José Miguel
Cobián | 17 julio de 2014
Tribuna Libre.- Al 90% de los mexicanos les
importa un comino lo que pase en la política. Las decisiones de la clase
dirigente, son eso, decisiones de clase, en las cuales nadie más puede
intervenir.
Aunque a todo México le afectan
las nuevas reglas fiscales, los ciudadanos sabemos que no podemos hacer nada,
salvo una callada y socarrona resistencia pasiva. Pagar la menor cantidad de
impuestos posible sin que nos agarre el fisco, y sin consecuencias. Comenzamos
a vislumbrar que la reforma fiscal, se ha convertido en una especie de sistema
en el cual los mexicanos vigilamos fiscalmente a los mexicanos, le hacemos todo
el trabajo al SAT, y a la Secretaría de Hacienda. Trabajo que implica muchos
millones de horas hombre que podían ser productivas y que hoy son (y en un
futuro serán) desperdiciadas para atender trámites burocráticos, que impliquen
que el SAT presuma de eficiente porque gasta muy poco en el control de los
contribuyentes mexicanos, gracias a que esos mismos contribuyentes gastan miles
de millones de pesos (en conjunto), para hacerle el trabajo al SAT.
Ahora las declaraciones implican
que se mande la balanza de comprobación mensualmente al SAT, con un sistema de
contabilidad diseñado para que ellos puedan controlar mejor a todos los
contribuyentes cautivos (a los no cautivos nadie los controla). Los ciudadanos tendrán que dedicar horas y
horas hombre, para informar a que proveedor le compraron gansitos, y en qué
presentación, porque ahora la ley del Impuesto Especial de Producción y
Servicios exige que señales cada uno de los productos que compraste, a cada
proveedor y a que tasa de IEPS aplicable. (Imagina un súper con mil o dos mil
productos afectos a este impuesto).
Hojas y hojas de declaraciones para que las súper computadoras del SAT
puedan controlar a los contribuyentes.
Perdón, cometí un error, no son
las súper computadoras del SAT, son de una empresa particular que se las renta
al SAT. Esas súper computadoras y esos súper programas de cómputo, le cuestan a
la nación una fortuna. Miles de millones de pesos. Pero eso no importa, porque
van a parar a las arcas de algunos influyentes.
Igual pasa con las facturas
electrónicas. Se crea un oligopolio. Unos cuantos mexicanos (alrededor de 85)
son los únicos que pueden vender facturas electrónicas a todo México. Unos cuantos pesos por factura, pero son
miles de millones de facturas las que se procesan anualmente. Miles de millones
de pesos a manos de unos cuantos, que seguramente van a apoyar con mucho dinero
la campaña política de Videgaray, y antes de eso, la compra de votos para que
el PRI gane las elecciones intermedias de diputados federales.
Ahora también hay un gran negocio
con las nóminas. Miles de millones de recibos de nóminas anualmente se harán mediante esos
mismos proveedores de facturas electrónicas. Y más y más dinero que se
distribuía entre muchos mexicanos, hoy queda únicamente en 85 grandes empresas,
en deterioro de la economía de papelerías e imprentas a lo largo y ancho del
país.
Poco a poco, volvemos a los
tiempos en que unos cuantos eran los propietarios de los medios de producción,
mientras la gran mayoría, muerta de hambre, lo único que podía vender era su
mano de obra.
La revolución mexicana está
muerta. Sus ideales muertos. Los
fundadores de los partidos políticos estarían muertos, pero de tristeza, si
vieran lo que hoy hacen sus correligionarios en el congreso, en los ejecutivos
federal, estatal y municipal, y en el poder judicial en todos sus niveles.
Criticamos a Gómez Morín, a Elías
Calles, y sin embargo, ellos tenían otro futuro en mente. Hoy nos acercamos
lenta, pero inexorablemente al abismo del total deterioro y caos social, por el
brutal uso del capitalismo sin límite, complementado con la sumisión y
complicidad de los gobiernos en turno.
Así, tenemos mexicanos pobres, contratados como policías o soldados,
protegiendo a los que nos explotan, y matando o controlando a mexicanos pobres.
Lo mismo lo vemos en la marina, en el ejército, e incluso en las milicias
formadas por los distintos grupos de narcotraficantes. Incluso el crimen organizado se cuida mucho
de no afectar a los grandes dueños y explotadores del país (seguramente por
temor a las represalias o por componendas oscuras), y en cambio, mexicanos
pobres, atacan, secuestran, roban, vejan, asesinan, etc., a mexicanos pobres.
En seguida escucho la voz de un
secuestrador, diciendo que a los pobres no los secuestra porque no tienen para
pagar. Pero se le olvida que aunque
obtenga un millón de pesos de rescate o cien mil, los obtiene de un pobre. Porque cualquiera es pobre comparado con las
grandes riquezas valuadas en miles de millones de dólares de los dueños de
México.
Ahora, las leyes de
telecomunicaciones que nos dijeron servirían para los mexicanos, nos dan atole
con el dedo con algunas ventajas, pero se percibe que fueron realizadas para
beneficiar a Televisa y TV Azteca. Sin
contar con la habilidad extraordinaria de Carlos Slim, a quien supuestamente
perjudicarían, quien antes de que estuvieran promulgadas, en una jugada
maestra, humilló a los diputados, senadores y poder ejecutivo, haciendo de una
derrota una gran victoria. Esto en el
ajedrez que juegan los potentados en nuestro país, del cual, los mexicanos sólo
somos espectadores (y eso a veces).
México cada día está peor. Sólo aguanta por la capacidad de sumisión del
pueblo. Vamos en dirección a una debacle
total, porque en la clase dirigente hay una voraz competencia por robar más y
más dinero, en lugar de buscar un espacio en la historia como patriotas y
verdaderos estadistas u hombres de negocios con sentido social. Y así, se roban una beca que es para un
estudiante jodido… Claro que cien mil o medio millón de becas de cien o
quinientos pesos ya representan algo.
Se roban los apoyos para el campo,
aunque los campesinos se mueran de hambre. Se roban hasta los pagos a
proveedores del sector público. Todo
centavo que cae en sus manos es susceptible de ser robado, y sólo no se roban,
aquello que es indispensable para el funcionamiento del estado. Eso es México y esos son nuestros
gobernantes.
Vale la pena aclarar que los
gobernantes no son marcianos, son mexicanos. Fruto de la cultura mexicana, esa
que pide ¨no me den, póngame dónde hay¨.
Porque, así es México.
