José Miguel Cobián | 08
noviembre de 2013
Tribuna Libre.- Señor
Presidente, soy un humilde ciudadano de un pueblito del estado de Veracruz
denominado Córdoba. Me dirijo a usted
sumamente preocupado por la situación del país. A raíz de su llegada y la de su
gabinete, las cosas no han mejorado. Al
contrario, todo se percibe más complicado.
No
es sólo la cifra de muertes por el crimen organizado, las cuales ya se ocultan
de manera consuetudinaria en la prensa nacional. Tampoco es sólo el problema de
Michoacán, que tiene siete años, y no se vislumbra solución. Ni es el hecho de
que ni usted visite ese estado mexicano. Tampoco es el asunto del juego ese
llamado pacto por México, que si bien está funcionando para llevar a cabo las
reformas que usted y su equipo proponen, también está sirviendo como medio de
chantaje de las fuerzas políticas, como si al apoyarlo le hicieran un favor, en
lugar de considerar si apoyarlo es correcto o incorrecto en función del destino
de la Patria.
La
economía nacional va en picada, ya la cifra estimada de crecimiento anda en
menos del uno por ciento, y a pesar de ello, el manejo de las finanzas públicas
sigue siendo en función de las tripas y no del cerebro. Se castiga a los estados y municipios de
oposición, y a los que no lo son, pero no son bien vistos en los pinos o
enfrente de la alameda central. Eso ha provocado que el gasto público vaya en
picada, con enormes subejercicios, que frenan la economía y favorecen el desvío
de recursos públicos. Su gobierno no puede
darse el lujo de hacer lo mismo que el PRI criticaba del sexenio de Calderón.
La
sensación de que todo marcha peor, se refleja en las encuestas, que al
evaluarlo a estas alturas de su gobierno, lo tienen debajo de la evaluación
pública de Fox o de Calderón. Esa
sensación de que su gobierno negocía la ley es alarmante. De un gobernante se espera primero que nada
el cumplimiento estricto de la ley, y en el caso de su gobierno, se percibe un
manejo político de la aplicación de la ley, acorde a los criterios de quien
tenga que tomar tal o cual decisión. Y recuerde que la ley es el edificio sobre
el cual se cimenta la convivencia social, y si no hay ley, hay anarquía, y por
lo tanto se deslegitimiza cualquier acto de gobierno. No puede dejar de aplicar la ley ni con la
CNTE ni con nadie más.
Aumentar
los impuestos en momentos recesivos es un grave error y nos recuerda que fue
durante los gobiernos priístas que la nación sufrió las peores crisis
económicas. Hoy, una vez más se aplica
la frase de Bill Clinton en su debate con Bush ¨Es la economía estúpido¨. Una frase que en su gabinete económico no
parece permear. Le sugiero
respetuosamente que deje de pensar en función de agradecimientos por la campaña
o lealtades y comience a evaluar a su gabinete en función de su
eficiencia. Eso de que no salude al
secretario de gobernación manda un muy mal mensaje, y si pasa lo mismo con el
de educación, se multiplica el mal efecto del mensaje. Usted sabrá y quizá muchos mexicanos lo
entendemos, pero si nosotros y usted consideramos que no han hecho bien su
papel, entonces ya es momento de buscar mejores opciones. Le recuerdo que tiene en Manlio Fabio un
prospecto para secretario de gobierno, con pantalones y conocimiento suficiente
para aplicar la ley y aplacar el país.
La
desesperación de niños y jóvenes es cada día mayor. Hoy se escucha a niños de 16 años considerar
seriamente trabajar para el crimen organizado, y los jóvenes también piensan
igual, al no haber mejores oportunidades de trabajo para ellos. Y lo peor, es que la esperanza se perdió este
sexenio demasiado pronto. Ya no hay expectativas de que algo mejore. Incluso si
pasa su reforma energética, los mexicanos piensan que los beneficiados serán
unos cuantos como siempre, y que el país será saqueado una vez más. Pero no es sólo el pensarlo, o la desazón
pública, sino también que desde su gobierno no hay mensajes claros respecto a
combatir la corrupción y la impunidad.
Tal parece que una vez más, los que ganaron las elecciones, llegaron como
piratas al saqueo indiscriminado en lugar de a cumplir como mandatarios, es
decir, obedecer la voluntad del pueblo para gobernarlo.
La
confianza en las fuerzas de seguridad pública cada vez es menor. Cada vez hay
más mexicanos considerando armarse para protegerse ante la incapacidad del
gobierno para hacerlo. Y lo que es peor, muchos piensan armarse para protegerse
de los abusos de las propias fuerzas gubernamentales, convertidas en
funcionarios de seguridad y al mismo tiempo en criminales, o aliados de
criminales.
Educación,
economía, salud, trabajo, impuestos, seguridad, energía. La percepción es que
estamos mucho peor. Estamos atrasados
700 años en cuanto a aplicación de justicia. Tenemos órganos estatales
represores, más no proporcionan justicia a una sociedad ávida de ello.
A
ojos de muchos su gobierno se está desmoronando y todavía no llega al primer
año. Yo en lo personal no creo que se pueda ganar una presidencia siendo un
incompetente. Más bien creo que se han elegido las políticas inadecuadas. Y no
se ha querido tomar con mano dura la rienda del gobierno federal. En sus manos está corregir el rumbo y
comenzar a mejorar, o seguir el camino al precipicio al que nos lleva a todos.

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