Aquiles Córdova Morán. | 10 febrero de 2015
Tribuna Libre.- Para el Movimiento Antorchista lo más
importante es la educación, la concientización de la gente, el que ésta
despierte, abra los ojos y se dé cuenta de que una vida mejor es posible, pero
que esa vida mejor no la va a poder alcanzar si no se organiza y lucha, que
nadie se la va a dar gratis. Y en esa tarea hemos dicho, sostenido y persistido,
en que mucho ayuda el trabajo cultural. Sin embargo, no somos los únicos que
hemos entendido lo que puede hacer la cultura con el hombre, no somos los
únicos que nos hemos dado cuenta de la tremenda capacidad transformadora de la
cultura, también las clases reaccionarias, las clases poderosas, se han dado
cuenta de eso, y están actuando en consecuencia; y, desgraciadamente, aquí,
como en todos los campos de la lucha, ellos nos llevan mucha ventaja, porque
tienen la radio, la televisión, las revistas, los periódicos; tienen a los
locutores, a las señoritas, algunas de las cuales les ayudan eficazmente aunque
sea encuerándose en la televisión, pero les ayudan, a llevar su “mensaje
cultural” al pueblo. ¿Y nosotros qué tenemos? Muy poco compañeros antorchistas.
También en este terreno Antorcha está
navegando a contracorriente y ¡qué corriente!: contra la televisión, la radio,
la prensa en general, la literatura, contra todo el ambiente del sistema. ¿Qué
es lo que nos alienta? Y ¿por qué, al final de cuentas, realizamos eventos como
éste, con mucho gusto, entusiasmo y seguridad de que vamos a ganar? Lo
que nos alienta, la ventaja única, pero poderosa, es que nosotros hablamos con
la verdad, el manejo que nosotros hacemos de la cultura no es para engañar al
pueblo, no es para manipularlo, para enajenarlo; no es para venderle droga,
tabaco, alcohol y sexo; no es para eso; nosotros hacemos de la cultura un
manejo verdaderamente educativo y formativo; nosotros estamos tratando de
explicarle a la gente que no todo lo que se viste de cultura, no todo lo que se
hace llamar cultura es verdadera cultura; que se cuide de eso, que muchas
aparentes manifestaciones culturales son verdadera podredumbre ideológica del
sistema, que se la quieren vender a la gente como cultura de buena ley.
Y el manejo vicioso, tendencioso, corruptor
de la cultura, no se da sólo a esos niveles obvios y evidentes; se da, incluso,
a niveles más refinados y, por lo tanto, más difíciles de descubrir y más
difíciles de denunciar: en la forma en que se estudia, explica y entiende, la
cultura en instituciones especializadas en materia de cultura; se da en el
manejo que se hace, en la explicación que se hace, de lo que es la literatura,
la cultura, la danza, la música. Se le va inculcando, dizque en forma de
ciencia, como una sarta de mentiras y de falsedades que esconden la verdadera
intención de esa cultura oficial, mentirosa y prostituida.
La cultura oficial, incluida la que se
imparte en las aulas, no tiene como propósito mejorar al hombre, despertar al
hombre, hacerlo que aspire a mejores niveles de vida, a mejores niveles
intelectuales y espirituales; no tiene ese propósito, sino el propósito de
hacerlo más sumiso, más receptivo y más servil a los intereses de los que
mandan en este país y en el mundo entero.
Esa cultura es manipuladora, es una cultura
que prostituye a la gente, es una cultura amaestradora, porque sirve para
amaestrar, sobre todo a los jóvenes, de modo que se conviertan en gente dócil,
sumisa, sin aspiraciones ante los poderosos del sistema. Así es que la lucha de
Antorcha en este terreno es sumamente dura, difícil, pero como decía yo al
principio, a nosotros nos queda claro que tiene una capacidad transformadora y
que sacarle provecho, o usarla como veneno, no depende de la cultura sino de
quien la maneje, de quien la interprete, de quien la enseñe; entonces, aunque
sea como un zancudo frente a un cañón, o un zancudo frente a una bomba atómica,
los antorchistas vamos dando a lo largo de nuestro peregrinar, que no sabemos
cuándo termine, nuestra propia visión de lo que debe ser la cultura de un
pueblo, de lo que debe ser un pueblo realmente culto, armado con las mejores
armas del espíritu para ser un pueblo libre y para ser un pueblo feliz.
Eso es lo que nosotros queremos. Nuestra
lucha es muy desigual, nuestro avance es pequeño, pero el que va con la
historia, el que camina con la historia, en el sentido de la historia y no a
contracorriente, el que respeta la historia y trata de materializarla en sus
hechos, ése, como dijo Lenin, “está condenado a la victoria”. Por eso nosotros
estamos condenados a ganar. Por eso nosotros, aunque ahora seamos como el
chillido de un zancudo ante el rugido de un cañón potentísimo, estamos
condenados a ganar, también en el terreno cultural, porque nosotros vamos con
la victoria y vamos con el pueblo. Y ya lo decía Confucio, y con esto termino:
ir con el pueblo es ir con la verdad; escuchar al pueblo es escuchar a la
historia y quien gobierna escuchando al pueblo tendrá un país próspero, en paz,
y tendrá una sociedad feliz. Nosotros, los antorchistas, vamos con el pueblo,
marchamos al eco de la voz y de la necesidad del pueblo, y, por eso, tarde o
temprano, vamos a ganar.
