Aquiles
Córdova Morán |
06 agosto de 2013
Tribuna Libre.-El
20 de agosto de este año, el Antorchismo poblano efectuó una manifestación con
20 mil de sus agremiados. El objetivo era reclamar solución a múltiples y
variados problemas que, a pesar de su carácter evidentemente justiciero y
necesario, y de ubicarse todos en el marco del derecho del ciudadano y de las
obligaciones del gobierno, se han venido difiriendo una y otra vez, con
múltiples pretextos, durante los ya casi tres años de gobierno del Dr. Rafael
Moreno Valle. Hasta el momento de escribir esto, la única respuesta ha sido la
consabida (y por tanto, esperada) lluvia de ataques mediáticos cuya única
novedad estriba en que, además del total silencio sobre las demandas, las
distorsiones, simplificaciones burdas, ocultamiento de los antecedentes del
conflicto y de la conducta del gobierno que ya son de costumbre, se añaden
ahora los histéricos (y claramente constitutivos de delito) gritos llamando a
la represión y al encarcelamiento de los manifestantes y sus líderes.
Ante
tal panorama, los antorchistas han puesto ya manos a la obra para preparar su
siguiente manifestación pública, en la que esperan reunir a 30 mil de sus
compañeros, el día 25 del presente mes. Esta nueva protesta por el trato que
les ha dispensado el gobierno poblano, no es una ocurrencia súbita ni brota
tampoco del deseo pueril o arrogante de “jugar vencidas” con nadie. Es,
simplemente, el siguiente paso obligado de su plan de lucha y de autodefensa
popular, a que los empuja, de un lado, la falta absoluta de alternativas de
solución por parte de los funcionarios y, de otro, el compromiso indeclinable,
inquebrantable con los derechos y las necesidades de los más pobres y
marginados del estado agrupados en el Antorchismo poblano. Prueba de ello es
que la nueva concentración fue anunciada y convocada, con toda claridad y
precisión, al término mismo de la manifestación del día 20 de agosto antes
dicha.
No
voy a entrar a detallar aquí los problemas y demandas que los antorchistas
enarbolan en esta ocasión, no sólo porque son ya de sobra conocidos, sino
porque, además, la experiencia nos ha demostrado suficientemente que esto no
interesa en lo más mínimo ni al gobierno ni a los medios y reporteros que se
dedican a escribir, no lo que ven, escuchan o piensan, sino lo que les ordenan
sus respectivos jefes de información o sus propios intereses pecuniarios.
Polemizar con ambos en este terreno, o hacerles aclaraciones sobre las mentiras
y falsas acusaciones que manejan con la plena intención de hacer daño, es lo
mismo que intentar conmover con llantos, quejas y plegarias, al Muro de las
Lamentaciones en Jerusalén. Diré, en cambio, dos o tres verdades que buscan
poner en claro la naturaleza profunda, estructural, masiva de los factores que
dan un sólido sustento racional no sólo a las demandas y a la protesta pública
de los antorchistas, sino también a la existencia misma de nuestro Movimiento y
a su innegable crecimiento y desarrollo.
Según
cifras recientes del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de
Desarrollo Social (CONEVAL), cuando el Dr. Moreno Valle tomó las riendas del
gobierno, en enero de 2011, Puebla ocupaba el cuarto lugar en pobreza entre las
32 entidades federativas del país; para fines de 2012 ocupaba ya el tercer
lugar, desplazando de tan “honroso” sitio a Oaxaca. Así, sólo Chiapas y
Guerrero nos superan en cuanto a número de pobres. La misma fuente afirma que,
mientras en 2010 el total de poblanos pobres era de tres millones 616 mil 264
(el 61.5% del total de población), a finales de 2012 esa misma cifra era de
tres millones 878 mil 116 (el 64.5% de la población total), lo que arroja un
incremento de 261 mil 852 pobres más en poco menos de 24 meses. Si suponemos
que esta tendencia se ha mantenido hasta hoy (no hay hechos ni datos que digan
lo contrario), podemos inferir que, en los días que corren, la cifra ronda los
300 mil, o quizá esté por arriba de esta cantidad. CONEVAL hace notar que el
número de pobres a escala nacional, en el mismo lapso, fue de 536 mil, lo que
quiere decir que, en números redondos, Puebla aportó el 50% de todos los nuevos
pobres del país.
Ahora
bien, ¿cómo se explica esto? Una exposición detallada, obviamente, no cabría en
un trabajo como este ni, probablemente, resultara atractiva para el lector.
Daré, pues, mi opinión en términos generales pero no por ello arbitrarios u
opuestos al razonamiento económico moderno. Si partimos del hecho cierto de que
el PIB estatal creció en el lapso que
estudia el CONEVAL (es decir, creció la riqueza total producida por los
poblanos), entonces debió crecer correlativamente la recaudación de impuestos
(al salario y/o a las utilidades); si a ello sumamos los ingresos provenientes
de la federación, es claro que debió crecer apreciablemente el presupuesto del
gobierno estatal. Y si, a pesar de ello, la pobreza aumentó, no hay otra
explicación posible que la de que, tanto la distribución de la renta como la
sesgada aplicación del presupuesto estatal a favor de los privilegiados, se
acentuaron marcadamente en vez de hacerse más equitativas. No hay para donde
hacerse: si la riqueza social crece y la pobreza aumenta, entonces es que la
distribución empeoró. Lo que pierden los
pobres lo ganan los ricos, pues la riqueza ya producida no se evapora, pero sí
puede redistribuirse.
Y
en efecto, otras fuentes afirman que, siendo Puebla uno de los estados más
pobres del país, es de los que pagan salarios más altos a su burocracia,
incluido el gobernador. Además, que en lo que va del sexenio actual, se han
gastado 4 mil millones de pesos en
promoción de imagen, en festejos versallescos como el del 5 de mayo, en la
compra de dos helicópteros “de lujo” para el traslado del señor gobernador, en
atracciones de feria como la mega rueda de la fortuna (??) y un teleférico que
a la fecha ni se ve ni presta ningún servicio. A esto añado yo que la
estadística de Antorcha, que es puntual y rigurosa, prueba con números que los
medios poblanos son, con mucho, los que más y más rabiosamente atacan y
denigran a nuestro Movimiento, lo que significa, para quien no se haga el ingenuo
por conveniencia, que es en Puebla donde se gasta más dinero para comprar y
amordazar a la prensa, y ésta se halla, por tanto, más sometida a los intereses
y a las órdenes de quienes le pagan. Los gastos por este concepto no se conocen, pero por lo dicho, deben ser
enormes. En conclusión: según estas cifras y hechos, ¿se justifica o no la
existencia de Antorcha y sus cuarenta años de lucha contra la pobreza y por un
mejor reparto de la renta nacional? ¿Se justifica o no su demanda de que se
reoriente el gasto público para acortar el abismo entre pobres y ricos? ¿Se
justifica o no la próxima gran concentración del antorchismo poblano? Que cada
quien responda según su conciencia y
¡claro! según sus intereses.

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