Aquiles Córdova Morán | 03 junio
de 2016
Tribuna Libre.- El lunes 30 de
mayo, en un conocido noticiario nocturno de la televisión, vi y escuché al
joven presidente del Partido Acción Nacional, Ricardo Anaya, lanzarse a la
yugular del PRI y de MORENA con la
vehemencia de un Savonarola. La intención mía al escribir este artículo
no es, por supuesto, salir en defensa de uno o de ambos partidos zarandeados
por Anaya, primero, porque nadie me ha conferido esa misión, segundo, porque de
seguro cuentan con gente más capacitada que yo para hacerlo. Lo que me mueve a
ocuparme del tema es la certeza de que la difusión de afirmaciones formalmente
sustentadas en principios científicos y en mediciones numéricas aparentemente
irrebatibles, son una manipulación más sofisticada (y más difícil de descubrir,
por tanto) de la opinión pública, que la guerra sucia que se ha puesto de moda
en los últimos tiempos; una forma más peligrosa y dañina de condicionar a la
gente en la toma de decisiones importantes, de carácter electoral en este
caso.
Del discurso del
Lic. Ricardo Anaya tres señalamientos llamaron mi atención: a) que en los
primeros tres años del actual sexenio, el crecimiento de la economía cayó en
picada, a diferencia de lo ocurrido en los tres últimos años del gobierno del
presidente Felipe Calderón; b) que la devaluación del peso frente al dólar, que
tanto daña a la economía de los más débiles, también es responsabilidad de la
actual administración; c) que de la misma manera debe explicarse el aumento de la
inseguridad, como lo prueba el incremento de delitos como el secuestro, los
asesinatos y los robos a casas habitación, entre otros. De todo ello, el Lic.
Anaya saca dos conclusiones: primera, que el PRI y los gobernantes emanados de
sus filas “le han fallado a México” escandalosa y ostensiblemente, razón por la
cual es una necesidad “sacar al PRI de Los Pinos” (¿dónde hemos oído antes esta
consigna? ¿No es acaso la misma que disparó a Vicente Fox a la silla
presidencial? Por lo visto, el PAN sabe que esto “pegó” mucho entre la gente y
hoy quiere repetir la hazaña recurriendo a los mismos trucos publicitarios, a
lo cual, por supuesto, tiene pleno derecho, siempre que no recurra a argucias
censurables); segunda, se impone el “voto útil”. No votemos, dijo, por
cualquiera que nos pida nuestro sufragio, no desperdiciemos nuestro voto;
votemos todos por el candidato que tenga reales posibilidades de derrotar al
PRI en cada estado donde habrá elecciones de gobernador; votemos todos por los
candidatos del PAN, que son los únicos que cubren este requisito esencial, y
preparemos de ese modo el retorno triunfal de un panista a la silla
presidencial en 2018, elección “que ya está a la vuelta de la esquina”.
¿Son ciertas las
imputaciones del Lic. Anaya? Vayamos por partes. Veamos primero el crecimiento
de la economía. En efecto, de acuerdo con cifras del Banco Mundial, en los tres
años últimos del gobierno calderonista la economía creció del siguiente modo:
en 2010 un 5.2%, en 2011 un 3.9% y en
2012 un 4%, porcentajes que se comparan muy ventajosamente con los
correspondientes a los tres primeros años del gobierno de Enrique Peña Nieto
que fueron, según la misma fuente, 1.4% para 2013, 2.2% para 2014 y una tasa
similar para 2015. Sin embargo, don Ricardo Anaya se guarda que con Felipe Calderón la economía pasó de un 4% en 2006 a un 3.2% en 2007, a un
1.4% en 2008, y que para 2009 sufrió una caída espectacular de -4.7%, la caída
más espectacular de toda América Latina. Ahora bien, la causa de esta caída,
como sabe todo el mundo, fue la devastadora crisis mundial desencadenada en
2008 por los grandes bancos norteamericanos, y el repunte de 2010 se debió a la
recuperación (momentánea) de la propia economía norteamericana, que es, y ha
sido siempre, el motor que arrastra o frena a nuestra economía nacional. Las
bajas tasas de crecimiento del actual sexenio tienen exactamente el mismo
origen, esto es, el mal desempeño de la economía norteamericana y, por lo
tanto, las cifras no demuestran la sabiduría económica de los gobiernos
panistas ni la ineptitud de los priistas, como quiere Ricardo Anaya, sino lo
dañino y anacrónico del modelo económico en que vivimos y lo absurdo de nuestra
dependencia respecto a los Estados Unidos. Por tanto, yo pregunto con todo
respeto al presidente del PAN: ¿está su partido dispuesto a romper la cadena
que nos ata a los intereses imperialistas extranjeros? Si es así, ¿por qué no
lo dice claramente? Y si no es así, ¿no es demagogia y manipulación puras
ofrecer crecimiento económico como por arte de magia, con el solo cambio del
PRI por el PAN en el poder?
Sobre la
depreciación del peso de que se acusa a la actual conducción económica del
país, hay que recordar que la moneda, en cualquier país del mundo donde rija la
economía de mercado, es una mercancía que, igual que cualquier otra, está
sujeta a la ley de la oferta y la demanda: si hay poca demanda de dólares en
los mercados financieros, el valor del dólar medido en pesos mexicanos
permanece estable, e incluso puede moverse a favor del peso (peso sobrevaluado);
pero si por alguna razón se dispara súbitamente la demanda de dólares, su valor
en pesos tiende a subir, y sube inevitablemente, si el exceso de demanda es
grande y persistente, o, lo que es lo mismo, el peso se devalúa. Por tanto, una
devaluación de esta naturaleza es responsabilidad de quien provoca la súbita
elevación de la demanda de dólares, en este caso la FED (la Reserva Federal
norteamericana) que, al prometer una elevación de las tasas de interés que se
pagan a los capitales en Estados Unidos, alienta la fuga de los capitales
domiciliados en México hacia este país, para lo cual tienen que transformarse
en dólares. Sube, pues, la demanda de éstos y el peso cae. Ahora vuelvo a
preguntar: si nos gobierna el PAN ¿podrá evitar que la FED siga con sus
maniobras especulativas para atraer capitales hacia su país? Si es así, ¿cómo
lo hará? Y si no, ¿no es claro que don Ricardo Anaya hace demagogia económica
para llevar agua a su molino?
Por último, no
tenemos ninguna dificultad en aceptar que los índices de la delincuencia se
hayan movido uno, dos, tres, o pocos más puntos porcentuales durante el sexenio
de Enrique Peña Nieto; pero la verdadera pregunta es esta: ¿ha cambiado
esencialmente, sensiblemente, radicalmente la situación de inseguridad y violencia
en el país desde que gobierna el PRI? ¿Es verdad que bajo el gobierno
calderonista los mexicanos respirábamos paz y seguridad, mismas que se acabaron
al entrar el sexenio actual? Todo mundo (y Ricardo Anaya también) sabemos que
no es así. Es más, que fue el gobierno calderonista el que declaró la “guerra
total” al crimen organizado, desatando con ello el baño de sangre que ha vivido
el país desde entonces. ¿A qué, pues, sobredimensionar tanto dos o tres puntos
porcentuales de más o de menos? ¿Quién puede presumir en serio de haber
derrotado a la delincuencia y dado al país la seguridad y la tranquilidad que
éste demanda? Contra MORENA se esgrime el petate del muerto de que, de llegar
al poder López Obrador, hará de México otra Venezuela. Pero cualquier persona
medianamente informada sabe al menos tres cosas: a) que el gobierno venezolano,
desde Hugo Chávez, ha hecho por los pobres de Venezuela lo que ningún gobierno
mexicano ha intentado siquiera en serio; b) que la “crisis” de Venezuela es una
crisis inducida por la diabólica mancuerna que allí y en todo el mundo forman
los multimillonarios locales y las agencias de espionaje, de “seguridad
nacional” y las “fundaciones” de los mega millonarios yanquis. El propósito es
sacar al pueblo del poder para volver a colocarlo al servicio de esos
intereses; c) que Venezuela no es México, que la economía mexicana no es
idéntica a la venezolana y que toda analogía superficial entre ambos países, o
es hija de la ignorancia o lo es de la mala fe, pero en cualquier caso es falsa
y manipuladora de la opinión pública.
Nosotros, los
antorchistas, siempre hemos sostenido que ningún partido que haya sido gobierno
(y en particular gobierno nacional), tiene derecho a criticar a otro partido
sin antes hacer una severa autocrítica de su propio desempeño; ni tampoco tiene
derecho a prometer a futuro lo que no
hizo en su turno, sin explicar seria y profundamente las causas por las cuales
también “falló”, sin demostrar, además, de modo riguroso y suficiente, por qué
ahora sí hará lo que antes prometió y no cumplió. Por eso, yo demando al canal
del noticiario donde pontificó don Ricardo Anaya, que le concedan el tiempo
necesario para que nos explique al aire, a fondo y con todo detalle, cómo un
presidente panista hará crecer la economía, mejorará los precios del petróleo,
frenará la devaluación del peso y remediará la pobreza y la desigualdad
galopantes que azotan al país, sin cambiar el modelo económico y sin molestar,
ni con el pétalo de una rosa, a los grandes intereses económicos de dentro y de
fuera del país. En caso contrario, yo llamo a México a desconfiar de sus cantos
de sirena y a unirse, como un solo hombre y con un solo ideal, al Movimiento
Antorchista Nacional, para construir juntos un país mejor.
