Entrevista con Jorge Arturo Rodríguez
Xalapa, Ver. | 06 septiembre de 2016
Tribuna Libre.- El pasado 1º de
septiembre, el Ayuntamiento de Xalapa rindió homenaje al escultor Ignacio Pérez
Solano. Un mes antes tuve la oportunidad de charlar con él en su casa-taller,
ahí donde sus sueños se erigen en piezas de iluminación, de humanidad, de
tradición, de mexicanidad, de arte. Sonriente, amable, rodeado de sus
creaciones, Nacho Pérez habló con su corazón, la creatividad de sus manos y sus
mirar de luz. He aquí un parte de la conversación.
El maestro Nacho Pérez a sus 85 años sigue
creando sus esculturas; empezó en 1948, cuando tenía 18 años.
Por aquel
entonces, nos cuenta, “hacía varias cosas con la pintura y la escultura, pero
me llamó mucho la atención la escultura, porque en la escultura se puede grabar
algo para siempre y no se borra nunca”.
El escultor
Ignacio Pérez Solana, originario de Tlacotalpan, Veracruz, trabaja, más bien,
crea a tambor batiente, como él mismo lo
ha expresado. Todos los días, todo el día y hasta dormido, dice entre bromas,
pero realmente así es, no concilia fácilmente el sueño: vive un mundo de
inspiración, “hay muchas cosas que se vienen a la mente” y entonces hay que
seguir creando.
Nació en 1931. El
maestro Nacho Pérez, decano de la escultura en Veracruz, es básicamente
autodidacta, aunque en la Ciudad de México estudió hasta el cuarto año en la
escuela de San Carlos y recibió cursos en la escuela La Esmeralda. Fue en el
Centro Superior de Artes Aplicadas del INBA donde se interesó por escultura
monumental.
En el año 1959
trabajó al lado de los escultores Ignacio Asúnsolo y Francisco Zúñiga en la capital del país, para
luego trasladarse a la ciudad de Xalapa a trabajar en el taller de la Escuela
Secundaria Técnica Industrial y de Servicios No. 3, mejor conocida como la
Técnica 3. Fue en esa época cuando hizo “La olla”, cuyas características son
una mezcla de las raíces prehispánica y azteca debidamente estudiadas y
asimiladas para obtener en esta obra,
como en muchas de sus creaciones, “nuestra mexicanidad”.
Nacho Pérez ha
creado réplicas de la cultura olmeca, como las cabezas colosales, para llevar
la riqueza de nuestros antepasados, de “nuestros abuelos”, dice el maestro
Nacho Pérez: “llevamos el mensaje de esas copias, como las cabezas olmecas, así
como de la cultura totonaca, azteca, lo que importa es dejar huella, trascender
las fronteras”.
El escultor abre
su creación a los ojos del mundo, pero no sólo eso, nos descubre el sentir
sobre las formas, la raíz que nos fecunda. El maestro Nacho Pérez a esto lo
llama nuestra mexicanidad.
Sus obras han sido
exhibidas en la mayor parte del país, y a nivel internacional en Beijing
(China), Ámsterdam (Holanda) Madrid (España), Vancouver (Canadá), Ciudad de
Bruselas (Bélgica), Tokio (Japón), Sudáfrica, Paris (Francia), Berlín
(Alemania), y en más de 4 ciudades en los Estados Unidos de Norteamérica, donde
ha sido reconocido su trabajo, tanto en la elaboración de réplicas como de creación propia.
Formador de varias
generaciones en el ámbito de la escultura, el maestro Nacho Pérez fue
cofundador del Taller de Artes Plásticas (que luego sería la Facultad de Artes
Plásticas de la Universidad Veracruzana), en la ciudad de Xalapa, en 1964,
junto con Pablo Platas, Jorge Martínez, Joaquín Durán, Alva de la Canal,
Norberto Martínez, Mario Orozco Rivera, Fernando Vilchis, Kiyoshi Takahashi,
entre otros.
Trabaja con
diversos materiales: piedra, granito, bronce, madera, mármol, acero inoxidable,
fierro, barro, cemento, terracota, de acuerdo a la figura a realizar, pero
siempre con elementos del lugar, de la región.
La obra del
artista se nutre de los elementos de la naturaleza. En su afán de conservación
usa también material de desecho para crear obras que lleven el mensaje de
salvar la tierra, la atmosfera, el agua, el cuidado del medio ambiente.
En ciertas
exposiciones, el también llamado “Guardián del Medio Ambiente” confía en que
“el amor al planeta nunca se perderá, el hombre sigue, se puede rescatar mucho,
aún hay tiempo” y con su exposición escultórica hace un llamado a los niños, a
los jóvenes, a los adultos, a los políticos, a trabajar por el cuidado del medio
ambiente, para que los ríos vuelvan a tener sus aguas cristalinas y siga
emanando la vida en el planeta.
A su edad,
conserva el brío de seguir con sus creaciones, para dejar su sentir, su pasión,
su universo. Afirma: “En el peregrinar de este mundo, estamos con una misión:
dejar obra; yo vine con una misión, no me estoy despidiendo, pero estoy en los
albores de la despedida. Les dejó mi mensaje, mi emoción en vivo, con la
expresión de mi corazón. Crear mis esculturas es como el que está cantando con una
guitarra, así es el arte”.
Nuestro
reconocimiento al maestro Nacho Pérez, quien comentó: “Mi obra que la vea la
humanidad; esto es para la humanidad, mi corazón y mi cuerpo está para la
humanidad”.
Un hombre
sencillo, amable, generoso; un veracruzano que labra sus esculturas con amor,
amor a Veracruz. Que esculpe el rostro de México, sus raíces, los valores de
identidad, la mexicanidad, pero también creación de sueños, anhelos, vivencias,
la vida misma.
