* Un grito desesperado * Comida de unidad sin
los Yunes rojos * Fracturas en el PRI * Los Cachondos de Luis
Velázquez * Mota y “Culín” en episodio sensual * Y ese es el que
apunta a ser gobernador * Amalia, repudiada * Las aguas negras del
penal * Julia Martínez y la falsa regularización.
Mussio Cárdenas Arellano | 18 noviembre de 2015
Tribuna Libre.- Medio cínico, medio agobiado, Javier Duarte convoca a la unidad de los
priístas y no priístas, que por no militar en su pandilla, ni ser sus secuaces,
pateó y denostó hasta la saciedad.
Lanza el grito en
la víspera de su Quinto Informe de Gobierno, como antes lo hiciera en sus
variadas crisis y en el caos de siempre, en la soledad que se allega el que
supone que detentar el poder es avasallar a quienes debe servir.
Llegó Javier
Duarte al Congreso y ahí, una vez entregado el texto del informe, pronunció el
llamado a la unidad.
“Vivimos una etapa
de pluralidad consolidada. En Veracruz, no hay cabida para la fragmentación
porque es justamente ahí donde se escapan y dispersan todas las oportunidades
de desarrollo.
“Hoy convocó a
todas las expresiones políticas a la unidad, a reconocer que en la pluralidad
convergen las mejores ideas y propuestas siempre en favor de nuestra gente. A
todas las fuerzas políticas les pido sumarse al trabajo diario que enaltece a
los veracruzanos, a seguir adelante a partir de las coincidencias y a no quedar
atrapados en las diferencias.
“Es tiempo de
entender que el bienestar es perdurable sólo en la medida en que exista la
cohesión social para aprovechar el talento y el esfuerzo de todos.
“Tenemos el
compromiso y la responsabilidad de dar forma a este Veracruz de resultados que
abre un rumbo cierto. Eso es lo que nos hace fuertes como estado. Eso es lo que
nos distingue. Hoy podemos afirmar que Veracruz ya cambió”.
Discurso plano,
hueco, el del gobernador de Veracruz, ya en el ocaso del poder, en la plenitud
del fracaso, ahogado en la sangre de las víctimas de la violencia, en el
repudio de quienes sufren el rezago social, en la ira de los acreedores a los
que llevó a la quiebra, en el desastre financiero, en la frialdad de quien
debiendo gobernar instauró un desgobierno déspota.
Es un llamado de
palabra, sin solvencia moral y sin fuerza política. Javier Duarte reclama de
los demás la unidad que no supo gestar en cinco años de gobierno, desdeñando a
los olvidados, criminalizando a las víctimas del delito, dejando que la
violencia de los cárteles devorara a Veracruz.
Llegó la mañana
del domingo 15 al Congreso y ahí pretendió ser el fiel de la balanza, el
patriarca de la clase política que con su voz de pito encanta al oído y que sin
argumento se gana la voluntad de sus adversarios.
Un día antes se
aventó otra igual. Convocó a los priistas. Los llevó al Museo Interactivo de
Xalapa y ahí disertó sobre la unidad. Qué contrasentido. Si algo ha tenido su
gobierno es división, desunión, fragmentación y encono. Llegaron muchos pero no
Pepe Yunes Zorrilla ni Héctor Yunes Landa, los senadores que puntean en la
carrera hacia la candidatura del PRI al minigobierno estatal.
No es nueva la
treta de la unidad. La usa Javier Duarte desde que arrancaba la pesadilla
sexenal, en los albores de su gobierno. Y así, en la tragedia del que pierde su
hogar por un fenómeno climatológico, o al ser sepultados en vida por un
deslave, o por un accidente carretero, siempre la unidad. Es una unidad en la
que nadie cree.
Convocaba a los
nuevos diputados federales, el 8 de junio pasado, a “actuar unidos de manera
coordinada sin distingos ideológicos, o de colores partidistas. Hagámoslo para
alcanzar objetivos comunes, unamos esfuerzo en favor del Veracruz que soñamos,
y el Veracruz que ya estamos haciendo posible”. ¿Estamos?
Daba la bienvenida
al debate de ideas, de propuestas y de acciones que contribuyan al
engrandecimiento del estado y bienestar de los veracruzanos.
En tiempos
electorales la unidad es tema de sus discursos. El 9 de noviembre, al arranque
formal del proceso electoral para renovar el Congreso de Veracruz y elegir al
minigobernador de dos años, Javier Duarte acudía al llamado a los priístas.
“Hoy inicia el
proceso electoral —señalaba—. Seremos muy respetuosos con lo que marca la ley
en esta materia. Si algo ha caracterizado históricamente al PRI, es la unidad.
La fortaleza del PRI reside en el talento de sus cuadros. Más allá de un
proyecto personal, la unidad; estoy seguro que esa unidad va a prevalecer a
pesar de las diferencias al interior; a mi partido mi voto y mi cuota; soy
respetuoso de la legalidad”.
Habla de la unidad
en exceso y la exalta pero no la observa. Si algo lo distingue es el encono y
el agravio, la imposición y el engaño. Y eso desune.
Perdió los cinco
distritos de mayor relevancia por imponer candidatos sin arrastre, sin fuerza,
repudiados por las bases priístas. Perdió Xalapa, Veracruz, Coatzacoalcos, Boca
del Río y Poza Rica.
Caprichoso, necio,
Javier Duarte no es símbolo de unidad en el PRI. Sus desplantes son de fábula,
celebrados por un priísmo que lo desdeña, que juega a perder, que intriga desde
las sombras, porque perdiendo el gobernador ganan los grupos priístas.
El 28 de
septiembre, el senador Héctor Yunes Landa lanzó la más contundente descripción
del desastre político encarnado en Javier Duarte. “Es un antivoto”, dijo.
Expresó el choleño
que le daba pena que el gobernador milite en el mismo partido, el PRI, y
sostuvo que no todos los priístas son como él. “Es el que menos lustre le da al
PRI”, agregó.
Duarte, señaló
Héctor Yunes, no es el PRI ni tiene derecho de veto, “no tiene calidad moral
para opinar sobre la candidatura. Él no es el PRI y tengo la confianza de que
mi partido seguirá actuando con la seriedad con que lo ha hecho en los últimos
años”.
Precisó:
“Se requiere vergüenza
para seguir sosteniéndose en un papel que se le consiguió, alguien le consiguió
ser gobernador de Veracruz, le consiguieron ser candidato. Es lo malo de hacer
las cosas rápidamente. Construir a un personaje en un sexenio no se vale. El
Estado requiere de experiencia, esa no se adquiere de un día para otro, esa
cuesta mucho trabajo adquirirla... Salió caro el mal gobierno, el experimento
que se hizo, además se veía venir”.
Yunes Landa puya.
Dice que nunca entendió la lógica de querer imponer a Javier Duarte como
candidato y después imponerlo como gobernador cuando había otras opciones como
Amadeo Flores o Ignacio Morales, personas maduras y serias.
Repite en público
lo que los priistas expresan en corto. Repudian su conducta, el desgobierno que
encabeza, los alardes de unidad cuando ha sido el verdugo del priismo. Y ahora
convoca a la unidad.
Imposible la tarea
del gobernador. Su PRI está dividido, fracturado, convertido en un enemigo
pequeño, vulnerable ante la inminente alianza PAN-PRD para contender por la
gubernatura de Veracruz.
Excluyente, Javier
Duarte gobernó para una pandilla, sus secuaces en el saqueo de Veracruz, a los
que les dio las llaves del reino, libres para llevarse lo que les cupiera en
las manos y en los bolsillos, impunidad para burlar la ley, obvia la
complicidad desde las instituciones.
Toda elección ha
sido saqueo. Si compra a la oposición, hay moche. Si compra al árbitro
electoral, hay moche. Si compra a la prensa, hay moche. Si se requieren 30
millones, que se lleven 50. Y si el rito del fraude se repite 10 o 20 veces
más, qué más da, es dinero del pueblo. Y el moche se lo llevan los Deantes, los
Erick, los Spinoso, la pandilla en el poder. Y ahora quiere unidad.
Al priismo en
pleno lo marginó de todo. Y cuando volteaba a verlo, sofocaba sus anhelos con
migajas y huesos secos. Obras, servicios, negocios, lo mejor quedaba en dos
facciones: la familia y los amigos. Al priismo le correspondían las sobras del
banquete. Y ahora implora unidad.
Gobierna a los
tumbos Javier Duarte, entre la ocurrencia y la mentira, agravando la violencia,
impotente ante las mafias de la droga, dando entrada a otras bandas, creando
otros santuarios del narco, propiciando mayores batallas y una guerra cruenta
por la plaza de Veracruz, su policía implicada en mil delitos, en el secuestro
y la tortura, la represión y la extorsión. Y en el llamado a la unidad quiere
que el priísmo convalide el estado criminal.
Llevó a Veracruz a
la quiebra financiera, a la parálisis, a un nivel brutal de endeudamiento,
contratando créditos y luego negando la realidad.
Descomunal, el
saqueo evidencia que el PRI es letal. Gobierna con antifaz, como el mapache que
se roba las elecciones y el rufián que se apodera del tesoro del pueblo,
solapado por el fiscal y por el aparato judicial.
Quiere Javier
Duarte la unidad de los priístas a los que no cesó de patear a lo largo de
cinco años, a los que marginó del poder, a los que usó y desechó. ¿Unidad para
qué? ¿Para acabar de hundir a Veracruz?
Archivo muerto
Así que Mota
apunta para gobernador. Y seguro “Culín” sería la primera dama de Veracruz.
Inmortalizados en el morbo político, Luis Velázquez Rivera los describe en una
expresión demoledora: Los Cachondos. Adolfo Mota Hernández, el diputado
federal, y ”Culín, alias Luis Ángel Bravo Contreras, el fiscal del duartismo,
protagonizan un episodio de cínica sensualidad, coquetería pura, a la vista de
todos, incluso del gobernador Javier Duarte. “Adolfo Motita camina hacia el
presídium y busca su nombre. Atrás, lo sigue el Fiscal, Luis Ángel Bravo
Contreras. Sonríe, cachondo. La imaginación, traviesa, urde. Entre uno y otro
hay una distancia mínima. Ni siquiera un esqueleto cabría entre ambos. Pian
pianito se siguen, como si fueran Pili y Mili. Luego, en la foto de Yerania
Rolón, quien registró la crónica gráfica, el diputado federal y el fiscal
aparecen sentados. Juntos. Mejor dicho, juntitos”, dice la crónica del
periodista. “Algo cachondo le dice el fiscal que Motita levita con los ojos
semicerrados, como si de pronto entrara al paraíso terrenal. Mejor dicho,
estuviera en el paraíso aquí, en la tierra, en el gozo absoluto, la paz del
espíritu, la paz del cuerpo, la paz de las neuronas, la paz del corazón. Todo
junto, vaya. De pronto, zas, el par levita. Los dos, como trepando al cielo
envueltos en una sábana blanca como Remedios la bella en la novela de Gabriel
García Márquez. Pero haciendo muecas. Las muecas de Motita, como, si por
ejemplo, digamos, estuviera en un trance libidinoso. Mejor dicho, erótico.
Mejor dicho, sensual”. Una más: “Motita, en el éxtasis. Entonces, la foto
registra un paso más camino a la sublimidad. El diputado federal y el fiscal,
en la plenitud de la cachondez. La frente del fiscal casi casi rozando la
frente del diputado federal en lo que, digamos, Carlos Pellicer, el poeta
amante de los colores y el sol y los árboles, denominara “el amor que no se
atreve a pronunciar su nombre” y que antes, en el otro extremo del mundo, dijo
Andrés Gide. El fiscal susurra, musita, a Motita, con su mano izquierda en el
antebrazo derecho de Motita. Motita, los dedos entrecruzados, sonriendo, entre
el infierno y el paraíso, digamos, en el limbo, allí donde se está de paso, en
transición, de lo que Irving Wallace llamó “Los siete minutos” cumbres y
estelares de la vida más intensa, oh mi pequeño Oscar Wilde, mejor dicho, mi
Gatsby, de William Faulkner, es decir, mi metrosexual, mi ken”. Los Cachondos,
crónica de Luis Velázquez, fue publicada el 8 de octubre enblogexpediente.mx,
su portal. Y tiene, además, dos denuncias penales por malversar recursos
federales y por el caso de los “aviadores” en la Secretaría de Educación de
Veracruz, que en cinco años no detectó, ni sancionó. Ese Mota es el que apunta
a ser gobernador, último clavo ardiente de Javier Duarte para descarrilar a los
Yunes rojos. Y en la orilla azul, Miguel Ángel Yunes Linares ideando en cuantos
minutos del primer round lo va a destrozar… Será alianza total de la oposición
en Veracruz. Una vez que la aprueben las dirigencias nacionales, PAN y PRD
darán cauce legal al Frente Amplio Opositor, sumando a otras fuerzas,
asociaciones, corrientes políticas y estructuras. Irán con candidatos únicos en
los 30 distritos de Veracruz, sin riego de que se dividan sus votos y sin que
se diluya su fuerza electoral. Megabronca, pues, para Javier Duarte, empecinado
el terco en que él, con sus secuaces, pueden ganar —robarse— la elección de
2016. Ajá… Marcelista, ventajosa, Amalia Rodríguez no niega la cruz de su parroquia
y por Víctor Rodríguez Gallegos da la vida. De ahí los reclamos a la veterana
promotora del PRI, la dama del acarreo, de la compra del voto, del fraude
electoral, cuando se le vio en reunión convocada por la ex primera dama de
Coatzacoalcos, Guadalupe Félix de Theurel. Si alguien lucró en el ayuntamiento
al amparo del hoy líder estatal del Movimiento Territorial, entonces secretario
de Gobierno, alfil de Marcelo Montiel para contender por la diputación local,
fue Amalia Rodríguez, que se llevó los apoyos y, por supuesto, no los
compartió. Obvio que en cuanto la tuvieron a tiro las promotoras theurelistas,
se le fueron a la yugular. No la quieren ahí ni al frente del mentado
“sindicato de promotoras”, algo así como el cártel de las operadoras del fraude
priísta… Toda una engañadora, Julia Martínez Quino hace creer que la colonia
Guadalupana está a sus pies. Se acerca al alcalde Joaquín Caballero Rosiñol, le
tira el rollo y dice que ahí, todos, absolutamente todos, demandan servicios y
la regularización de la colonia. Lo de los servicios es real, pero la gestión
para que el penal Duport Ostión deje de verter sus aguas negras hacia el sector
habitado, no es suya sino de otros colonos, que son mayoría, a quienes Julia
Martínez no controla. Y a los colonos que le creen les dice que ya pronto habrá
regularización y que por lo pronto hay que comenzar a cooperar. Es la clásica
treta del vendelotes que se lleva al alcalde en el tropel…
