* Las fosas de Lomas de Barrillas * La
subprocuradora provoca zafarrancho * Reportero de Olmeca TV
denuncia * Sólo le faltó decir “Te rompo tu puta madre” * Caballero
frente al marcelismo * Oficialmente, Moisés Sánchez está muerto *
Olavarrieta siembra terror * El notario ya tiene su denuncia.
Mussio Cárdenas Arellano | 07 febrero de 2015
Tribuna Libre.- Javier Duarte es
rejego y lo que le sigue. Suman 11 periodistas asesinados y cuatro
desaparecidos. Lo agobia la muerte de Moisés Sánchez Cerezo. Y en la víspera
del aniversario del levantón a Gregorio Jiménez de la Cruz, ultimado por
informar, su policía reprime a los periodistas de Coatzacoalcos.
Su hostilidad
hacia la prensa es proverbial, propia de su nula formación política, de su
improvisación en la esfera pública y de su incapacidad para ejercer el poder.
Y como el
gobernador de Veracruz es hostil a la prensa crítica, los súbditos de su corte
hostigan y reprimen, intimidan y agreden, atacan y embisten con la saña de
quienes habitan en el reino de la impunidad.
Sucedió el 4 de
febrero. Esa tarde, un grupo de periodistas se apersonaron en los terrenos
cercanos a la playa de Coatzacoalcos, en los alrededores de Lomas de Barrillas
y la colonia Veracruz. Cubrían el hallazgo de cuerpos en fosas clandestinas,
tres encontrados el día anterior.
Acordonada, la
zona advertía la presencia de elementos del Ministerio Público, Servicios
Periciales, Naval. Trascendía que el predio era un cementerio de bandas del
crimen organizado, atestado de víctimas, “más de cien”, según portales en
internet.
Dos días antes, el
lunes 2, la policía halló a dos personas, Julio César Morales Rodríguez y
Armando Moreno Campos, quienes cavaban su propia tumba obligados por un grupo
de delincuentes que los habían sustraído de un bar tras una discusión.
A punto de ser
arrojados en la fosa clandestina, una patrulla pasó por el lugar. Los
criminales huyeron. Morales Rodríguez y Moreno Campos pidieron ayuda, se
refugiaron entre los policías. Fueron llevados a la comandancia naval y ahí
revelaron algo más.
Refirieron que sus
captores les habían dicho que “harían compañía a otras víctimas”, enterradas recientemente.
Permanecieron en la comandancia hasta el día siguiente.
Por la tarde del
martes 3, con la información aportada por ambos sujetos, fueron hallados los
tres primeros cuerpos. Y con ello se generó una espiral informativa, el
escándalo mediático, Coatzacoalcos citado en prensa y redes sociales.
Al día siguiente,
el miércoles 4, se intensificó la búsqueda. Decenas de elementos ministeriales,
policía, los guaruras de la subprocuradora en la zona sur, Samyra del Carmen
Khouri Colorado, navales, todos peinaban la zona.
Fueron delimitados
los espacios. Se colocaron cintas amarillas, letreros de “precaución”,
advertencia para no invadir el área de la pesquisa.
Se observaba al
personal con guantes en las manos, portando bolsas azules y blancas,
diseminados en la zona en que se suponía había más cadáveres.
Ahí estuvo la
prensa local. Llegó la subprocuradora Khouri Colorado, custodiada hasta la
exageración por personal que portaba armas largas y gesto adusto, el trato
gélido, seco el hablar.
A duras penas podía
andar la mujer, socorrida por las manos zalameras de su personal que la tomaban
del brazo para evitar una estrepitosa caída, nada hábil para andar en el campo.
Quiso la prensa
captar sus palabras, tener una declaración de los hechos, un indicio del hallazgo
que diera la dimensión del hecho criminal. La buscó la prensa con el único afán
de informar.
Nada se pudo
hacer. Navales y guaruras —gorilas con guayabera, el rifle en las manos— dieron
un espectáculo de represión, intolerancia pura, prepotencia aberrante pues ante
sus modos salvajes, la violencia por delante, los periodistas sólo podían
esgrimir la razón de su oficio.
No lo dejaron
pasar. Los bloquearon, les impidieron llegar hasta la subprocuradora Khouri
Colorado, una vedet de la justicia, que para no informar se resguarda en las
maneras arbitrarias de sus esbirros.
Se refugió la
fiscal regional en su auto. ¿Qué pretendía ocultar la mujer si medio México
sabía ya que esa zona es cementerio clandestino y no son tres, ni seis, sino
quizá un centenar de cuerpos los que hay bajo tierra?
Arrancó su chofer.
Impunemente, embistió a los reporteros que se hallaban en el lugar. ¿Acaso
intento de homicidio, fiscal Khouri, o cómo lo tipificaría?
En tiempo real se
supo del caso. Vía una red de comunicación propia, periodistas de
Coatzacoalcos, Minatitlán, Acayucan, Las Choapas, Xalapa, Veracruz, Córdoba,
Poza Rica, Puebla, seguían el incidente. Requerían detalles. Pedían gráficas
del momento crucial, la evidencia del momento en que la prensa era reprimida,
hostigada, vulnerado el derecho a ejercer su oficio periodístico.
Invadió las redes
sociales. En Twitter se dio la primera alerta. El gobierno duartista reprimió a
la prensa de Coatzacoalcos. Circuló la fotografía del momento en que se impedía
violentamente su labor, el guarura estrella de la fiscal Khouri en primer plano,
los navales atrás, en medio los periodistas, zarandeados y contenidos cuando
buscaban información.
Facebook
dimensionó el atraco. Permeó el repudio al clima de hostilidad duartista a la
labor periodística, las críticas al gobernador Javier Duarte, a su gobierno que
acumula 11 comunicadores asesinados durante su gobierno, a la intolerancia que
atropella derechos constitucionales de libertad de expresión y de libertad de
prensa, la garantía de informar.
Uno de los
periodistas agredidos, Jorge Domínguez, de Olmeca TV, viajó a Xalapa, planteó
su caso en la Comisión para la Atención y Protección de los Periodistas y
acudió a la nueva Fiscalía Especializada en Delitos contra la Libertad de
Expresión y ahí denunció a la fiscal regional y a sus gorilas.
Mereció Javier
Duarte una crítica monumental, el caso de Lomas de Barrillas situado en
espacios noticiosos, justo en la víspera del primer aniversario del “levantón”,
tortura y asesinato del reportero Gregorio Jiménez de la Cruz, el 5 de febrero
de 2014.
Javier Duarte ha
sido así. Lo irrita la prensa crítica. Lo altera el periodismo de compromiso
social.
Su hostilidad es
consustancial a su desgobierno y a la vez es norma de acción para la corte
duartista. Si el gobernador de Veracruz es intolerante con la prensa, su
gabinete, los mandos medios, la burocracia de cualquier nivel, imita su repudio
enfermizo, psiquiátrico, a los periodistas críticos.
Su gobierno
reprime. Los guaruras de la subprocuradora, una ex secretaria de juzgado
federal, reprimen. El chofer de la fiscal regional embiste a la prensa, a
riesgo de una tragedia, esa sí con temeridad, premeditación, alevosía y
ventaja.
Javier Duarte
enfrenta un descrédito cíclico. Cada vez que secuestran a un periodista, el
escándalo lo alcanza. Cada vez que el periodista es hallado muerto, la condena
lo sepulta.
Ocurrió con Noel
López Olguín, Milo Vela, Misael López Solana, Yolanda Ordaz, Regina Martínez,
Gabriel Huge, Guillermo Luna Varela, Esteban Rodríguez, Víctor Manuel Báez,
Gregorio Jiménez de la Cruz y ahora Moisés Sánchez Cerezo.
Son cíclicos los
desencuentros con la prensa. Y variados.
Unos porque a los
periodistas críticos son asesinados. Otros porque su gobierno reprime a los
periodistas que sólo cumplen su misión de informar.
Eso le ocurre por
ser hostil y represor.
Archivo muerto
Sólo le faltó
decir “te rompo tu puta madre”. Se suponía que era una reunión de avenimiento,
de cercanía política, de fraternidad y afecto. De un lado, el alcalde Joaquín
caballero Rosiñol; a su lado, el líder del PRI, Luis Rafael Anaya Mortera.
Frente a ellos, el marcelismo en pleno. Abarrotaban el hotel Terranova, los
operadores, coordinadores y promotoras de Marcelo Montiel Montiel, el
vilipendiado delegado de la Sedesol federal en Veracruz, burlado en la recta
final, negada para su alfil, Víctor Rodríguez Gallegos, la candidatura a
diputado federal, según porque no tenía con qué ganar la elección. Habló Anaya.
Dijo que asumía el reto, promovía la unidad, sacrificaba sus dos meses en París
y el resto de Europa para sacar el proyecto de la diputación con Rafael García
Bringas, el candidato del gobernador Javier Duarte. Así de trivial. París puede
esperar. Y los marcelistas se miraban azorados, incrédulos, unos indignados,
otros divertidos: “Anaya que suspira por ir a París y nosotros que no podemos
ir ni a Catemaco”. Habló el alcalde Caballero, duartista y karimista, alejado
ya de su guía y mentor. Pidió la unidad, el trabajo político, la operación en
colonias, la búsqueda del voto casa por casa para el PRI. Y el marcelismo, que
lo veía, seguía cerrado. Es compromiso con el gobernador ganar Coatzacoalcos,
decía. Pero era compromiso suyo y del gordobés, no del marcelismo. Sin
respuesta, sin reacción, sin una señal, hablaba Caballero del beneficio de ser
gobierno, muchos de ellos en la nómina oficial. Fue variando el discurso. Por
ser marcelistas gozan de un empleo. Por ser de casa, tienen salario quincenal.
Y llegó la advertencia, transformada la expresión. Operan el voto para el ex
panista García Bringas o se acaba el empleo. Era Joaquín Caballero pero parecía
Marco César Theurel Cotero, desfasado, sin medir el impacto del agravio. Sólo
le faltó decir “te rompo tu puta madre”, al estilo del ex alcalde de
Coatzacoalcos. Dejaron el lugar, advertidos. Se fue la estructura de Marcelo
Montiel peor de cómo llegó. Convocados a la unidad, sintieron la amenaza en la
piel. Puede estar tranquilo Joaquín. El marcelismo ya sabe qué hacer... Día 35.
Oficialmente Moisés Sánchez Cerezo ha muerto. Da positivo el examen de ADN que
aplica la Procuraduría General de la República al cuerpo hallado en el
municipio de Manlio Fabio Altamirano, comparado con la muestra de un familiar.
Lo revela la PGR este jueves 5. Por la noche es entregado el cuerpo del
periodista, editor del semanario La Unión, de Medellín de Bravo. Este viernes
será inhumado en El Tejar, su tierra adoptiva. Omar Cruz Reyes, el alcalde de
Medellín, presunto autor intelectual del levantón y asesinato, permanece
oculto, sin asistir al palacio municipal. Lo insta el Congreso a cumplir sus
funciones, y si no, que el cabildo lo acredite y lo turne a la Legislatura. Lo
quieren visible, vulnerable, en espera de que sea desaforado. En espera,
también, que el fiscal Luis Ángel Bravo Contreras, halle a los otros sicarios,
pues con la confesión de Clemente Noé Rodríguez Martínez no basta, nunca
recibió la orden de plagiarlo directamente del alcalde, sino a través de un
cómplice que no aparece. O sea, acusación “de oídas”... Se apellida Olavarrieta
y es el personero del fiscal Luis Ángel Bravo Contreras. Recorre las agencias
del Ministerio Público en el sur, hurga en los expedientes, vigila al personal,
su sola presencia inquieta. Olavarrieta es un embajador plenipotenciario de
Fis-culín. Lo que observa va al escritorio del fiscal. De ahí viene el terror
laboral, el desempleo y hasta una que otra investigación con riesgo de
consignación... ¿Quién es ese notario al que ya le fue interpuesta una denuncia
por fraude procesal, por andar inventando hectáreas y más hectáreas en una
escritura pública, despojando a particulares, afectando hasta los terrenos en
que se encuentra el Palacio de Justicia Federal?...
twitter:
@mussiocardenas
