José Miguel Cobián | 05 julio
de 2016
Tribuna Libre.- Veracruz ya nos
dio una lección. El principal aliado de Miguel Ángel Yunes lo fue el propio
gobernador del estado, no sólo durante la elección, sino a lo largo de todo su
gobierno. Elevar el malestar y la
incomodidad social a niveles nunca vistos aunado a a la estrategia fallida de
apoyar al candidato de Morena, bajo la premisa de ¨Ningún Yunes gobernará
Veracruz¨. Así, Peña Nieto se está
convirtiendo en el principal aliado de los candidatos de oposición para la
elección del 2018, en particular es el principal aliado de AMLO.
Los sonados casos
de corrupción tendrán que ser juzgados por las autoridades correspondientes y
al final sabremos que tanto fue verdad jurídica. Indudable que Javier Duarte enfrentó
problemas graves desde el inicio de su gobierno, pero el pueblo jamás se
enteró. No hubo la mínima calidad en la comunicación del gobernador saliente
para explicar a la población el porque de sus actos de gobierno, como hasta la
fecha no la hay. Lo cual provocó que en
el juego de las percepciones que determinan la intención de voto, el PRI, su
partido político saliera muy mal librado en la última elección.
El mismo efecto
está sucediendo con presidencia de la República. Cualquier candidato que
pudiera sacar el PRI tendrá como principal enemigo el efecto Peña Nieto. Efecto que cada día obtiene más negativos, a
partir de aquél brillante juego político que representó la conclusión de las
reformas estructurales. Hoy, participar
en una elección nacional para presidente de la República bajo las siglas del
PRI, del Verde o Nueva Alianza, e incluso PT, significa cargar con esa enorme
piedra. El punto de quiebre fue el
asunto de la casa Blanca, que sirvió para descartar a Videgaray gracias a la casita
de Malinalco.
En el PRI hay dos
grupos muy definidos, uno es el conocido como Atraco-mucho + Hidalgo, y el otro
representado por Manlio Fabio Beltrones quien de una manera brillante aprovechó
la derrota del PRI para distanciar su figura y jugar la apuesta de ser el único
presidenciable ajeno al grupo de Peña Nieto.
Eso a pesar que Don Beltrone no goza de la mejor fama pública, pues
también no ha sabido comunicar mejor sus positivos y minimizar sus negativos.
Por el lado de
Acción Nacional, los tiradores para la grande son muy claros, por un lado está
Margarita Zavala, quien a pesar de ser esposa de Felipe tiene enorme simpatía
entre el electorado, no sólo el azul, sino también entre la población en
general. Quizá lo mejor que podría hacer
ella para lograr la candidatura y la presidencia sería divorciarse de Calderón,
pues los cuestionamientos del tipo ^y que no veía lo que hacía su marido^
estarán a la orden del día en caso de ser ella la ungida. Y si no lo fuera, ya sabe que en sus manos
tiene el resultado de la elección, pues si se lanzara como candidata
independiente, le quitaría suficientes votos al PAN para evitar su
triunfo. Así, Margarita se deshoja entre
la operación política interna y el chantaje a su partido político.
Ricardo Anaya, a
pesar de su juventud, ha demostrado con hechos (y sobre todo con el apoyo de
algunos dinosaurios panistas) que puede ganar elecciones y reposicionar a su
partido en la arena política nacional.
Es un joven inteligente y entrón, que podría resultar muy atractivo para
las nuevas generaciones de votantes, pero a quien le falta aún lograr un mejor
posicionamiento de imagen, tanto para ser conocido como para aparecer como
confiable en la percepción del elector.
El gobernador de
Puebla, a pesar de los triunfos en Veracruz y Tlaxcala está muy atrás en la
contienda interna del PAN, cargando también con el estigma de ser considerado
dentro de su partido político como el candidato a modo del presidente Peña, lo
cual lo ha mantenido muy alejado en las preferencias de los simpatizantes del
partido azul.
Por el lado de la
izquierda sólo hay un candidato con posibilidades de ganar la elección: Andrés
Manuel. Cada día cuenta con más
simpatizantes, y su discurso político simplista y sencillo permite que permee
en todas las capas de la sociedad mexicana, incapaz de analizar más allá de
unas cuantas frases con las que todos estamos de acuerdo. Hoy por hoy, la mejor pre-campaña por la
presidencia de la República la ha realizado López Obrador, y no porque ya lleve
dos campañas, sino porque paso a paso se gana la mente y los corazones de sus
simpatizantes. Para lograr su meta,
deberá sonar confiable para el resto de la población, deberá profundizar en su análisis
de la situación actual del país y como resolver los problemas que hoy se
presentan, y sobre todo, deberá de separarse de compañías indeseables a ojos de
la opinión pública. El tiempo se agota
también para él, pues tendrá que hacer cálculos políticos muy precisos, para
decidir la línea discursiva y de alianzas que llevará a cabo a partir del 2 de
diciembre, que es cuando ya inicia formalmente la temporada de ventaneo de
ideas y candidatos para el 2018.
Al Sr. López (es
que voy a comentar algo del PAN) le conviene que Margarita sea independiente y
que Anaya sea el candidato de Acción Nacional. También buscará que no haya una
alianza de hecho con el PRI, pues le queda muy claro que Peña ganó gracias al
apoyo del presidente Calderón y de muchos simpatizantes de acción nacional, que
decidieron olvidarse de Josefina y apostarle al caballo que consideraban más
viable para ganarle a AMLO.
Una opción que
puede sonar descabellada, pero que también está tomando forma en círculos de
opinión, es que el PRI y el PAN vayan al 18 en una alianza pública con un
candidato que no sea mucho de aquí ni mucho de allá. Con las debidas consecuencias del destape de
la supuesta mafia del poder del PRI-AN, y con la dificultad que generaría en
los simpatizantes de cada instituto político de votar por un candidato
antagónico a su ideología, por alguien que se ha considerado el principal
enemigo. Algo así como que si se unen Chivas y América, los votantes de chivas
voten por un americanista y los del américa, voten por un jugador de las
chivas. Aunque los resultados de la
elección reciente, demuestran que el agua y el aceite pueden ir juntos, ya que
los resultados de la unión PAN-PRD
fueron muy satisfactorios, con Acción Nacional como partido ancla y el
PRD como partido bisagra aportando unos votos más, pero los suficientes para
ganar la elección, que Acción Nacional solo no hubiera ganado.
El escenario está
puesto. Peña no se percibe como un presidente atento al clamor popular, sobre
todo en cuanto al combate a la corrupción e impunidad, al combate a la
inseguridad y a la atención de hambre y sed de justicia del pueblo de
México. Le queda menos de un año para
hacer algo al respecto pero no se percibe movimiento. Su propuesta de matrimonio igualitario generó
simpatía entre los liberales, para quedar estancada en los sótanos del
congreso. Las modificaciones a la ley 3
de 3 prueban el maridaje entre IP y Gobierno, pues mientras liberan a la IP de
emitir sus declaraciones patrimoniales (en lugar de matizar quien debería
entregarlas), de intereses y fiscal, también evita que se hagan públicas las de
los funcionarios. Para efectos
prácticos promueve la opacidad, y la falta de rendición de cuentas, que tanto
urge combatir para convertir a México en una nación moderna.
¿Escogerá el PRI a
Manlio a pesar de no ser parte del grupo Atlacomulco-Hidalgo?
¿Se unirán el PAN
y el PRD para luchar por la gubernatura del estado de México?
¿Sacrificará el
PRI a su candidato con tal de no ver a López Obrador en la silla del águila?
¿Qué negociaciones
harán los dueños del dinero y del poder en México para designar al próximo
administrador de la nación?
¿Volverá AMLO a
sabotear su propia campaña y elección como ya hizo en 2006 y en 2012?
No deje de ver el
próximo capítulo de tan interesante serie…. ^2018 ya viene^
