José Miguel Cobián | 16 diciembre de 2015
Tribuna Libre.- ¿Qué implica afirmar que México es un país dónde no reina la justicia?
Eso, que por definición algo que no es justo, es por lo tanto injusto. Y en nuestro país la cadena de
prevención-investigación-procuración de justicia-impartición de justicia está
rota.
Por desgracia en nuestro país, no hay interés de los gobiernos en
elevar la calidad de los servicios que proporcionan a los ciudadanos, en
particular ese punto principal en nuestro contrato social, en el cual se obliga
a los gobiernos a proporcionar seguridad y justicia pronta y expedita a los
gobernados.
He escuchado quejas de miembros de la Fiscalía por las modificaciones
y creación del nuevo código penal acusatorio, pues los ministerios públicos
consideran que les quitaron las pocas atribuciones que les permitían realizar
su trabajo. La institucionalización de los derechos humanos y la exigencia de
la prueba plena ante la presunción de inocencia, obligan a un cambio radical en
la forma como en nuestro país se investigan los delitos y se presenten las
pruebas acusatorias.
Hasta la fecha, de todos es sabido que se denuncia un mínimo de
delitos, y a pesar de ello, los ministerios públicos tienen una tasa de
investigación menor al cinco por ciento de los delitos denunciados y de éstos,
se llega a una sentencia condenatoria a menos del 5%. Es decir, multipliquemos
el .05 por el .05 y nos dará la tasa de efectividad real. 0.0025 delitos de cada cien sufren el
castigo correspondiente. 2.5 delitos de
cada mil son castigados, lo cual habla de la enorme impunidad que reina en
nuestro país, y que por su pequeñez estimula la carrera criminal de quienes han
optado por ese medio de subsistencia.
Indignado ante lo que escucho me dirijo a un experto en la reforma
penal, quien claramente me dice: ¨Mira José Miguel, todos sabemos que las
cárceles están llenas de inocentes, y las calles llenas de culpables. Los
ministerios públicos de todos los estados y de la federación no han tenido la
obligación de ser eficientes, ni de contar con personal capacitado. Si bien el
agente está obligado a ser licenciado en derecho, sus ayudantes, secretarios y
demás personal pueden tener tan sólo la preparatoria terminada. Así, sabemos
que antes de la reforma no se investigaban los delitos, ni se detenía a los
culpables. No entiendo de que se quejan, si no podíamos estar peor. Ahora con la presunción de inocencia, y la
imposibilidad de fincar cárcel preventiva nos vamos a ahorrar el que cientos de
miles de inocentes estén a la espera de su proceso judicial en la cárcel. ¡Hasta ocho meses pasaban antes de ser
sentenciados o liberados!
La filosofía actual es que las agencias del ministerio público tendrán
que modernizarse. Sus investigadores (los ministeriales), tendrán que
capacitarse y tendrán que probar, es decir, demostrar científicamente la
realización del ilícito. Y se busca que
sólo los culpables lleguen a pisar la cárcel.
Si eso implica que muchos culpables estén sueltos, no hay cambio alguno
con lo actual, pero si eso implica que ningún inocente pise la cárcel, entonces
si hay un gran beneficio para la sociedad.
Los gobernadores tendrán que entender que habrá que asignar un
presupuesto suficiente a las procuradurías y fiscalías, si es que quieren
proporcionar ese servicio a sus ciudadanos. Y si no lo hacen, entonces la
ciudadanía tendrá que reaccionar y exigir una procuración de justicia acorde al
siglo XXI. Mientras tanto, tendremos un
período de transición largo y doloroso, pero inevitable. Tenía que venir esta reforma tarde o
temprano, pues no es posible que las investigaciones terminen siempre con un
torturado confesando el delito que al funcionario le convenga. Ya basta de
fabricar culpables, ahora habrá que probarlo.
Claro que es un reto para los ministerios públicos y para los
gobiernos estatales. Tendrán que asignar
más presupuesto, más recursos humanos y sobre todo, mejor capacitados. Se busca
en un país de bárbaros e incivilizado como México lograr un avance, de la edad
media a la edad moderna, y eso jamás será fácil. Pero es urgente y necesario¨.
Agradecí su punto de vista, y me quedé pensando en que por un buen
tiempo seguiremos aplicando la justicia por nuestra propia mano. Como se ha venido haciendo a lo largo del
tiempo en nuestro país. Cuando alguien
sufría un ilícito, y se conocía al culpable siempre había dos opciones: Hacerse
tonto y aguantar la indignación y frustración, o hacerse justicia por la propia
mano. Por eso en la zona centro del
estado de Veracruz no pasaban más de tres días en los cuales una persona era
asesinada por otra, desde hace cincuenta años. Hoy se acusa de todos los asesinatos al
crimen organizado, pero muchos sospechamos que entre esos ¨muertitos¨ también
hay muchos ajustes de cuentas de otro tipo, que se le achacan a la guerra por
el territorio. Esos son casos extremos,
pero la percepción de que la única justicia es la que tú te puedes procurar,
está muy arraigada en nuestra sociedad, lo cual implica todo tipo de actos de
venganza o de justicia, según se vea.
Al final me quedé con el inicio de aquél memorable discurso de Luis
Donaldo: ¨yo veo un México con hambre y sed de justicia¨. ¿Cuántos años han pasado y todo sigue
igual? El hambre y sed de justicia
siguen insatisfechos en nuestro país.
