* Pedro Tamayo, ultimado en Tierra Blanca * Amenazado, huyó de Veracruz * 19 periodistas caídos * Listo, dictamen del fideicomiso duartista * Exime de sanciones MAYL a quienes no paguen
impuesto * Bermúdez y Pelegrín,
denunciados * El ego de Rocío Nahle * July quiere celebrar * Congreso no es antro.
Mussio Cárdenas Arellano | 22 julio de 2016
Tribuna Libre.- Amenazado,
temeroso, Pedro Tamayo Rosas huyó de Veracruz, se refugió en Oaxaca y regresó
sólo para morir violentamente, acribillado por las balas de un sicario, o
varios, víctima del odio infinito, de la venganza brutal, de la violencia que
crece. Es el periodista número 19 en caer durante el duartismo.
Fue por él un
matón. Llegó hasta su hogar, a eso de las 23 horas, la noche del miércoles 20,
en Tierra Blanca, lugar donde la policía y el crimen organizado se hablan de
tú, levantan gente y se la llevan para nunca volver.
Llegó al domicilio
del periodista, en la calle 5 de Mayo, entre Matamoros y Morelos, en el centro
de Tierra Blanca, y descargó su arma, inerme el comunicador.
Once impactos
recibió el periodista, colaborador de El Piñero de la Cuenca, editado en
Tuxtepec, Oaxaca, reportero de medios veracruzanos, autor de “En la Línea de
Fuego”, una columna de combate, de crítica por la violencia, escrita con
pseudónimo.
Descargada el arma
mortal, el asesinó huyó del lugar. Nadie supo más de él. Nadie alcanzó a saber
qué rumbo tomó.
Otra versión,
difundida por el portal Al Calor Político, refiere que no era uno sino varios
sujetos, que viajaban a bordo de un vehículo. Descendieron de la unidad,
allanaron el domicilio, perpetraron el ataque y se marcharon a toda velocidad.
Pedro Tamayo
alcanzó notoriedad en enero, tras el levantón de cinco jóvenes —cuatro varones,
una chica—, el 2 de enero de 2016, que procedentes de Veracruz se dirigían a su
lugar de origen, Playa Vicente.
Fueron
interceptados por elementos de la Policía Estatal, conminados a explicar qué
hacían, a dónde se dirigían, que actividad realizaban. No los dejaron ir.
Se sabría luego
que la policía veracruzana los entregó al crimen organizado, suponiendo que
eran miembros de un cártel, por el vehículo en que viajaban, un automóvil
Jetta, muy común entre la banda de Los Zetas, y por su complexión física, la
barba de algunos de ellos y simplemente la sospecha.
Semanas después,
aprehendidos los policías involucrados en el levantón, en prisión también su
jefe, el comandante Marcos Conde, con un historial de plagios y secuestros, el
terror por donde iba, pero solapado por el “general” Arturo Bermúdez Zurita,
secretario de Seguridad de Veracruz, surgió la hipótesis de que la autoría del
hecho —el plagio y posible asesinato de los jóvenes— correspondía al Cártel
Jalisco Nueva Generación.
Y llega “Culín”,
el célebre Luis Ángel Bravo Contreras, más actor y guionista de fantasiosas
historias que fiscal, que no resuelve nada y sí fabrica culpables.
Fue aprehendido el
empresario Francisco Navarrete Serna, su hijo y un empleado, acusados que en su
rancho se realizó la tortura y muerte de los cinco jóvenes, sus cuerpos
“cocinados” con ácido para no dejar huella.
Entonces Pedro
Tamayo huyó de Veracruz. Se fue en silencio, sin confidencias ni secretos, sin
explicar el por qué.
Su esposa denunció
su desaparición, pues ni a ella le comunicó el periodista la razón. Y se alertó
el gremio, suponiendo que era otro levantón. Y se alertó el gobierno de
Veracruz que no deseaba otro comunicador en su rosario de crímenes.
Lo hallaron en Oaxaca,
aterrado, suponiendo que el gobierno iría tras él, y si no, el crimen
organizado.
Pedro Tamayo había
sido convocado por la esposa de Navarrete Serna para reabrir el periódico La
Voz de Tierra Blanca, ella como empresaria, él en la parte periodística.
Pero el proyecto
se frustró.
Algo percibió el
24 de enero. A su hogar llegaron tipos de apariencia extraña. Vestían playeras
con el logo de la empresa Telmex y botas tipo policíaca. Decían atender un
reporte de daño y mal servicio, que nadie había reportado.
Esa fue la señal.
Pedro Tamayo les negó la entrada al domicilio. Se percató, sin embargo, que los
tipos permanecían ahí, y así se mantuvieron durante un tiempo.
Por eso se fue,
sin aviso alguno, sin alertar ni siquiera a su esposa, inundado por el miedo,
con la reacción del que corre en sentido contrario al peligro que lo acecha.
De su huida, de
sus temores, de las amenazas que sentía, el portal Plumas Libres difundió:
”El contexto de
violencia contra la ciudadanía por parte de las autoridades de Veracruz ha
generado un temor fundado para que los periodistas no puedan ejercer su
profesión; lo que los obliga a dejar su labor y resguardarse en secreto para
salvar su vida.
“Tan sólo en el
2015 cuatro periodistas se vieron obligados a dejar la entidad y se registraron
66 agresiones contra comunicadores, siendo responsables las autoridades del 65%
de éstas. Del 2000 a la fecha, ARTICLE 19 ha documentado el asesinato de 18
periodistas en Veracruz; cuatro más se encuentran desaparecidos. Este contexto se
ha intensificado en Tierra Blanca a raíz de que elementos de la policía estatal
detuvieron a cinco jóvenes, de los cuales se desconoce su paradero, cometiendo
así desaparición forzada.
“ARTICLE 19
recuerda que a finales del 2015 se emitió una alerta en Veracruz por el
contexto que están viviendo las y los periodistas en dicha localidad. Sin
embargo, hasta la fecha esta alerta no ha tenido impacto alguno en beneficio a
la libertad de expresión.
“En este sentido
es urgente que las autoridades federales contacten al periodista Tamayo Rosas y
su familia, a fin de dar protección efectiva ante los constantes ataques que se
reciben de autoridades y el crimen organizado”.
Pasaría a ser
Pedro Tamayo el periodista número 19 en morir violentamente, asediado por el
crimen organizado, quizá por la policía pues su infierno inició cuando indagaba
sobre el levantón de los cinco jóvenes en Tierra Blanca, que cimbraría al
gobierno de Veracruz.
Hurgaba Pedro
Tamayo en territorio hostil, la relación policía-crimen organizado, la policía
de Arturo Bermúdez Zurita, la de su superpolicía Marcos Conde, hoy en prisión,
con las bandas que siembran muerte y dolor.
Y entonces ocurrió
el asedio, la muerte tocando a su puerta, con el señuelo de Telmex, el
mantenimiento por un daño a las líneas telefónicas que no existía, los tipos
con playera de la empresa pero con botas tipo policíaca.
Por él fue la
Fiscalía General, la de “Culín” Bravo, a Oaxaca. Lo trajeron a Veracruz, lo
llevaron a Xalapa, le ofrecieron protección. Y terminó muerto, baleado en su
hogar, sin vida en una clínica del IMSS.
Del crimen de
Pedro Tamayo, dice El Piñero de la Cuenca:
“Tal como se
recuerda, Tamayo Rosas se encontraba bajo la protección de la Secretaría de
Seguridad Pública del Estado luego de que el pasado mes de enero se ausentara
de su sitio de residencia por amenazas de un grupo delictivo.
“En aquella
ocasión, en respuesta, la Fiscalía General del Estado indicó que investigaría
su caso y le daría la protección debida.
“La indignación es
nada para las exigencias de justicia que los comunicadores deseamos para este
cúmulo de agresiones en territorio veracruzano”.
Cierto, la
indignación es nada ante un gobierno que colecciona crímenes de periodistas,
que hostiga y desdeña, que genera las condiciones de violencia, que provoca el
agravio. Si insulta el gobernador a la prensa, la insulta todo el aparato de
poder, incluida la policía corrupta. Si increpa Javier Duarte, increpa toda la
familia política, incluida la policía que se habla de tú con el narco, que le
sirve, que levanta gente, inocentes o no, y los entrega para verlos morir.
Ingresa Pedro
Tamayo a la estadística fatal de Javier Duarte. Es el periodista número 19 en
ser asesinado durante el gobierno del priista, rijoso con los comunicadores,
tildándolos de “manzanas podridas”, sugiriéndoles “que se porten bien” porque
vienen cosas peores.
Y tiene razón. Lo
peor ya está aquí.
Pedro Tamayo es el
número 19. Le antecedieron Noel López Olguín, Milo Vela, Misael López Solana,
Yolanda Ordaz, Regina Martínez, Gabriel Huge, Guillermo Luna Varela, Irasema
Becerra, Esteban Rodríguez, Víctor Manuel Báez Chino, Gregorio Jiménez de la
Cruz, Moisés Sánchez Cerezo, Armando Saldaña, Juan Mendoza Delgado, Octavio
Rojas Hernández, Rubén Espinoza Becerril, Anabel Flores Salazar y Manuel Torres
González.
Hay tres
periodistas desaparecidos: Sergio Landa Rosales, Miguel Morales Estrada y
Gabriel Fonseca Hernández y Cecilio Rodríguez Domínguez.
Otro, Juan Santos
Carrera, había sido corresponsal de Telever, filial de Televisa. Murió
acribillado en el bar La Taberna, en Orizaba, supuestamente operando para un
jefe de plaza de Los Zetas, Juan Marquez Balderas, alias El Chichi, a quien la
Fiscalía de “Culín” dio por muerto y meses después fue aprehendido en un retén.
Terrible final el
de Pedro Tamayo Rosas. Huía de la muerte, se refugió en Oaxaca, lo halló la
Fiscalía de Veracruz, la fiscalía duartista, y lo repatrió con la promesa de
seguridad y paz.
Volvió a Veracruz
sólo para morir violentamente.
Archivo muerto
Lacayos de Javier
Duarte, los diputados cómplices ya consuman el atraco a las finanzas de
Veracruz. Se filtra el dictamen suscrito por once legisladores, constituyendo
el fideicomiso con el que se le pagará a los acreedores duartistas, las
empresas de los amigos, empleados y socios políticos del gobernador. Es un
albazo, acusa en las redes sociales y en su portal Crónica de Xalapa,
exhibiendo la trastada de Javier Duarte y sus 40 ladrones. Ahí se dispone que
el impuesto del 3 por ciento a la nómina sea para cubrir hasta por 10 años la
deuda que hereda el gordobés, desvirtuando su origen, la obra pública, y que
entraña un agravio más. Conforman la lista de acreedores las empresas
duartistas, que nunca le hicieron un servicio al gobierno, que nunca cumplieron
con obra alguna, los medios que son su aplauso indigno simulaban que le hacían
imagen al desgobernador. Va el dictamen y lo aprobará la la mayoría priista y
sus satélites, validado por la rémora Callejas, el pastor de los indignos
rufianes que constituyen el Cártel del Congreso… Como es un impuesto que se lo
van a robar, allá quien lo pague. De ahí que Miguel Ángel Yunes inste a los
empresarios a no aportar, ofreciendo el gobernador electo que una vez en el
cargo habrá de eximir de multas y recargos a quienes no lo hayan manifestado.
Lo expone en video, inundadas las redes sociales, expresando que el fideicomiso
urdido entre Javier Duarte y sus diputados cómplices es lesivo para las
finanzas de Veracruz, saldando deuda con la runfla que robó y ayudó a robar al
gobernador, con empresas fantasma y servicios inexistentes. Así que allá quien
lo quiera pagar. No habrá sanción… Semana fatal la de Arturo Bermúdez Zurita.
Le exhiben sus negocios de seguridad privada, en ellos sus hermanos, mamá e
hijos como socios, su operador cobrando más de 71 millones de pesos a la
Secretaría de Seguridad Pública, y ahora enfrenta una denuncia penal. Lo acusa
el autor del sainete, Miguel Ángel Yunes Linares, el que destapó la cloaca, el
que mostró la evidencia de que el falso “general” es patético como secretario
de Seguridad Pública, pero exitoso como empresario de la seguridad privada, la
hotelería, la operación inmobiliaria, el transporte, el pulque, la torta, la
aviación y los casinos. Junto con Antonio Gómez Pelegrín, titular de Finanzas y
Planeación, fue denunciado Bermúdez Zurita ante la Fiscalía General de Veracruz
por tráfico de influencias, abuso de autoridad e incumplimiento de un deber
legal. Uno y otro, Bermúdez y Gómez Pelegrín, incluyeron en la relación de
acreedores a las empresas del Clan Bermúdez y al socio clave de los
trastupijes, Roberto Esquivel Hernández, el oscuro personaje que unas veces es
comisario y otras apoderado en las sociedades mercantiles. Hayan retirado o no
a Roberto Esquivel de la lista de acreedores, apenas estalló el escándalo, los
actos de autoridad son hechos consumados, tácitas violaciones a la ley… Ego
puro el de Rocío Nahle. Invita a su informe de actividades y lo adorna con un
colage de imágenes donde la estrella bajada del cielo es Rocío Nahle.
Fotografías con quien sea, en la Cámara de Diputados, micrófono en mano, en la
tribuna mayor, con la bandera a su espalda, en comisiones. Primero el ego,
luego el ego, siempre el ego. ¿Y los resultados de su gestión? No propuestas.
Resultados… A celebrar todos. Fanática de toda celebración, Judith González
Sheridan —July Sheridan para los amigos— quiere fiesta una vez que el Tribunal
Electoral de Veracruz desechó impugnaciones de los partidos que la contienda.
July es ya diputada electa por Minatitlán y su primera reacción es celebrar. No
falta quien proponga que mejor trabaje, que para eso la contratan los votantes.
¿Sabrá que el Congreso de Veracruz nada tiene que ver con un gimnasio y mucho
menos con un antro, que son su pasión?…
