
103 de 174
111 de 167
123 de 176
135 de 180
Transparencia Mexicana
Cifra negra
93.8
92.8
93.7
93.6
93.2*
ENVIPE
Tasa de población que tuvo algún contacto con servidores públicos y experimentó al menos un acto de corrupción
12080
12590
14635
ENCIG
Tasa de incidencia de corrupción
24724
30097
25541
ENCIG

Avances como la creación del Sistema Nacional Anticorrupción ( SNA), aún en en proceso de implementación, se vieron opacados por los datos: la tasa de incidencia de corrupción creció de 12,080 casos por cada 100,000 habitantes en 2013 a 14,635 casos por cada 100,000 en 2017. Y la de población que tuvo alguna experiencia de corrupción en contacto con servidores públicos se elevó de 24,724 casos por 100,000 habitantes a25,541 por cada 100,000 en el mismo periodo, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Calidad e Impcato Gubernamental (ENCIG) del Inegi.

“La falta de consecuencias de quienes cometieron actos de corrupción son lamentables porque quedó claro el problema de la impunidad en el país. Es evidente las múltiples señales de corrupción no solo del gobierno federal, que en este caso fueron ostentosamente visibles e impunes. Quedó reflejada la debilidad de las instituciones”, señala Marco Fernández, académico del Tec de Monterrey.

El también investigador de México Evalúa expone que, aunque el balance en general es negativo, hay claroscuros debido a que también la sociedad civil comenzó a despertar y a ser más combativa, un aspecto que se reflejó en iniciativas como la Ley 3 de 3 y la inclusión del Comité de Participación Ciudadana en el SNA. Pero, insiste, aún falta más por empujar durante el nuevo gobierno. 

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