José Miguel Cobián | 24 agosto de 2013
Tribuna Libre.- Seguro dirá usted que el título de
esta colaboración es una exageración. Quizá tenga usted razón, pero antes de
dejar sanjada esta discusión, permítame darle algunos ejemplos.
En nuestro país, cualquier persona puede tomar
las calles, carreteras y bloquear lo que se le antoje, a sabiendas de que no
hay autoridad que haga cumplir la ley.
Tiene usted un historial interminable de muertes de mujeres en Ciudad
Juárez Chihuahua, que viene de años atrás del triunfo de Vicente Fox en el 2000,
y a la fecha ni panistas, ni priístas en el gobierno, han esclarecido esa
terrible mancha en la justicia mexicana.
Tenemos
zonas de Zacatecas y del bajío dónde bandas perfectamente organizadas lanzan a
una vanguardia de mujeres y niños a detener trenes de carga en marcha, cerrando
las válvulas de aire comprimido, y una vez detenido el tres, éste es saqueado
mediante cientos de camiones y camionetas, en una acción perfectamente
estructurada. Uno de cada cien trenes de carga es asaltado de esta manera
actualmente.
Los famosos cerezos, esos centros de
readaptación social, son tierra sin ley, dónde bandas de internos controlan los
penales y aplican su propia ¨ley¨ y su propia ¨justicia¨. A todos nos consta después de haber visto la
película ¨presunto culpable¨, que en México se fabrican delincuentes a modo de
las autoridades policiales, con el fin de fingir que cumplen con su deber de
proteger a la sociedad. Así, tenemos
cárceles llenas de inocentes, y calles llenas de culpables. Además, quizá lo
más importante, no hay ni procuración ni administración de justicia en nuestro
país.
Las
arbitrariedades realizadas por el ejército en infinidad de detenciones, hoy
multiplicadas por las detenciones a los grupos de autodefensa, sin aplicar la
ley, sino simplemente aplicar el criterio de un funcionario ignorante de la
propia ley, hacen recordar que desde la revolución, los mexicanos le tenemos
más miedo a las autoridades que a los delincuentes. Ya ni se diga de las
arbitrariedades y abusos de policías municipales, estatales, judiciales,
federales, etc.
Vive
usted en un país en cuya capital se bloquean arterias importantes, se ataca
violentamente a las autoridades, se dejan decenas de policías heridos, y no
pasa nada. No hay gobierno, no hay autoridad que haga valer la ley.
A fin de cuentas, el problema de raíz sigue
siendo el mismo, la nula aplicación de la ley en México, salvo honrosas
excepciones y siempre en perjuicio del particular y en beneficio del poderoso o
del criminal. El que en un país la ley
no se aplique, implica que no hay gobierno, hay anarquía, y cada ciudadano hace
lo que quiere. Si un país avanza, es
porque su población busca avanzar, a pesar de la falta de autoridad. (Recordemos que Bélgica a estado más de un
año sin gobierno y no pasa nada).
Pues
en México simplemente no hay gobierno. La impunidad reina, la ley no se aplica
y a nadie le preocupa ni el interés ni la seguridad, ni la vida de los
mexicanos. Obviamente, a las autoridades
menos que a nadie. Y van dos
ejemplos. En México se venden
automóviles sin el mínimo de tecnologías de seguridad que se exigen en la
mayoría de los países civilizados del mundo; las carreteras son inseguras y muy
mal señalizadas. Esto genera una enorme
cantidad de muertes por accidentes de tráfico. Tenemos el séptimo lugar a nivel
mundial de muertes por accidentes viales, con costos elevadísimos por los daños
permanentes a las personas, y por los costos propios de los accidentes. Aún así, a ningún legislador le interesa generar
leyes que obliguen a las armadoras a vender sólo autos con todas las
tecnologías de seguridad. Leyes que eviten la circulación de vehículos en mal
estado. Leyes que impidan que cualquiera obtenga una licencia de conducir, a
pesar de no saber lo mínimo indispensable para circular por las calles. Leyes
que obliguen a las autoridades a responsabilizarse por los accidentes causados
por el mal estado de las carreteras y vialidades, o por la falta de
señales. Esas vidas, y esos miles de
heridos anualmente a nadie le importan en México.
El
otro ejemplo es muy trillado. Los bancos extranjeros aplican cobros e intereses
muy superiores a los que sus gobiernos les permiten en sus países sede. La razón es sencilla, mientras en sus países,
los ciudadanos importan y los gobiernos están para protegerlos, en México el
ciudadano vale menos que una cucaracha aplastada por una llanta en medio de la
carretera, y por ello los bancos pueden abusar y generar cobros brutales. A fin
de cuentas, saquean la riqueza mexicana, vía el saqueo a cada mexicano, con la
venia y la bendición del gobierno federal, de los diputados y senadores, que
tienen otros intereses, distintos a la protección de los bienes y del
patrimonio de los mexicanos.
Ahora
dígame si usted sigue pensando que en este país hay un gobierno, o si alguien
de verdad gobierna, y sobre todo, si alguien gobierna en beneficio de los
mexicanos.

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