* La información que atesora Miguel Ángel Treviño
* El juicio de Austin * Pancho Colorado, ADT, y la reserva
territorial de Coatza * El santuario de Los Zetas * Quiere nombres
Duarte de funcionarios mapaches * Marcelo, Víctor Rodríguez, Rafael
Grajales… * Jorge Piana, el cuñado incómodo * Acapara obra pública
Mussio Cárdenas Arellano | 22 julio de 2013
Tribuna Libre.- Literalmente, el Z-40 vale más vivo que muerto, activos sus recuerdos,
la bitácora de su vida criminal, el negocio de la droga, la extorsión, el
secuestro, sus ligas hacia el poder, sus pactos con gobernantes y caciques,
quienes lo dejaron crecer, hasta que la justicia finalmente lo alcanzó.
Su suerte está en
manos del gobierno federal. Aprehendido la madrugada del lunes 15, Miguel Ángel
Treviño Morales era el número uno de la organización criminal Los Zetas,
sanguinario y sádico, a quien se le atribuye la muerte de 265 inmigrantes en
San Fernando, Tamaulipas, en 2011, hombres mutilados o quemados en vida.
Cayó en un camino
rural de Nuevo Laredo, la tierra que lo vio nacer. A eso de las 3 de la mañana,
lo interceptó un helicóptero de la Marina Armada de México, tras una pesquisa
de varios meses, sin un disparo, cuando viajaba en una camioneta pick up. Lo acompañaban
dos sujetos, uno su escolta y el otro su contador.
Le hallaron 2
millones de dólares, ocho armas de alto poder y 500 cartuchos útiles. Enfrenta
siete órdenes de aprehensión y 12 averiguaciones previas por delincuencia
organizada, delitos contra la salud, tortura, lavado de dinero y posesión de
armas de fuego de uso exclusivo de las fuerzas armadas.
Es, pues, un
pájaro de cuenta.
Aliado primero,
rival después de Heriberto Lazcano Lazcano, alias “El Lazca”, con quien en los
últimos tiempos compartió el liderazgo, el Z-40 venía enfrentando la
fragmentación de Los Zetas, derivado en gran medida de las traiciones internas
que dieron pie a embestidas de la Naval, detenciones y muerte de varios capos y
sicarios mayores. Sus biógrafos sostienen que Treviño Morales era el delator,
el que ponía a los jefes, el que se entendía con mandos de la Marina hasta que
su suerte cambió.
Le tocó ver y
participar en la escisión del CDG, a raíz de la aprehensión y extradición de
Osiel Cárdenas Guillén a Estados Unidos, convertidos Los Zetas en un nuevo
cártel y su expansión a otros estados, entre ellos uno clave: Veracruz.
De sur a norte,
Veracruz es único en las rutas del narcotráfico. Codiciado por todos, los
barones de la droga ejecutando víctimas y siendo ejecutados, su territorio es
un auténtico freeway, un paso libre para el transporte de la droga desde
Centroamérica hasta las entidades del norte del país y Estados Unidos.
Cuando el gobierno
federal emprendió una cacería contra el Cártel del Golfo y Los Zetas en Tamaulipas,
Veracruz se erigió en el santuario de los grupos del crimen organizado,
cobijados por la familia política, por el aparato de justicia, por los cuerpos
de seguridad.
Su despegue inicia
en la campaña a la gubernatura de Veracruz, en 2004. Acusaba entonces el
candidato del Partido Acción Nacional, Miguel Ángel Yunes Linares, la
existencia de dinero del narcotráfico, financiamiento puro para el priísta
Fidel Herrera Beltrán. A su vez, Yunes Linares era señalado de haber tolerado y
encubierto, cuando era el vicegobernador del chirinato, las actividades de
Albino Quintero Meraz, narco que habitaba en la zona Veracruz-Boca de Río,
luego aprehendido y extraditado a Estados Unidos.
Nunca se pudo
sacudir Fidel Herrera la sombra del crimen organizado. Tildado de Z-1 en redes
sociales, aunque ese alias era del primer líder de Los Zetas, Arturo Guzmán
Decena, asesinado en un enfrentamiento, en 2002, el ex gobernador quiso ocultar
la narcorrealidad de Veracruz a golpe de mordaza en la prensa y con disimulo
institucional.
Se ufanaba de
decir que en Veracruz había marometas pero no zetas. Y a su secretario de
gobierno, Gobierno, Reynaldo Escobar Pérez, que las únicas zetas que conocía
eran la del abecedario.
Pasivo, cómplice,
Fidel Herrera dejó tácitamente en manos de Los Zetas el territorio veracruzano.
Policías estatales y municipales, ministerios públicos, una legión de
servidores se coludían con el crimen organizado, pasaban información, diluían
las denuncias y hasta le entregaban el control de los penales desde donde los
malosos seguían controlando las plazas. Eran los días en que la autoridad
callaba ante el secuestro de migrantes centroamericanos para ser convertidos en
sicarios y si no, asesinados a mansalva. De ahí los múltiples cementerios
clandestinos, las narcofosas del escándalo.
No hay mucho con
qué ligar a Fidel Herrera con El Lazca, pero sí con Miguel Ángel Treviño, el
Z-40. Aparece el hilo conductor en el juicio que enfrentó José Treviño Morales,
su hermano, en Austin, Texas, acusado por el FBI de lavar dinero del
narcotráfico mediante la compra de caballos y carreras arregladas, los millones
en juego.
José Treviño paró
en la cárcel. Pronto se enfiló la investigación hacia un empresario fidelista,
propietario de algunos “cuarto de milla”, Francisco Colorado Cessa, dueño de
ADT Petroservicios, con quien el ex gobernador de Veracruz se dejaba
fotografiar en célebres cabalgatas y de quien supuestamente recibió algunos
equinos como obsequio. ¿A cambio de qué?
ADT
Petroservicios, según el testigo José Enrique Rejón Aguilar, el Z-7, un ex
zeta, era la empresa usada para adquirir caballos para los hermanos Treviño
Morales. ADT hacía la operación “legal” y luego lo pagado le era entregado en
dólares a Pancho Colorado.
Rejón Aguilar
detalló que El Lazca, el otro líder de Los Zetas, invirtió sus ganancias del
narcotráfico en ADT Petroservicios, una lavadora de dinero, según la justicia
norteamericana, cuyos bienes serían congelados y boletinada para que nadie
realizara operaciones con ella. Pancho Colorado fue enjuiciado y finalmente, el
9 de mayo, sentenciado a 20 años de prisión.
Ha podido aletear,
tratar de salvar sus bienes en México. Uno de ellos es el predio de casi 7
hectáreas en la reserva territorial de Coatzacoalcos, adquirido cuando su amigo
Fidel Herrera era gobernador de Veracruz y Javier Duarte, secretario de
Finanzas.
Burda y
descuidada, la maniobra es resumida en una carta remitida al Presidente Enrique
Peña Nieto, en la cual se señala que el predio fue adquirido en 10 millones de
pesos, vía el fideicomiso F-50101-3 de Bancomer, a precio de regalo, doce veces
más barato que su valor catastral.
En la maniobra
aparece Jesús Antonio Macías Yazegey, suegro del gobernador de Veracruz, Javier
Duarte de Ochoa, en una sospechosa operación de “transmisión de propiedad en
ejecución de fideicomiso”, el 19 de diciembre de 2012, en pleno juicio de
Austin, para evitar que fuera congelado el predio por decisión del tribunal
federal norteamericano donde se ventila el caso de lavado de dinero a favor de
Los Zetas, según refiere el documento hecho llegar a Peña Nieto. ¿Por qué la
premura por salvar el predio? ¿Es de Pancho Colorado o es de Fidel?
Hay otro punto en
que Fidel Herrera vuelve a ser ligado con el narcotráfico en el juicio de
Austin. Lo menciona José Carlos Hinojosa, ex contador del Cártel del Golfo,
quien reveló que la campaña fidelista, en 2004, el entonces candidato del PRI
recibió 12 millones de dólares a cambio que una vez en la gubernatura Fidel
dejara operar libremente a esa organización.
Del juicio de
Austin surgió la hipótesis legal de que Fidel Herrera fue un narcogobernador.
Sus ligas con Pancho Colorado iban más allá que la relación
gobierno-constructor. Lo pillaron con información documentada y fueron
ventilados los contratos que dio a ADT para realizar obra pública en Veracruz,
actualizado el hallazgo por la periodista Carmen Aristegui, en su espacio
noticioso de Multivisión.
Con Fidel Herrera,
Veracruz se convirtió en el santuario de Los Zetas, jefaturados por El Lazca y
por Miguel Ángel Treviño Morales, el Z-40. Proliferaron las ligas entre la
policía y el crimen organizado, a su disposición el aparato de justicia,
acallada la prensa, sometida a un código de silencio por el entonces
gobernador.
Muerto, Heriberto
Lazcano dejó de ser valioso para efectos de información que permita
desarticular a Los Zetas. Vivo, el Z-40 es la clave para entender el
crecimiento de esa organización criminal, sus ligas con el poder, el acertijo
de la impunidad y el afán de hacerse sentir a través de una espiral de
violencia.
Aprehendido,
Treviño Morales puede explicar cómo Veracruz se convirtió en el santuario de
Los Zetas en los tiempos de Fidel.
Claro, si es que
le da tiempo de hablar.
Archivo muerto
Quiere nombres el
gobernador Javier Duarte. Niega que funcionarios suyos operaran para el PRI,
compraran el voto, se robaran la elección. Y lo reclama, airado, como si no los
hubiera. Van tres, de la Secretaría de Desarrollo Soclal: Marcelo Montiel Montiel,
titular; Víctor Rodríguez Gallegos, jefe de la Unidad Administrativa, y Rafael
Grajales Sansores, director de Políticas y Programas. Aquellos dos asignados a
Coatzacoalcos, pujando para mantener el cacicazgo, ahora con Joaquín Caballero
Rosiñol en la alcaldía, y Rafael Grajales en Cosoleacaque, con su inseparable
Gladys Merlín Castro, diputada local y jefa de la plaza, como pregona su hijo
Emigdio en Facebook y en Twitter. Quiere el gordobés nombres de sus
funcionarios en campaña. Los hay y de sobra, secretarios, subsecretarios,
directores y coordinadores, incluso videos, fotografías, decenas de
testimonios, reuniones en hoteles de lujo con la estructura electoral de cada
distrito, los mapaches electorales en plena faena… Cauto y discreto, Jorge
Piana Benavides no hace ruido pero sí cosecha millones en obra pública. Su
empresa, FC Márquez Construcciones, dispuso en 2012 de contratos que le otorgó
la Secretaría de Comunicaciones de Veracruz en el municipio de Soteapan
(Ocozotepec y Buenavista-La Magdalena) que le redituaron casi 7 millones de
pesos. Otros 15 millones 441 mil 264.11 pesos se los dio Marco César Theurel
Cotero —“Te rompo tu puta madre”— por el circuito vial en la colonia Francisco
Villa Sur, en Coatzacoalcos. Y todo porque don Jorge Piana es el “cuñado
incómodo”, un ingeniero egresado del Politécnico Nacional, que en sus días de
ascenso fue el todopoderoso de las obras públicas en el municipio de Acayucan,
durante el primer reinado de Fabiola Vázquez Saut, a quien cada que podía le
soltaba un coscorrón para que se pusiera las pilas, porque para eso era la
familiaridad. Piana Benavides, el “cuñado incómodo”, es el mismo que agredió a
tres reporteros, el 9 de agosto de 2006, intentó echarles encima a los guaruras
del aún cacique Cirilo Vázquez Lagunes, muerto de plomonía semanas después, y
que enfrentó una denuncia por intento de robo de una cámara fotográfica, según
refiere la espléndida crónica del colega Fabián Santiago Antonio, uno de los
agraviados. Hoy, con perfil bajo, sin alardes, simplemente cosecha contratos.
¿Quién será la madrina mágica?…
twitter: @mussiocardenas