Aquiles Córdova Morán | 07 octubre
de 2016
Tribuna Libre.- Estamos ya en
plena carrera electoral, tanto por las gubernaturas en 2017 como por la
presidencia de la república en 2018. Esto no tendría por qué llamar la atención
si no fuera porque las difíciles circunstancias del país y por la forma en que
partidos, precandidatos y politólogos profesionales aprovechan la situación
para encauzar el voto de los ciudadanos hacia la corriente política o el
candidato de sus simpatías. Con base en lo que veo, escucho y leo, me he
formado la opinión de que, aunque los pronunciamientos varían en los problemas
que abordan, en la manera en que lo hacen y en las causas a que los atribuyen,
todos coinciden en que, en el fondo, las crisis política, económica y social en
que nos debatimos es culpa inequívoca y exclusiva del actual Primer Mandatario
y de sus colaboradores más cercanos, particularmente del ex Secretario de
Hacienda, y del Secretario de Gobernación. E inmediatamente después de ellos,
se culpa a su partido, el PRI, al que reclaman la responsabilidad por la
selección y la supervisión de los funcionarios salidos de sus filas. La
conclusión es tan simple como fácil de aplicar el remedio: hay que “sacar al
PRI de Los Pinos” y colocar en su lugar a los candidatos del propio partido o
de la corriente política con la cual simpatiza el politólogo en turno. México
se convertirá así, del infierno que es hoy, en una verdadera jauja con ese solo
cambio de hombres en el poder.
Vayan a manera de
respaldo de lo que digo los siguientes ejemplos:
a).- Preguntado sobre la “parálisis” en que,
según dicen, está sumido el Presidente ante la ofensiva de la ultraderecha
contra su iniciativa sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo, un
conocido intelectual aseguró que tal “parálisis” no es de ahora, sino que viene
desde los terribles e inexplicables secuestro y probable asesinato de los 43
estudiantes normalistas de Ayotzinapa, Gro., el “grave error” de la reforma
educativa que puso a “los maestros” en pie de guerra, y los crímenes
espeluznantes de Tlatlaya, Edo. Méx., y Tanhuato, Mich. En un artículo
posterior firmado por un prestigiado columnista sobre temas políticos, se hacen
las mismas acusaciones y se agrega el imperdonable “error” de haber prohijado
la aparición de las “autodefensas” comunales que se han salido de su control.
En este trabajo se afirma que la culpa del gobierno en el caso Ayotzinapa
consiste en que, al no entender la trascendencia del hecho, se actuó con poca
energía y fuera de tiempo, provocando con ello que un crimen de carácter local
se transformara en “un crimen de Estado” (sic). Salvo esto, que si he de ser
sincero no me parece muy claro ni lógico, en las demás imputaciones no se gasta
una sola sílaba para explicar por qué se considera a éste gobierno culpable de
los horrores de Iguala, del empecinamiento y la violencia con que los
“maestros” reclaman la derogación de la reforma educativa, o de los abusos de
las fuerzas del orden en Tlatlaya y Tanhuato.
b).- Entrevistado
en la Cámara de Diputados, un representante de la bancada panista aseguró sin
titubeos que los problemas económicos son fruto “del manejo irresponsable de la
economía” por el gobierno actual, sin agregar nada más. Pienso que a todos los
que lo escuchamos nos dejó con la duda legítima de qué fue en concreto lo que
se hizo mal, en qué precisamente consistió el “manejo irresponsable” de la
economía y qué debió hacerse para evitar la crisis. En fecha más reciente, oí
con verdadero interés a los líderes nacionales del PAN y del PRD asegurar, en
un noticiario matutino de la TV, que la devaluación del peso obedece al
exagerado incremento de la deuda nacional, que ha superado el 100% en este
sexenio. En mi artículo anterior intenté (no sé si bien o mal) mostrar que no
es fácil explicar la caída del peso en términos de la teoría económica al uso,
lo que deja como única explicación posible el ataque especulativo en su contra,
maniobra que no pertenece a la ciencia económica sino al abuso extra económico
de los fuertes contra los débiles. Y lo hice pensando, precisamente, en la
rotunda sentencia del diputado panista. Ahora añado que, aceptando que sea
verdad el incremento excesivo de la deuda, eso no basta tampoco para explicar
la devaluación del peso; hace falta medirlo como porcentaje del PIB para
demostrar el riesgo (como se hace en todo el mundo) y, además, probar que se
destinó a gastos improductivos que solo incrementaron el circulante pero no el
valor del PIB. También aquí me quedé esperando la explicación completa de los
señores jefes del PAN y del PRD.
c).- Otra
imputación gratuita (que por cierto también manejaron los jefes de PAN y PRD)
es la corrupción que ahoga al país. Es del dominio público, además, que un
fuerte aspirante a la presidencia de la república ha hecho de esto su bandera
principal y asegura que si llega a la silla erradicará el mal y, con el ahorro
que con ello obtenga, remediará la pobreza y la desigualdad de las grandes
masas populares. Me he permitido decir en varias ocasiones, y ahora repito, que
es una falacia culpar de la corrupción (que todos deberíamos saber que es
consustancial a la economía de libre empresa) a un solo sexenio y, peor aún, a
un solo Presidente. Opino que si tal error es disculpable en un mexicano común
y corriente, no ocurre lo mismo con líderes, con aspirantes al gobierno o con
columnistas y politólogos que, por razón de su oficio, están obligados a
penetrar en la esencia de los hechos y a hablar a la gente con la verdad. Y es
todavía más imperdonable en partidos y políticos que ya han sido, o son hoy,
gobierno y que, por tanto, en vez de “denunciar” a sus oponentes, deberían
decirnos qué hicieron o qué están haciendo para combatir el problema. Sostengo
que prometer acabar con la corrupción sin tocar el modelo económico, o es
malicia o es ingenuidad peligrosa, porque se olvida que la verdadera
corrupción, la que daña al país, no es la del policía de crucero que “muerde” a
un automovilista, ni la del empleadito que cobra por un servicio que debe ser
gratuito, sino la de empresarios que llevan una doble contabilidad para evadir
impuestos, la de quienes envían su dinero a los paraísos fiscales con igual
fin, o la de altos funcionarios que protegen la ordeña de los ductos de PEMEX y
a los grandes corporativos gasolineros para que estafen a los consumidores con
litros de 750 mililitros. ¿A esos va a meter en cintura MORENA sin tocarle un
pelo al modelo económico?
d).- Por último,
en un artículo de fecha 21 de septiembre titulado “La renuncia”, se afirma que
“… el Secretario de Estado, John Kerry, hizo un enérgico reclamo al gobierno
mexicano por haberle dado tratamiento de Jefe de Estado al magnate (Donald
Trump aclaro yo) exigiendo la inmediata renuncia del responsable del desliz
diplomático”. Y luego de un punto y aparte, subraya, “Por decirlo de otra
forma, Barack Obama pidió la renuncia de Luis Videgaray Caso, y el gobierno
mexicano se vio obligado a concederla para evitar un desastre económico de
mayores consecuencias”. Por un momento tuve la
esperanza de que, por fin, alguien se atreviera a enderezar las cosas
lanzando una documentada denuncia y una encendida protesta contra la arrogancia
del imperio que tan sin recato, y solo amparado en su poderío económico y
militar, se atreve a inmiscuirse abiertamente en asuntos que competen a los
mexicanos y a la soberanía nacional. Pero no; era otro golpe, uno más, a la
figura presidencial, para seguirla debilitando con el fin de asegurar su
derrota en las elecciones que vienen, sin reparar en que con ello se debilita
también la unidad y la solidaridad de la nación entera, dejándola inerme e
indefensa ante sus enemigos del exterior.
Dije y digo que no
me interesa quién sea o cómo se llame el
Presidente de México o su Secretario de Hacienda; que haría y diría lo
mismo si se llamara Felipe Calderón o Andrés Manuel López Obrador, porque soy
un insobornable convencido de que, en la época del imperialismo más rapaz,
violento e inescrupuloso de la historia de la humanidad, a los países débiles y
rezagados no les queda más recurso para la defensa eficaz de sus intereses que
la unidad y la solidaridad nacionales en torno a un modelo económico justo y
equitativo con todos, pero especialmente con los que menos tienen, y en torno a
un poder nacional comprometido con dicho modelo. No estoy de acuerdo, por eso,
con quienes hacen labor de zapa contra el poder presidencial sin decirnos qué
es lo que proponen colocar en su lugar; y no estoy de acuerdo porque, al obrar
así, fracturan la unidad nacional y debilitan los lazos de solidaridad entre
todos los mexicanos solo para alcanzar el poder, pero sin rumbo y sin proyecto.
El viejo y mezquino “quítate tú para ponerme yo”. Este cortoplacismo comete el
error de solo ver las próximas elecciones pero no el futuro; y al señalar
falsos culpables, encubre y protege, lo sepa o no, a los verdaderos causantes
de nuestras desgracias: a los órganos de inteligencia que se especializan en
desestabilizar gobiernos insumisos; al neoliberalismo rampante con sus grandes
especuladores y corruptos; a los intervencionistas descarados contra las
naciones débiles; a las grandes mafias del narcotráfico mundial. Quienes tal hacen,
demuestran palmariamente que no saben o no quieren decir de dónde vienen los
males y cuál es el remedio. Nos proponen, pues, saltar de la sartén para caer
en la lumbre, y eso no es nada digno de aplaudirse y menos de imitarse.
