* Le cancelan el evento a Javier Duarte * Lo
usaba para promoción personal * Un día para que se expresen en libertad y
un año para el asedio * Daniel Orozco, otro periodista amenazado y
perseguido * García Bringas, sin estructuras * Coacción a empleados
municipales * Los obligan a operar a favor de García Bringas.
Mussio Cárdenas Arellano | 11 febrero de 2015
Tribuna Libre.- Sadomasoquistas,
los defensores del Hay Festival Xalapa que auspiciara Javier Duarte filosofan
con sofismas y venden verdades sin tocar la verdad. Dicen que pierden los
xalapeños por el retiro del festival, los hoteleros, la cultura y que el
mandatario, cansado de que ahí mismo se le critique, está feliz. No es así. El
golpe fue político y le pegó al gobernador.
Su argumento es
pueril. También es insensato. Políticamente, la cancelación del evento provoca
un impacto demoledor en la figura central del poder, vapuleado Javier Duarte
por los once crímenes de periodistas en su sexenio, por las cuatro
desapariciones, por los exiliados y por su constante agresión a la libertad de
expresión.
Javier Duarte es
quien pierde, no los xalapeños. Se le va de las manos un foro donde la
intelectualidad se expresaba en temas diversos, el análisis del mundo en sus
sesiones, la disección de México y su potencial, la visión global para avanzar
y Veracruz en el centro del escenario. Un privilegio.
Hay Festival
Xalapa no falló. Hablaban los cultos. Difundían sus tesis, expresaban su
pensamiento, sacudían y provocaban el asombro.
Javier Duarte no
escapó a sus palabras, menos a sus críticas. Hablaron de los periodistas
muertos, del asombro que provoca que el ejercicio periodístico se desarrolle
entre trampas y asedio, como andar en la tierra, descalzo, y todo lleno de
abrojos.
Marcado por la
sangre de los periodistas asesinados, el gobernador de Veracruz tuvo que
encarar andanada tras andanada. No a cualquiera le llenan el récord con once
comunicadores ejecutados. Y casi a ningún político lo acusan de asediar a la
prensa, dictar la línea periodística desde su oficina de prensa, de someter a
los dueños y directores, de ordenar el despido de reporteros por informar la
verdad.
A Javier Duarte sí
se lo dijeron en el Hay Festival Xalapa y entre los expositores y
conferencistas que acudieron en alguna ocasión al evento.
Lo concebían como
un gobernante torpe, sátrapa, visceral, profundamente vengativo, abusivo del
poder pero que algo hacía por la cultura.
¿Y qué hacia
Javier Duarte ante la descalificación? Seguirse colgando del Hay Festival,
usarlo políticamente, desdeñar las críticas, no atenderlas para corregir, oír
pero no escuchar, aguantar para barnizar el desgobierno y matizar su desdén a
toda forma de expresión en libertad.
Ser el financiador
del Hay Festival le sirvió a Duarte para colgarse de él, construir la fantasía
de que en el Veracruz Próspero se respeta al que habla, al que disiente, al que
critica.
Nada más alejado
de la verdad. Perdió el Hay Festival cuando un grupo de intelectuales,
periodistas, escritores, artistas, más de 300 en un primer momento, otros más
en cartas complementarias, y 25 organizaciones independientes, suscribieron un
documento en el que instaban a los organizadores del evento a retirarlo de
Xalapa por el uso político que le da el gobernador.
La carta difundida
por la organización change.org fue precisa: no se está en
contra del Hay Festival pero sí contra la manipulación que hace Javier Duarte.
Bajo el título
“Repudiamos el uso político del Hay Festival Xalapa”, la carta advertía sobre
el manejo promocional por parte del gobernador de Veracruz.
“Estamos muy
preocupados por el doble mensaje que envía la edición mexicana del Hay Festival
y, por ello, nos permitimos solicitarles que cree las condiciones para no
servir como plataforma de promoción del gobernador o sea retirada la sede al
estado de Veracruz.
“Creemos, sin
embargo, que tan apasionante espíritu difícilmente se puede alcanzar en un
ambiente como el que se presenta en Veracruz, bajo el mandato del gobernador
Javier Duarte. Los objetivos del Hay Festival, lamentablemente, sólo han
servido a una campaña del gobierno estatal que aparenta la prevalencia de un
clima de libertad intelectual y crecimiento cultural. El gobierno de Duarte ha
demostrado ser —sin exageraciones— el peor enemigo de la libertad de expresión,
del derecho a la información y del pensamiento crítico en México”.
En una carta
adyacente, los impulsores de la iniciativa expresaron:
“Repetimos lo que
hemos dicho en este sano debate: No estamos contra el Hay Festival, estamos
contra su uso político en un estado donde el periodismo cuesta la vida. En el
camino, hemos escuchado las opiniones de editores, periodistas, escritores
solidarios con nuestra demanda, pero preocupados por el posible cierre de los pocos
espacios que podrían fomentar la cultura y el debate.
“Hemos escuchado
también a veracruzanos asqueados por la manera en que el gobierno se promueve a
través del festival, pero que tampoco quieren que el festival abandone Veracruz
y quedar cercados por la violencia y la impunidad. Y hemos escuchado a los
organizadores del Hay Festival Internacional y Latinoamérica que se acercaron a
nosotros y se ofrecieron a abrir un diálogo con periodistas, escritores y
editores para analizar la situación. “Lamentamos, finalmente, que colegas
veracruzanos críticos de la situación, tanto por miedo como por temor a
represalias, no hayan firmado la carta. Ellos serán quienes tengan la última
palabra en el diálogo al que fuimos invitados”.
Javier Duarte y
sus enanos, su prensa vendida, se mofaban de sus críticos. Difundían que Hay
Festival había sido confirmado en sus ediciones 2015 y 2016. Suponían mal.
Movían a los
hoteleros. Decían que cancelar el evento les provocaría pérdidas, que se les
iría la clientela. Y que por qué quitarle el Hay Festival a Veracruz si había
otros estados con mayor violencia. O sea, primero mis clientes y después sus
muertos.
Fatal para el
duartismo, el viernes 6 fue un viernes negro. Llegó la noticia. Hay Festival
canceló su evento físicamente en Xalapa. Se mantendrá la fecha, octubre, pero
será digital, al alcance de todos, desde cualquier parte.
Reaccionaron en
todas direcciones. Los sádicos, los que critican a Javier Duarte porque es el
peor gobernador que ha tenido Veracruz, asumieron condición masoquista: que no
se vaya el Hay Festival porque a quien menos daña es al gobernador. A ver.
Manipula el evento, lo usa para promocionarse, lo succiona hasta secarlo, pero
debe permanecer para no afectar a los xalapeños. ¿What?
¿Y acaso no pueden
los cultos de Xalapa, los hoteleros, los periodistas, organizarse para realizar
eventos de la talla de Hay Festival, sin la intervención del gobierno? Rémoras.
Su cancelación
física en Xalapa es la respuesta a un sector de la intelectualidad nacional y
extranjera; una premio Nobel, Jody Williams; una premio Cervantes, Elena
Poniatowska; periodistas, escritores, artistas y organizaciones, que advirtió
del clima de violencia contra el gremio reporteril y el agravio permanente a la
libertad de expresión.
Javier Duarte
actúa como los déspotas ilustrados. Es remedo de los gobernantes de otros
tiempos que a cambio de impulsar la cultura, el arte, las manifestaciones de
expresión humana, mantenían sojuzgados a los pueblos. Un día invitaban a la
gran comilona a sus vasallos y el resto del año los hacían objeto de
explotación. Por horas los agasajaban, por toda la vida les arrancaban sus
cosechas. También esos eran sadomasoquistas.
El déspota
ilustrado no quiere el bien de los demás. Usa la cultura para su promoción.
Compra lealtades, les concede espacios, prestigio, fortuna, les abre por un día
las puertas de la cultura, así los patee por el resto de su existencia.
Pero esta vez, a
Javier Duarte le bajaron el telón.
Archivo muerto
Daniel Orozco
Navarro recibió amenazas. Le llegaron mensajes a su teléfono celular. “Bájale
de huevos”, “Te tenemos ubicado”, “Te vamos a romper la madre”, “Por hocicón te
vamos a partir la madre”. Daniel Orozco trabaja para “La Red” y fue reportero
de Notisur. Cubrió el hallazgo de fosas clandestinas en Lomas de Barrillas, al
poniente de Coatzacoalcos, y fue testigo del momento en que varios cuerpos eran
subidos a los vehículos de la Fiscalía General de Veracruz. “El altercado fue
con elementos de la SSP que resguardaban a personal de la Fiscalía veracruzana
cuando trepaban unos cuerpos exhumados de varias fosas. Los policías estatales
no me dejaban tomar fotos, estaba yo solo y me jalonearon y empujaron para
impedirme mi labor”. Eso ocurrió el 4 de febrero. Después le llegaron los mensajes
intimidatorios. Cuatro días después, el domingo 8, al salir de la Cruz Roja, un
individuo lo ubicó. Comenzó a seguirlo. “Me salí por una ventana de la Cruz
Roja, y al otro lado ya estaba otro sujeto esperándome. Comenzó a seguirme y yo
corrí, y él salió corriendo atrás de mí, me siguió como cinco cuadras; me
escondí en un local en las calles Escutia y Constitución, me quedé escondido un
buen rato”. Acudió al Ministerio Público e interpuso su denuncia. Sospecha de
policías adscritos al Mando Único Policial. Otro grupo de reporteras que cubren
nota policíaca han recibido mensajes en sus celulares. En todos aparece un
ícono gestual: una carita triste. La procedencia es la misma: la policía. Así
fue enero, desde el levantón del periodista Moisés Sánchez Cerezo, su muerte
oficial, las protestas del gremio por falta de garantías, el clima de
hostigamiento generado desde el gobierno de Veracruz y la represión de los
cuerpos policíacos. Febrero sigue así, ahora agravado por las restricciones
para la prensa que cubre el hallazgo de fosas clandestinas, la localización de
seis cuerpos primero, los 18 cadáveres después, sin que la Fiscalía General o
la Subprocuraduría regional en el sur confirmen o desmientan la información que
procede del seno de esa institución. Daniel Orozco se suma a la lista de
periodistas amenazados. Primero fue la amenaza; después intentaron
levantarlo... Vacío, desfondado, Rafael García Bringas no tiene con qué
contender por la diputación por Coatzacoalcos. Su equipo son cuatro gatos que
apenas saben maullar. Carece de estructuras electorales, nadie para promover el
voto, ni un cristiano para cuidar las casillas el día de la votación. A marchas
forzadas le barnizan la imagen, contratan publicistas, billetean periodistas
balines, arman un tinglado, signo de un candidato que lo único que le asegura
al PRI es una sonora derrota, una humillación más. Instruyen los coordinadores
de corrientes priístas a las promotoras con una encomienda precisa: promover al
PRI, no al candidato. Así de bajos andan los bonos de Rafael García Bringas, ex
panista, verdugo del priísmo en la diputación federal de 2009, el que le dio la
puntilla a Iván Hillman Chapoy y lo envió a la congeladora, por supuesto, con
la ayuda del marcelismo que horas antes de los comicios operó el voto de
castigo. “Hay pájaros en el alambre”, decían a las promotoras y ellas entendían
el mensaje... Sigue la presión. Jefes de área, directores, secretarios, todos
con el mismo estribillo: o hacemos que el PRI gane la diputación federal o se
acaba el trabajo en el ayuntamiento de Coatzacoalcos. No es comentario; es
amenaza. ¿Lo sabrá el Instituto Nacional Electoral, su base en INE distrital?
Es delito electoral porque coacciona, porque induce el voto, porque torna la
competencia en desigual y atropella postulados de la democracia. La presión a
los empleados es delito electoral, y si viene de la autoridad, del alcalde, del
secretario, del director o del jefe de área, es peor. Hay casos y a ver cómo
los trata el INE. Pronto los tendrá ahí...
twitter:
@mussiocardenas
