* El periodista se sentía vigilado * Ejecución que implica al duartismo * La policía no lo auxilió * Yunes azul y su advertencia * Las ratas también se amparan * Notario asesinado y su amigos de
Coatza * Hillman, Ramón, Montes de Oca,
Morales Lechuga * Arremete Mónica contra
alcalde de Tatahuicapan.
Mussio Cárdenas Arellano | 23 julio de 2016
Tribuna Libre.- Malos, los policías.
A ellos, más que al crimen organizado, temía Pedro Tamayo en enero, perseguido
y asediado, por lo que hurgaba en el levantón de los jóvenes en Tierra Blanca,
exiliado por decisión propia, y porque el miedo cala, traído luego a Veracruz y
finalmente asesinado.
Horas después de
su muerte se entretejen versiones que sitúan, por enésima ocasión, a la policía
de Veracruz bajo sospecha, por su conducta en el momento del crimen, por su
pasividad, por su falta de auxilio, por evitar que su familia lo pudiera
ayudar.
Ultimado a eso de
las 11 de la noche del miércoles 20, a manos de un grupo armado que irrumpió en
su hogar, que era también su negocio de alimentos, herido de muerte Pedro
Tamayo Rosas habría de ser trasladado a una clínica del Seguro Social cuando
dejó de existir.
Pasa a ser el
periodista número 19, asesinado en los días de Javier Duarte como gobernador.
No fueron once
balazos como refieren en las primeras informaciones. Fue sólo uno o dos que le
traspasaron el pulmón y le cortaron la vida. Fueron once disparos, quizá más,
unos al piso como pretendieron intimidarlo, o como si los matones no anduvieran
en su juicio. Sólo uno o dos dieron en su humanidad.
Disparaban los
sicarios, o aprendices de sicarios, sin ton ni son. “Sólo pasaron unos minutos
cuando se empezaron a oír disparos —cuenta Ángeles González en el portal en
internet Al Calor Político, del que Pedro Tamayo era corresponsal—. Fueron
varios. No todos eran hacia Pedro. Disparaban al piso o no le daban quizá por
el estado inconveniente en el que parecía que se encontraban. Sólo fue un
disparo el que acertaron, no nueve ni 11: uno que le perforó el costado
izquierdo y lo desangró”.
Otra versión:
“El ataque se
consumó a las 10:45 PM —refiere Ignacio Carvajal, de Liberal del Sur y Blog
Expediente— afuera de la casa ubicada en avenida Cinco de Mayo. Quienes fueron
a matar a Pedro lo saludaron y pidieron comida para llevar. ‘No traigan cartas;
quieren cuatro hamburguesas de res’, alcanzó a gritar al de la cocina, y pocos
segundos después se oyen dos disparos. Algunos testigos hablan de once
detonaciones, otros que más. En la plancha del forense de Tierra Blanca, consta
en las primeras averiguaciones, sólo extrajeron dos balas calibre .9 mm del
cuerpo de Pedro Tamayo. Le deshicieron los pulmones”.
Luego reitera:
“Sólo dos disparos
dieron en el cuerpo de Pedro. Los demás, presuntamente efectuados para
intimidarlo, lanzados al suelo”.
Otra vez Ángeles
González, de Al Calor Político. Invoca a los testigos, la familia, directo el
señalamiento hacia la policía de Veracruz:
“Como en otras
muchas incontables, inacabables, ocasiones, malos elementos de la Secretaría de
Seguridad Pública no hicieron nada a pesar de encontrarse a escasos 10 metros
de donde ocurrían los hechos.
“‘Porque no
podemos hacer nada’, respondieron a uno de los hijos mientras el cuerpo yacía
malherido a la puerta de su casa.
“Lo increíble, lo
impensable, es que en lugar de apresurar al ayuda, la ambulancia, los policías
interrumpieron la línea telefónica para darle mal la dirección a los servicios
de emergencia. En más de tres ocasiones dieron mal la dirección para que se
demorara”.
De nuevo Ignacio
Carvajal:
“Al llegar los
atacantes a donde Tamayo, él acababa de entregar un pedido de hamburguesas.
Estaba sentado en la calle, aunque se oyeron varias detonaciones, sólo dos
disparos dieron en el cuerpo de Pedro. Las demás, presuntamente, efectuadas
para intimidarlo, lanzadas al suelo. Agonizó unos 20 minutos, durante los
cuales se despidió de sus seres queridos. Ese tiempo tardó en llegar la
ambulancia aunque los hechos se dieron en el centro (de la ciudad). La familia
señala que los policías que llegaron a atender la alerta de disparos dieron mal
la dirección a la Cruz Roja”.
Noé Zavaleta toca
el tema en la revista Proceso, la omisión de auxilio, la simulada confusión en
el reporte del crimen a la central que debía enviar la ambulancia:
“El periodista fue
asesinado frente a su familia en su domicilio, por dos sujetos desconocidos
quienes le dispararon en once ocasiones. Una patrulla se encontraba a solo diez
metros de distancia.
“ ‘A la hora del
crimen una patrulla de la policía del estado con número económico 08-2841 se
encontraba a 10 metros de los hechos y no hicieron nada por detener a los
agresores’, escribió el periodista y amigo de Pedro, Octavio Bravo, en su
cuenta de Facebook.
“La familia narra
que los policías obstruyeron que su esposa le diera los primeros auxilios,
esperando que falleciera, y cuando vieron que prácticamente había muerto de
inmediato un oficial de policía llamo a la Cruz Roja dando una dirección
equivocada”.
Malos, los
policías.
Enero marcó una
tragedia en Tierra Blanca, levantados los cinco jóvenes que procedentes del
puerto de Veracruz se dirigían a su lugar de origen, Playa Vicente. Comieron,
cargaron gasolina y emprendieron el regreso. Una patrulla los interceptó.
Inició el interrogatorio y se los llevó. Entregados al crimen organizado, nunca
más se volvió a saber de ellos.
Hurgaba en el caso
Pedro Tamayo. Hurgaba en la actuación de la Policía de Veracruz, implicada con
los malosos, su jefe Marcos Conde, delegado de la Secretaría de Seguridad
Pública, el superpolicía de Arturo Bermúdez, con historial de muerte, de
levantones de jóvenes, de desaparición de otros policías, impune hasta ese día.
Hoy está en prisión señalado de ser el conecte con los narcos, el abastecedor
de inocentes.
Ocurrió el
levantón el 11 de enero. Casi dos semanas después, el día 24, fue aprehendido
Francisco Navarrete Serna, alias “El Ingeniero”, propietario del rancho El
Limón, ubicado entre Tierra Blanca y Tlalixcoyan, donde habrían sido llevados
los jóvenes, torturados, asesinados y cocinados para no dejar rastro.
Su esposa convocó
meses antes a Pedro Tamayo. Lo instó que se adhiriera al proyecto de volver a
la circulación al diario La Voz de Tierra Blanca. Ella en lo financiero, él en
lo periodístico, Navarrete operador del diputado federal por Cosamaloapan,
Tarek Abdalá, fidelista y duartista.
Con la aprehensión
de Francisco Navarrete se frustró el arranque del periódico. Y Pedro Tamayo
percibió que el siguiente sería él. Sospechaba de la policía desde enero,
cuando se marchó de Veracruz.
Cuenta Plumas
Libres:
“Tamayo Rosas a la
vez trabajaba como corresponsal de los medios Alcalorpolítico y El Piñero de la
Cuenta pero tras haber sido amenazado por la cobertura de la desaparición de
los chicos de Playa Vicente. Se fue de esa ciudad en enero de 2016.
“El sabía que los
propios elementos policíacos fueron quienes lo había amenazado. Por eso la
CEAPP (Comisión Estatal para la Atención y Protección de los Periodistas) lo
sacó de Tierra Blanca a un lugar de Oaxaca donde su familia lo alcanzó.
“Pedro Tamayo
regresó en marzo de este año a vivir de nuevo en Tierra Blanca y se incorporó a
trabajar en el periódico La Voz de Tierra Blanca, pero pidió a la CEAPP que le
retiraran la vigilancia policíaca porque desconfiaba de los policías y firmó
una responsiva donde se le retiraran las medidas ‘invasivas’ y solo aceptó los
rondines de la SSP, es decir estaba bajo un protocolo seguridad.
“El temía a los
elementos policíacos. Por eso pidió que se retirarán la vigilancia constante a
las que calificaba como invasiva.
“Al inicio de ese
protocolo una patrulla de la SSP pasaba a su domicilio para que el reportero
firmara en la bitácora. Después sólo pasaban una vez al día incluyendo sábados
y domingos”.
En “El Piñero de
la Cuenca”, periódico que se edita en Tuxtepec, Oaxaca, del que fue
corresponsal, se lee el sentir de la familia:
“Familiares del
reportero Pedro Tamayo Rosas informaron que tras su asesinato, una patrulla de
la Policía Estatal inmediatamente arribó al sitio pero no hizo nada, se rehusó
a perseguir a los delincuentes pese a que les indicaron para donde habían
escapado.
“Los policías,
indicaron, se limitaron a cercar a la familia para que no hiciera contacto con
el cuerpo del infortunado.
“Además,
obstaculizaron la calle y por ende el paso a los cuerpos de rescate que
acudieron al auxilio.
“Tal parece que
hubo complicidad, indicó un familiar del reportero.
“Por su parte
Alicia Blanco, esposa del malogrado, dio a conocer que ella y sus hijos daban
de comer a los policías que cuidaban de Pedro; él les tuvo confianza y por la
atención nosotros les dábamos de comer lo que había, a veces frijoles’.
“Bajo esa premisa,
la Fiscalía General del Estado (FGE) tendrá que llevar a cuentas a los policías
que acudieron al crimen y se movilizaron para truncar cualquier resquicio de
persecución y detención de los asesinos”.
Vicente Bello, en
su Tren parlamentario, dice:
“Uno de los hijos
del periodista subió a un vehículo y persiguió al automóvil gris. Les dio
alcance cuadras adelante, pero una patrulla estatal lo bloqueó. Ha afirmado
ante las autoridades el hijo del periodista que uno de los asesinos hizo señas
desde el Bora a los policías que se acercaban y entonces la patrulla bloqueó el
paso del joven”.
Roberto Campa
Cifrián, subsecretario de Derechos Humanos del gobierno federal, sostiene que
Pedro Tamayo estuvo en Tijuana, sin protección oficial. Quería regresar. Le
recomendaron que no lo hiciera. “No había condiciones para volver a Tierra
Blanca, para volver a Veracruz”.
Una vez más, la
policía. Sobre ella pesa la imputación del levantón a los cinco jóvenes de
Playa Vicente a su paso por Tierra Blanca, entregados luego al crimen
organizado.
Sobre la policía,
hoy, la sospecha del crimen del periodista Pedro Tamayo, el número 19 en perder
la vida violentamente en el Veracruz de Javier Duarte.
Malos, los
policías. Por algo les temía Pedro Tamayo.
Archivo muerto
Pagará Javier
Duarte y su pandilla. Pagarán La Rémora Callejas y la corte duartista en el
Congreso, los diputados cómplices, la runfla que aprobó el nuevo atraco a las
finanzas de Veracruz, vía los dos fideicomisos que usarán recursos del 3 por
ciento a la nómina para saldar adeudo a proveedores. Suyo el tono, insólita la
advertencia —amenaza, dicen sus enemigos—, Miguel Ángel Yunes Linares anticipa
que “no podrán dormir tranquilos”, que les espera la cárcel, “porque la ley irá
sobre ellos”. Y agrega: “Me he comprometido y hoy lo reitero, a que Duarte y
sus cómplices irán a la cárcel y devolverán lo robado. Lo de hoy no tendrá
perdón, Duarte y los diputados serán severamente sancionados”. Avizora que
extinguirá el impuesto sobre la nómina para evitar el dinero que aportan los
empresarios sea para pagarle a los amigos y cómplices de Javier Duarte por
servicios que nunca le prestaron al gobierno de Veracruz. “Ya lo hemos
denunciado —precisa—. Ese dinero, que debe servir para obras públicas, que debe
servir para mejorar las condiciones de vida de los veracruzanos, quieren que
vaya a parar a la bolsa de los cómplices de esta banda”. Y los categoriza como
pillos… Corren las ratas. O se agazapan. O se amparan. Así andan Deantes,
Manzur y Aguirre, un subsecretario y dos titulares de la Secretaría de Finanzas
y Planeación del gobierno de Veracruz, buscando la protección de la justicia
federal. Tramitan una suspensión provisional contra cualquier orden de
presentación o aprehensión que pudieran emitir los más 100 jueces federales y
estatales del estado de Veracruz. Su lío es con la justicia federal, acusados
por la Auditoría Superior de la Federación ante la PGR de malversar recursos,
reclamando que las autoridades judiciales señaladas rindan un informe para
establecer si las actuaciones en su contra derivan del nuevo proceso penal
acusatorio y oral, cuál es el hecho delictuoso que se imputa a los quejosos, la
penalidad aplicable y la cuantía de los daños causados o el beneficio económico
obtenido, en caso que se trate de delito de carácter patrimonial, o el monto
estimado de la reparación del daño. Dicho: las ratas también se amparan… Nota
para los reporteros: Armando Gálvez Pérez Aragón, el notario asesinado en
Polanco, en 2013, el que dio fe de las empresas del secretario de Seguridad
Pública de Veracruz, Arturo Bermúdez Zurita, sus hermanos, su mamá y su socio,
figura en escrituras de connotados personajes de Coatzacoalcos. Por su fe, el
despojo de tierras a la familia Vidal, en lo que hoy es Celanese, Balcones,
Pensiones. Por su fe, los entuertos y los enredos de los Hillman, los Ramón,
los Montes de Oca. Y convenientemente —la diosa fortuna siempre está de lado de
los pillos— Armando Gálvez Pérez Aragón fue asesinado el 13 de marzo de 2013,
en la Ciudad de Mexico. Acusaba amenazas y asedio. Reforzaba su seguridad y
atendía a contadas personas, previa cita. Tenía su historial, investigado por
fraude con obras de arte y la validación de documentos para la construcción
ilegal en un predio en la delegación Magdalena Contreras. Fue acribillado en su
automóvil, recibiendo cuatro disparos lanzados por un comando que lo cazó.
Armando Gálvez Perez Aragón laboró en la notaría número 116, cuyo titular es
Ignacio Morales Lechuga, el padrino de Los Pantera, o sea Juan Hillman, Alfredo
Ramón de Diego y Francisco Montes de Oca. Qué historia. Para Netflix… Atiza el
fuego Mónica Robles. Tilda de chantajista al alcalde de Tatahuicapan, Filogonio
Hernández Bautista, que politiza el conflicto por el agua, por su reclamo al
gobierno de Veracruz por incumplir la inversión en obras, por su amenaza de
destruir las tuberías del sistema Yuribia, que surte de agua a Coatzacoalcos,
Minatitlán y parte de Cosoleacaque. No dice la diputada que en el centro del
conflicto está la disputa PRD-Morena, los del ex alcalde Esteban Bautista y los
de Lino Bautista, y la sangría económica pues mes con mes suben a la sierra 2.5
millones de pesos a manos de los morenistas, que son quienes controlan a
ejidatarios y avecindados. También tensa el hilo Flavino Ríos Alvarado con su
silencio, sin atender los llamados del alcalde tatahui, deslizando que de los
50 millones que se han trasladado al ayuntamiento no ha rendido cuentas el
edil. Pero Flavino cuida el lenguaje. No los llama chantajistas. No los acusa
de lucrar con el conflicto. Reconoce que hay adeudo, mientras la diputada
afirma que no. Les dice que no dejará de haber diálogo. Y mientras el
secretario e Gobierno rema en una dirección, Mónica Robles patea a los tatahuis
del sol azteca como si un incendio se sofocara arrojándole gasolina…
