* Otra vez la tortura, el crimen, los
calcinados * Ayotzinapa y Veracruz * Asesinato sin móvil *
Los jóvenes de Playa Vicente y la versión in-creíble * Don Beltrone ya
evade el tema Duarte * Ponciano vuelve a tomar Sefiplan * Marcelo a
la pepena de votos * Todo sea por Víctor Rodríguez
Mussio Cárdena Arellano | 05
marzo de 2016
Tribuna Libre.- Ser “sospechoso”
en Veracruz, cuesta la vida. Los levantan, y los interrogan, y los torturan, y
les arrancan el alma. Sólo por “sospechosos”, dice la historia oficial, se
muere, resumiendo la tragedia de cinco jóvenes en Tierra Blanca, tierra de
muerte, en el violento Veracruz.
Inverosímil la
coartada, intenta explicar qué ocurrió a los cinco jóvenes de Playa Vicente,
levantados en Tierra Blanca el 11 de enero, víctimas de criminales con uniforme
policíaco, matones de Seguridad Pública, que los tomaron para luego entregarlos
a otros criminales no menos peores, ni menos perversos.
Dice la verdad
histórica que aquel día se consumó una venganza, sin explicar la autoridad, el
gobierno federal y la Fiscalía General de Veracruz, el aparato de poder, de qué
se vengaron los matarifes, de quién y por qué.
Así teje el
gobierno la mentira histórica, retomando una declaración insólita, la del
octavo policía detenido por el levantón, desaparición y presunto crimen, Rubén
Pérez Andrade, y la vuelve verdad irrefutable, así se perciba la incongruencia,
inconexa la razón, el guión peliculesco, la falta de veracidad.
Dice el policía
converso al bien, arrepentido y abatido porque el cargo de conciencia es
demoledor, según se le esté dispuesto a creer, o así sea el nivel de ingenuidad
que agobia a muchos, que los cinco jóvenes fueron entregados a una célula del
crimen organizado y ésta les dio muerte.
Viajaban los
jóvenes de Veracruz a Playa Vicente, su lugar de origen. Habían disfrutado una
semana de vacaciones. Llegaron a Tierra Blanca y ahí comieron. Cargaron
combustible y habrían de continuar su marcha. Eso creían pero no.
Ahí los cazó la
policía. Una patrulla los siguió, los interceptó, los interrogó. Bajaron del
vehículo a sus ocupantes, los subieron a la unidad policíaca y los llevaron a
su destino fatal, en el rancho El Limón, en Tlalixcoyan.
Ahí fueron
interrogados y torturados. Ya sin vida, los quemaron. Si algo quedó,
presuntamente fue molido en un molino de caña y los restos arrojados a un río
aledaño al rancho.
¿Alguien lo cree?
Quizá Javier Duarte, el gobernador; quizá “Culín”, alias el fiscal Luis Ángel
Bravo Contreras; quizá Arturo Bermúdez, el secretario de Seguridad Pública que
provee de policías corruptos a Veracruz.
Interrogados,
asesinados, quemados y sus restos diluidos en las aguas de un río, como si
Tierra Blanca fuera Ayotzinapa, como si Veracruz fuera la reedición del caso de
los 43 normalistas, levantados por la policía, entregados al crimen organizado,
sus cuerpos calcinados y lanzados al río.
Dice Proceso en su
portal de internet:
“Así lo confirmó
el subsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación (Segob),
Roberto Campa Cifrián, en entrevista con Primero Noticias de Televisa con base
en las declaraciones de Pérez Andrade, elemento de la Policía de Veracruz
detenido el lunes pasado.
“‘Los restos,
conforme a la información con que se cuenta, fueron quemados, posteriormente
fueron molidos, seguramente en un molino de caña y luego fueron tirados a un
pequeño río que pasaba por ahí (…) Estos restos se recogieron y se
identificaron lo que corresponde a dos personas’, detalló Campa.
“Los restos óseos,
agregó, tenían tejido y por ello se pudo hacer la vinculación genética con las
huellas de sangre halladas en una camiseta y otra hallada en un árbol.
Pérez Andrade,
según la versión del subsecretario Campa, estuvo presente en “todos los
momentos clave”, desde la desaparición hasta el trágico final de los jóvenes
José Benítez de la O, Mario Arturo Orozco, Alfredo González Díaz, Bernardo
Benítez Arróniz y Susana Tapia Garibo.
“Estuvo presente,
dijo Campa, en el momento en que informan a su jefe de la detención de los
jóvenes, durante el traslado de la gasolinera donde fueron detenidos a un
segundo punto y estuvo también en el traslado a un tercer punto donde les hacen
a los jóvenes un interrogatorio”.
Luego apunta
Proceso:
“ ‘Finalmente está
presente (Pérez Andrade) en el Rancho ‘El Limón’ donde los vuelven a interrogar
y donde los privan de la vida y está presente en inicio del proceso de
desaparición de los cuerpos’, afirmó el funcionario”.
Múltiple tragedia
es que que viven sus padres y hermanos. Acusa la “mentira histórica” que a los
cinco jóvenes de Playa Vicente los levantaron y asesinaron por venganza. Pero
no les acreditan por qué.
“Por separado
—agrega Proceso—, en entrevista con Radio Fórmula, José Benitez, padre de uno
de los jóvenes desaparecidos y quien tuvo acceso a las declaraciones de Rubén
Pérez Andrade, afirmó que a los muchachos los mataron por una venganza.
“ ‘Nos leyeron la
declaración de este señor policía donde narra todos los hechos. Él vive todo,
nombra a todas las personas que están detenidas, en qué participaron ellas, a
dónde los entregan y pasa lo que no queríamos que pasara, nos los matan’.
“ ‘El hombre así
lo narra. Nosotros la esperanza no la vamos a perder nunca. Rubén Pérez Andrade
narra todos los hechos tal y como fueron, y narra cómo participan ellos en ese
evento. Es testigo de que nos matan a los muchachos’, relató el padre de
familia.
“Los padres de los
jóvenes tuvieron acceso a las declaraciones del policía durante una reunión con
el subsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación (Segob),
Roberto Campa Cifrián; el comisionado federal de la Policía Federal (PF),
Enrique Francisco Galindo Ceballos, y la fiscal de Investigaciones
Ministeriales, Rosario Zamora González.
“Según esa
declaración, dijo Benítez, los jóvenes fueron asesinados por una venganza y
advirtió que no se retirarán del plantón hasta que sean detenidos todos los
involucrados.
“Nosotros nos
quitaremos el día que agarren a todos los responsables. Ahorita está una parte
nada más; queremos la otra, la queremos completa”, advirtió.
No bastan los ocho
policías detenidos, incluido el delegado de SSP, Marcos Conde Hernández,
fanático de la desaparición personas, sostenido ahí por el “general” Arturo
Bermúdez pese a reprobar, él y varios de los elementos, el examen de control de
confianza, no aptos pues para estar en la corporación, proclives a la
corrupción, a transgredir la ley.
No bastan los dos
delincuentes que habrían participado en el levantón, tortura y asesinato, ni
los otros sicarios y narcos que los habrían ultimado, si es que la mentira
histórica se logra sostener.
No bastan los ejecutores
materiales, incluso los intelectuales, si no se procede contra los gestores del
clima de impunidad, Javier Duarte, Bermúdez, “Culín” Bravo, los jueces que
liberan culpables, los agentes del ex MP que integran deliberadamente mal los
expedientes generando las condiciones para la exoneración del delincuente,
agravando el caos de seguridad.
Hay un crimen sin
móvil y una venganza sin razón. Y hay cinco jóvenes desaparecidos,
presuntamente muertos. Brutal es la realidad del Veracruz duartista.
Da el subsecretario
Campa validez a la versión del policía Rubén Pérez Andrade, a sus dichos sobre
el crimen y la incineración, que hacen recordar que Ayotzinapa ya es un ritual,
que se dispone la vida de jóvenes, que los deshacen entre el fuego o el ácido y
dispersan sus restos en las aguas de un río.
Nada sostiene la
hipótesis de la venganza. Nadie acechaba a los jóvenes en su trayecto de
Veracruz a Playa Vicente. Fueron interceptados en Tierra Blanca por la policía
de Marcos Conde Hernández, el delegado de Seguridad Pública con fama de
desaparecer personas y entregarlos al crimen organizado.
No hay rasgos de
venganza pues los cinco jóvenes no tenían conexión con la delincuencia, a no
ser porque uno de ellos trabajó en un rancho del alcalde de Playa Vicente, Abdón
Márquez, quien no dudó en acusar al jefe policíaco de levantar inocentes,
torturarlos y desaparecerlos.
No se sabe de qué
eran “sospechosos” los cinco jóvenes de Playa Vicente.
Pero en Veracruz,
ser “sospechoso” cuesta la vida.
Archivo muerto
A todos vuelve
loco Javier Duarte. Llega Don Beltrone a Veracruz, se echa un lechero en La
Parroquia, habla de Héctor Yunes, le da calor pues anda más frío que un oso
polar y evade, hasta donde puede, el tema Javier Duarte. Sufre amnesia parcial
el líder nacional del PRI, sometido a las maromas del gobernador, a sus
revelaciones estridentes, al amago de abrir la boca y lanzar el vómito de la
verdad, ventear cuántos millones fueron desviados a la campaña de Peña Nieto,
la explicable complicidad del presidente que se viene traduciendo en insultante
impunidad para el gober de Veracruz. Soslaya Manlio Fabio Beltrones los alardes
de Javier Duarte, sus ínfulas de honestidad, la aseveración de que ya venció a
la Auditoría Superior de la Federación, fallidas las denuncias penales ante la
PGR, solventado todo lo que observó el auditor Juan Manuel Portal. Dice Don
Beltrone que será la historia la que juzgará a cada quien, inapelable su
sentencia. “Hay que corregir todo aquello que se hizo mal”, refiere Manlio como
temiendo no inquietar al gordobés. O sea, aquello de que Javier Duarte debe
explicar el uso de los recursos federales —más o menos unos 35 mil millones de
pesos ya remitidos al departamento de los desaparecidos— sirvió sólo para
presionar al gobernador, forzarlo a entregar el dinero para la campaña de
Héctor Yunes y a fin de cuentas Javier Duarte ni se inmutó. Así ya ni ganas le
quedaron de hablar. Pobre Manlio. Los desfiguros que vino a hacer… Ponciano
Vázquez ya halló el camino: toma carreteras, ahorca el sur, mueve a su gente y
se apodera de la Secretaría de Finanzas y Planeación, en Xalapa. Y hace bien.
Así ha logrado el alcalde de Cosoleacaque abrir las arcas del gobierno de
Veracruz, con audacia, corriendo el riesgo de ser aplastado. Hace meses le
funcionó y destrabó recursos. Este miércoles 2 no. Apoderado de la Sefiplan,
fue desalojado con el ardid de un falso conato de incendio… Diezmado en lo
físico, su salud a la baja, Marcelo Montiel Montiel quiere dejar la vida en la
campaña del PRI. Carga una decena de enfermedades, un susto que casi lo envía
al panteón, y aún así presume que será el adalid de Héctor Yunes en el sur, el
pepenador de votos para el PRI, el orquestador del robo electoral, en lo que es
un as, si es que la vida se lo permite. Un día bien, dos mal, el ex alcalde de
Coatzacoalcos vive la obsesión de convertir a su hombre de confianza, Víctor
Rodríguez Gallegos, en diputado local, suplicando el voto, la voluntad de los
electores, una limosna cívica para el más impopular de los alfiles del marcelismo,
célebre su trabajo sucio, el golpeador, el organizador de violentos, el rey del
fango, que sueña con usar al Congreso de Veracruz como plataforma para ser
alcalde de Coatzacoalcos después. Titánica empresa la de Marcelo Montiel, que
así, diezmado, tendrá que hacerle la campaña al más influyente de sus
operadores, influyente ante MMM pero no hay quien le obsequie un elogio en la
ciudad. Sabrá cómo le hará para vencer las inercias del voto de castigo, el
repudio a Víctor Rodríguez, los reclamos de muchos que lo conocen a fondo, la
repulsa de aquella dama a la que debía arreglar el problema del taxi y luego la
dejó sin concesión. Y Marcelo Montiel, un día bien y dos mal, enfermo y
demacrado, envejecido y disminuido, irá colonia por colonia, casa por casa, a limosnear
el voto para Víctor Rodríguez, el operador en el que el microcacique se
complace…
