*
Holiday Inn perdió amparo * Tendrá que devolver el terreno * Grupo
Posadas, el verdadero dueño * A la magistrada no le tembló la mano
* Los pobres, convertidos en un ejército de mercenarios * La
violencia inducida * Los 92 morelenses a quienes quisieron obligar a
desatar la anarquía * El PRI no ganó por tener más votos; ganó por tener
más votos sucios.
Mussio Cárdenas Arellano |
18 julio de 2013
Tribuna Libre.- Con el voto
del cemento y la despensa, mercenario un sector del electorado —los del voto
duro y los del voto verde—, y cómplice y apática la mayoría, el PRI se robó de
nueva cuenta la elección en Veracruz.
Sucios de origen, los votos del PRI llegaron desde
los millones de marginados y empobrecidos, los de las colonias en desgracia y
los de las zonas rurales, previa entrega de migajas con las que le sacian el
hambre hoy aunque mañana no tengan qué comer, o la entrega de materiales de
construcción, la pensión para los adultos mayores, la condonación de gastos
médicos del Seguro Popular o del recibo de agua.
Todo se llevó el PRI. Ganó 27 de 30 diputaciones de
mayoría y alrededor de 90 de las 212 alcaldías, las de mayor presupuesto, salvo
Córdoba y Boca del Río, pero arrasando en Xalapa, Veracruz y Coatzacoalcos, las
joyas de la corona, no porque tuviera mejores candidatos, mucho menos por
generar progreso y desarrollo, sino por el voto comprado a través de la dádiva
y la manipulación de los programas sociales, federales y estatales.
No es la de Veracruz una elección que se pueda
medir por el número de los votos que obtuvo el PRI para imponerse, sino por la
calidad de los votos. No son los miles de boletas marcadas a favor de los
candidatos priístas, sino cuántos de esos miles los habían obtenido
comprándoles la dignidad a su ejército de pobres y olvidados.
En contrasentido, la oposición pugnaba por sacar a
los electores a votar, generar confianza en sus proyectos u ofrecer alcaldías
eficientes y honestas, que a la postre no pasó de ser un juego de ilusiones
porque para mover a los votantes hay que disponer, como lo hace el PRI, de la
despensa y el saco de cemento con cargo al erario público, a los programas
sociales que le roba al gobierno federal o recursos que se roba del erario
público.
Ladrones de elecciones, como son los priístas,
fueron pillados en la faena de planear cómo y con quiénes disponer de los
padrones de adultos mayores, “oro molido” como los categorizara el ex
secretario de Finanzas del gobierno de Veracruz, Salvador Manzur Díaz, en aquel
célebre video que predispuso al PAN y al PRD contra el Pacto por México pues
mientras sus dirigentes le avalaban las reformas estructurales al Presidente
Enrique Peña Nieto, los gobernadores y sus pandillas fraguaban cómo arrebatar
congresos y alcaldías.
Ladrones de elecciones, como son los priístas,
fueron sorprendidos en la conjura para usar el abasto de leche a bajo precio,
en el manejo de los abarrotes de Diconsa para armar las despensas del fraude,
que hoy se entregan, horas después se consumen y al día siguiente el hambre
sigue igual, y así por los próximos tres o cuatro años, cuando ocurra una nueva
elección.
Ladrones de elecciones, como son los priístas,
fueron sorprendidos con cargamentos de cemento del programa Piso Firme, en
Coatzacoalcos, suministrado por María Gudelia López Aguilar, la proveedora del
fraude, la que abastece con cargo a un programa federal, pero en atención al
requerimiento de Víctor Rodríguez Gallegos, jefe de la Unidad Administrativa de
la Secretaría de Desarrollo Social del gobierno de Veracruz, y de su titular,
Marcelo Montiel Montiel, los mariscales de campo, los burladores de la voluntad
democrática de la sociedad.
Ladrones de elecciones, los hermanos Tronco —Renato
y Miguel Ángel— usaron la obra pública, la entrega de verdura y carne a bajo
precio, literalmente en una operación de compraventa de conciencias y
dignidades, verduleros electorales, para vender su proyecto entre el voto verde
de Las Choapas, y ni aún así pudieron arrasar en la jornada electoral
municipal. Al final debieron embarazar urnas, alterar la información del PREP,
valerse de la complicidad de la presidenta del consejo electoral municipal para
frenar el conteo de votos, llevar centroamericanos indocumentados a votar y
hasta fraguar la quema de boletas para borrar la evidencia, con tal de retener
la alcaldía. Vaya el descaro de este par de rufianes.
Así ocurrió en todo Veracruz, a merced de un
operativo antidemocrático y delictivo, los mapaches en lo suyo, sin mano que los
frenara, con un Peña Nieto simulador que apretaba a los gobernadores de palabra
mientras dejaba correr la mecánica del fraude, en alta operando Manzur y los
ladrones de elecciones, robándose los programas sociales para condicionar el
voto de los pobres para el PRI.
Sumido en la tensión, Veracruz vivió desde antes
del 7 de julio, día de la jornada electoral, un clima de violencia generada
artificialmente, inducida, orquestada para inhibir la participación de la
sociedad, en cuyo clímax el saldo fue rojo: muertos, lesionados, encarcelados,
sedes electorales tomadas, autos quemados y acusaciones cruzadas.
Panistas de Tlalixcoyan fueron aprehendidos bajo
cargos de acopio de armas; un perredista murió en la sierra de Soteapan, al
enfrentarse militantes del PRD, AVE y PRI; otro muerto ingresó a la estadística
macabra en Coxquihui; varios autos fueron incendiados en Tierra Blanca.
Loro a sueldo, el líder del PRI estatal, Erick
Lagos Hernández, acusaba al panismo de ser el gestor de la violencia, mientras
él, con toda displicencia había impuesto candidatos repudiados, criminales y
corruptos, compradores de votos, como su compadre Juan Cruz Elvira en Santiago
Tuxtla, en una espiral de ataques, agravios y falsa moral.
Concluida la jornada electoral, el PRI se llevó los
votos sucios, por los que pagó al ejército de mercenarios pobres, que en cada
elección se ofrecen, operan, promueven candidatos priístas a cambio de las
migajas que les matan el hambre.
Es nauseabunda la ética del PRI. Hoy se sabe que
volvieron a vieja práctica de traer priístas de otros estados para alterar el
rumbo de la elección veracruzana. 92 de ellos, procedentes de Morelos, fueron
conminados a generar actos vandálicos en las casillas. Al negarse, se les
mantuvo sin alimento y luego abandonados en plena sierra, en el norte de
Veracruz, en el municipio de Álamo. La paga sería de mil 500 pesos. Valiente
miseria del PRI por fabricar la violencia y después culpar a la oposición de
sus fechorías.
Quienes han incurrido en el análisis simplista de
decir que el PRI ganó porque tuvo más votos, caen en una falacia. Los votos del
PRI proceden de un delito. Son votos comprados con una despensa, con los
beneficios del programa Oportunidades, del dinero de los adultos mayores, del
Seguro Popular, del abasto de leche a bajo precio, con el cemento y la varilla.
Son votos sucios.
Veracruz, en esta elección, no se mide por lo
cuantitativo sino por lo cualitativo. El PRI gana la elección con más votos,
pero su procedencia es ilícita y eso la hace una contienda inequitativa y
antidemocrática.
Pudo Javier Duarte, un gobernador que es una
vergüenza para los veracruzanos, llevarse la mayoría y afianzar el control del
Congreso estatal, pero lo hizo con un fraude mayúsculo, incluida la violencia,
la guerra sucia, la descalificación a sus adversarios y la negación de cuanto
Enrique Peña Nieto había ofrecido para salvar su maltrecho Pacto por México.
Pudo la pandilla mafiosa suplantar a la voluntad
democrática, comprarle el voto al ejército de mercenarios que habitan en las
zonas olvidadas, a los pobres que canjean su dignidad por una despensa.
Se sirvió Duarte y su manager Fidel Herrera
Beltrán, también de la apatía de los que dejaron de creer en las elecciones y
se volvieron refractarios a la democracia, los abstencionistas que prefieren al
PRI como un depredador de Veracruz, los que ven con gusto el endeudamiento de
60 mil millones de pesos, la bursatilización que sirvió para enriquecer a unos
cuantos, la pobreza cada vez mayor, la salud en su peor nivel, el analfabetismo
en todo su esplendor y la corrupción en cada poro de la piel del gobierno, el
Congreso, el Poder Judicial y las alcaldías.
Ladrones de elecciones, misión cumplida.
Archivo muerto
Holiday Inn tiene un problema mayor: perdió un
juicio de amparo, y el terreno en que se construye el hotel, sobre el malecón
de Coatzacoalcos, debe volver a sus legítimos propietarios. El Tribunal
Colegiado del Décimo Circuito determinó que el Juzgado 14 de Distrito, a cargo
de Pedro Antonio Rodríguez Díaz, dé entrada al juicio de amparo, con lo que
se le debe restituir el predio a su legítimo propietario, Joaquín
González Menéndez; que se deje insubsistente que éste haya incurrido en
despojo, y que el caso vuelva a las condiciones en que se encontraba antes de
que la agencia Tercera del Ministerio Público de Coatzacoalcos le diera
posesión a Hotelera Duport, sobre un terreno que indebidamente le vendió el
gobierno de Veracruz, y concretamente Fidel Herrera Beltrán, a precio de regalo
—2 millones de pesos— y a sabiendas que no corresponde a la reserva
territorial. Elaborada por la magistrada María Isabel Rodríguez Gallegos, quien
fue la ponente, la sentencia fue aprobada por unanimidad, junto al presidente del
Tribunal, Manuel Juárez Molina, y a Miguel Ángel Alor Patraca, quienes
consideraron que el juez federal Pedro Rodríguez Díaz violó los derechos de
González Meléndez al determinar el no ejercicio de la acción penal contra el MP
que le dio posesión a Hotelera Duport del predio en que se construye a los
tumbos, un día si y otro no, el hotel Holiday Inn. El amparo en revisión es el
350/2012 y la investigación ministerial, que resultó a todas luces arbitraria,
es la COAT3/684/2010. Basada en evidencias de una mala actuación del MP y del
juez Pedro Rodríguez, la magistrada María Isabel Rodríguez sustentó su ponencia
que echó por tierra el atraco del grupo hotelero en complicidad con las
autoridades ministeriales. Ahora el MP se niega a cumplir con la sentencia,
bajo el argumento de que quien debe devolver el terreno es Hotelera Duport.
Falso. Quien le dio la posesión a los dueños de Holiday Inn fue el MP, como
consta en el expediente del caso. Obvio que el MP de Coatzacoalcos incurre en
desacato y que lo más seguro es que el Tribunal Colegiado ordene la aprehensión
del MP por violar una disposición federal. El caso es apenas la punta del
iceberg de un hilo de la madeja de corrupción. Por una parte, Hotelera Duport
es sólo la máscara de Grupo Posadas, que viene desarrollando proyectos
hoteleros por todo el país, y por otra, la sentencia valida indirectamente la
escritura de la sucesión Bringas, lo que dejaría al gobierno de Veracruz
disponiendo ilegalmente de millones de metros cuadrados de terreno que no son
suyos, entre ellos el Parque Tecnológico Puerto México. Por lo pronto, a
Joaquín González le deben devolver su predio de dos hectáreas, incluyendo lo ya
construido en él, o pagárselo a precio real. Menudo lío pues…