José Miguel Cobián | 19 septiembre de 2016
Tribuna Libre.- A lo largo de toda la semana pasada Héctor
Aguilar Camín se encargó de demostrar en su columna en Milenio que vivimos la
época menos violenta de la historia de la humanidad. Contra lo que muchos
pensamos, probó con cifras reales, que la humanidad ha avanzado en su lucha
contra la violencia, aunque muy lejos aún de las cifras que nos gustaría ver de
crímenes violentos en cualquier latitud del globo. Esto demuestra también que hoy estamos lejos
de el fin del mundo provocado por la violencia individual de los seres humanos. Entonces ¿qué podría desencadenar el fin del
mundo?
En principio deberíamos definir que
entendemos por fin del mundo, ya que en realidad los seres humanos somos tan
soberbios que pensamos que si se acaba la humanidad o si se acaba la
civilización tal cual la conocemos, el mundo también se acaba. Afirmación irrisoria, pues el mundo,
entendido como el universo, todavía tiene muchos miles de millones de años por
delante. Aclarado lo anterior, vale la
pena analizar que eventos podrían afectar seriamente la vida humana en el
planeta.
Sabido es que en 2016, el reloj del fin del
mundo se mantiene a tres minutos de la media noche. Es decir, los científicos
que definen el riesgo para la supervivencia de nuestra civilización consideran
que estamos muy cerca del final, aunque todavía es un riesgo que podemos
soportar. Este reloj, mide el grado de amenaza nuclear, ambiental y tecnológico
para la humanidad. En enero de 2015 lo movieron de cinco a tres minutos para la
media noche, considerando la hora fatal de la cenicienta también como hora
fatal para la humanidad. La razón es la
proliferación de armas nucleares en el oriente medio, el avance del
calentamiento global sin ninguna respuesta real de las naciones.
Es innegable que desde 1945 los científicos
han considerado el riesgo de autodestrucción de la humanidad por la vía de una
guerra nuclear es cada día más alto.
Hoy no solo las potencias tienen armas nucleares, Inglaterra, Estados
Unidos, Rusia, China, Francia, Israel, Corea del Norte y probablemente Irán
cuentan con armas nucleares. Un ataque
entre Rusia, Estados Unidos y China podría acabar con la vida en el
planeta. Y en estos tiempos, la presión
de Corea del Norte por obtener alimentos y prebendas de sus vecinos ha
incrementado la carrera armamentista de esa sometida nación, que sólo espera
que las potencias vecinas decidan ponerle un hasta aquí, lo cual significará
una nueva guerra que parece inevitable en Corea. Guerra que tendrá que manejarse con pinzar
para no molestar al gigante amarillo que también ha movido sus piezas para
incrementar su zona de influencia e incluso su zona de exclusión marítima en
perjuicio de sus vecinos.
Definitivamente si Trump gana la presidencia
de los Estados Unidos veremos un incremento en el riesgo nuclear. Su ignorancia
demostrada con frases como ¨Para que queremos armas nucleares si no las vamos a
usar ¨, demuestra que para él como presidente será mucho más fácil apretar el
botón.
Dejemos la posibilidad de autodestrucción por
guerras. La falta de atención al calentamiento global va a provocar cambios significativos
en las zonas de cultivo mundial, lo cual a su vez puede provocar hambrunas y
guerras por agua entre naciones. Adicionalmente existe el peligro de que virus
desconocidos que hayan permanecido congelados los últimos treinta mil años,
aparezcan de nuevo en las zonas de deshielo, lo cual a su vez eleva el riesgo
de enfermedades a nivel global para las cuales no estamos preparados. También
existe la posibilidad de alguna pandemia global generada por mutaciones de
algún agente patógeno o no, que pueda convertirse en mortal.
El riesgo de invasión extraterrestre en el
corto plazo es prácticamente nulo, pues todavía no han llegado las señales de
nuestra civilización ni a las estrellas más cercanas. Así que en caso de
existir alguna civilización extraterrestre, todavía no sabe de nosotros, y si a
eso le aunamos la cantidad de años que tendrían que viajar, se nulifica el
riesgo.
El caso del choque de mundos, también es
remoto, pues a pesar de que sólo se ha clasificado una mínima parte de los
objetos cercanos a la tierra que puedan presentar un peligro potencial, la
antigüedad de nuestro sistema solar, permite estimar que objetos errantes debe
de haber muy pocos, y menos aún del tamaño como para causar una catástrofe
global.
A largo plazo el crecimiento sin medida de la
población puede también ocasionar enorme sufrimiento en la humanidad, pero la
experiencia de la historia demuestra que sufrirán y morirán los débiles
mientras que los fuertes seguirán su lucha por la supervivencia. Sin embargo es
claro que las religiones tendrán que cambiar sus dogmas adaptándolos a la nueva
situación del planeta, y en caso de no hacerlo, admitir que sus respectivos
dioses, desean que la humanidad se multiplique sin importar el sufrimiento que
a ella misma se le imponga con ese crecimiento desmedido.
En realidad, los peligros con que podemos
contar son dos, la proliferación del armamento nuclear, y el descuido al medio
ambiente y al cambio climático. En
contra de las armas nucleares la población del mundo podría presionar a los
líderes de las naciones que cuentan con dichas armas para se reduzca a una
cantidad tal que si hubiera guerra nuclear no desaparezca nuestra civilización,
y en su caso erradicarlas totalmente.
En cuanto al cambio climático, también habría
que crear conciencia para que los líderes de las naciones apliquen políticas
mucho más rígidas que lo prevengan, antes de una catástrofe planetaria. En amas
soluciones una ciudadanía (que exista, que no sea pueblo nada más), información
e involucrarse en la solución de estos problemas podría garantizar que nuestros
tataranietos continúen reinando sobre la faz de la tierra.
