* Pepe
Yunes puede esperar * De la derrota a la
segunda campaña * Peor que Javier
Duarte * Sus amigos, taxistas violentos * Pide seguridad y sus parientes son falsos
policías * Josefina con Yunes azul * Revertirá Miyuli donaciones ilegales * Marcha por la Paz en Coatza * Contra la violencia, no contra los
matrimonios igualitarios * Habrá más
despidos en Diario del Istmo.
Mussio Cárdenas Arellano |
15 septiembre de 2016
Tribuna Libre.- Humillado en la elección, con la derrota en
el alma, Héctor Yunes es un símil de Javier Duarte: no respeta reglas, no
respeta tiempos, no respeta pactos, no respeta a Pepe Yunes, el otro senador.
Lo suyo es la traición.
Desatado va al norte y al sur, a la montaña y
a la costa, empeñado el senador en que si ya fracasó en su empeño de ser
gobernador de Veracruz, nadie le impedirá contender de nuevo y terminar de
hundir a su partido, el PRI.
Reparte sueños Héctor Yunes y pregona lo que
los incautos quieren escuchar. Habla de vacas y leche, de inversión, de
beneficio social, de realizar el milagro de la seguridad, el desarrollo que en
12 años no aterrizó en la sociedad.
Lo circundan los repudiados de siempre, un
cacique sindical como Pascual Lagunes, en Tamsa, o un ex alcalde denostado como
es Balfrén González Montalvo, en Álamo.
Su campaña no terminó el 5 de junio. Sigue.
Se reedita el choleño, apabullado por el voto de los veracruzanos a quienes el
factor Duarte —corrupción, quiebra y violencia— convenció de que cualquiera, ya
fuera Miguel Ángel Yunes Linares, del PAN-PRD, o Cuitláhuac García, de Morena,
eran opción infinitamente superior a la continuidad de la fidelidad duartista.
Ha seguido Héctor Yunes, a trompicones y
caídas, mal visto por los priistas que saben que lo suyo es el guión de una
novela en decadencia, el frustrado con ínfulas de Mesías y la ambición a flor
de piel.
Habló el día de la elección de cifras que lo
favorecían y horas después prefirió callar. Habló de encuestas de salida que
eran treta y embuste, números maquillados para ir aterrizando el sonoro
descalabro electoral que provocó la alternancia y la llegada por primera vez en
80 años de la oposición al gobierno de Veracruz.
Terminaba el día con un revés más. Así como
las encuestas de salida no lo favorecían, el conteo rápido menos. Y entonces
llegó el silencio.
A la mañana siguiente, el 6 de junio,
tácitamente reconocía su derrota. Los números no le daban el triunfo. La
debacle priista comenzaba a tomar forma. Pasaba Héctor Yunes a la historia como
el primer candidato priista en perder una gubernatura. Ni Javier Duarte tuvo
ese honor.
Siguió el discurso de la frustración. Si algo
había que pelear, sería en los tribunales. Y ahí volvió a perder.
Volvió al Senado de la República y desde ahí
inició su segunda campaña, recorriendo Veracruz, inaugurando obras en
municipios. Habla de gestiones y progreso. Habla de acciones para lograr
justicia social.
Camina como si no existiera pacto con Pepe
Yunes Zorrilla, el otro senador por Veracruz, al que debía dejar pasar para la
contienda de 2018 cuando la gubernatura vuelva a ser de seis años.
Pepe Yunes le diseñó la candidatura. Cabildeó
en el PRI nacional, entre el círculo cercano al presidente Enrique Peña Nieto,
con Meade y Videgaray, entre las fuerzas priistas de Veracruz. Y lo sumó al
frente que impidió a Javier Duarte imponer a su sucesor.
Había un pacto. Ya no lo hay.
Fue Héctor Yunes por la de dos años y sería
Pepe Yunes el que iría por la de seis en 2018.
Pero gusta de traicionar.
Vocifera que el pacto nunca consideró la
derrota. Y como perdió la elección va por su segunda felpa, repudiado por
aquellos que lo escucharon decir que Héctor Yunes representa el cambio para
Veracruz, que vieron la farsa de las encuestas que ubicaron seis puntos arriba
de Yunes azul, que usó el embuste de las promesas, como las de su campaña a
senador que hasta la fecha no aterriza.
Camina solo Héctor Yunes, a velocidad de
ráfaga rumbo a otra derrota electoral, fracturando las estructuras del PRI,
lanzando señales que dividen, promoviendo que la oposición en Veracruz crezca y
se fortalezca ante el caos que se vive al interior del tricolor.
Por hueco, su discurso es intragable. Habla
de progreso cuando Veracruz se halla en virtual quiebra, saqueadas las arcas, a
la baja la calificación crediticia, sin que haya bancos que le quieran prestar
al gobierno que se va y al que está por venir, acusado el gobernador Javier de
Duarte por la Auditoría Superior de la Federación del desvío de 35 mil millones
de pesos y los 15 mil que están por venir.
Y así dice Héctor Yunes que el progreso para
Veracruz ya toca a la puerta.
Ni sus arengas contra Javier Duarte le creen
dentro y fuera del PRI, ni sus tuits en que lo responsabiliza de la derrota.
Menos cuando en el imaginario colectivo persiste aquella frase lapidaria que lo
selló: “Javier Duarte es mi jefe político”.
Exaltaba además los talentos financieros de
Javier Duarte, su habilidad para el manejo del dinero, los éxitos que estaban
por llegar. Y sí, los talentos del gordobés se transformaron en mansiones en
Woodlands, España, Valle de Bravo, Zihuatanejo, Prado Norte, Polanco y Mazarik.
Llega al sur y dice en Coatzacoalcos que el
tema de la violencia es lo suyo, que pugnará porque el Mando Único Policial
cumpla. ¿Sabrá que se implantará el Mando Mixto Policial en todo el país, según
acuerdo del Congreso de la Unión?
Llegó a Coatzacoalcos y lo acuerparon los
taxistas belicosos de los días de la tragedia priista, el 5 de junio, cuando
por primera vez en PRI perdió una elección de gobernador en Veracruz.
Lo recibe Moisés Carrillo de la Cruz, que de
líder nada tiene, descalificado en redes sociales, entre el gremio, trepado en
la Alianza de Taxistas de Coatzacoalcos, cenopistas todos.
Y dice Moisés Carrillo que es necesario que
el senador interceda para que la seguridad llegue a Coatzacoalcos, vía las
fuerzas federales.
Carrillo también es cínico. Fan de la
violencia, del destrampe, de la arbitrariedad, se le vio el día de la elección
con su personalidad real, la del vándalo que agrede y amenaza, la del truhán
que increpa y agravia.
Con su gente, arremetió contra el vehículo en
que se hallaba el senador Fernando Yunes Márquez. Lo insultó, lo retó, lo
amagó.
Y luego, cuando salía de la sede de la PGR,
Moisés Carrillo encabezó la hueviza contra la camioneta del senador, hijo de
quien hoy es gobernador electo de Veracruz, Miguel Ángel Yunes Linares.
Habla de seguridad y violencia Héctor Yunes y
no de corrupción, tráfico de influencias y abuso de autoridad.
Nada dice del que fue su peor escándalo en
campaña: sus hermanos, padre y sobrino en la nómina del instituto de la Policía
Auxiliar y Protección Patrimonial (IPAX).
Aparecen en las fichas de control para poder
detentar permisos de portación de armas. Son policías de oropel, falsos
policías, policías de fotografía y nada más.
Decía Héctor Yunes que la revelación de
INFORME ROJO era una perversidad. Calló cuando se le exhibió el oficio donde
consta la asignación de armas, marca, matrícula y municiones.
Padre y hermanos asignados como “escoltas del
senador”. Con su disfraz de policía, don César Yunes Faisal y sus hijos César y
Rafael Yunes Landa exhibían la miseria política de Héctor Yunes.
Perverso es usar las instituciones para
obtener permisos de portación de armas sin ser policías, el IPAX, su
comisionado, Fernando González Ortiz, engañando a la Secretaría de la Defensa
Nacional, burlando el procedimiento de ley.
Y así habla de combatir la inseguridad.
Nada respeta Héctor Yunes. Ni la inteligencia
de los veracruzanos, ni las reglas entre los priistas, ni los tiempos, ni los
pactos, ni a Pepe Yunes y su acuerdo. Es igual a Javier Duarte.
Lo suyo es la traición.
Archivo
muerto
Marchan por la paz, por la seguridad, por la
no violencia. No marchan contra los matrimonios igualitarios, contra las
uniones entre parejas del mismo sexo. Marchan sobre el malecón de
Coatzacoalcos, de blanco y sin alardes, exigiendo paz y acciones de gobierno que
limiten la impunidad de la delincuencia. Parten de la Plaza de la Pirámide —la
ex Pirámide Olmeca de Marcelo Montiel, el sábado 10— y en su recorrido exhiben
pancartas, cartulinas con reclamos de justicia, conminando al gobierno a asumir
su rol, a cumplir con la garantía constitucional de seguridad. Es silenciosa
pero hay quien eleva la voz. Portan una bandera nacional. Llegan al parque de
los Niños Héroes y lo inunda la mancha blanca. “No basta hablar de paz, hay que
creer en ella, hay que trabajar para conseguirla”, refiere uno de los oradores
en la crónica de Juanita Guzmán. “Hoy nos hemos manifestado de manera pacífica
con el propósito que nuestros reclamos sean escuchados por las autoridades
competentes (…) ¡Ya basta de violencia, ya basta de secuestros ya basta de
impunidad!”, dice. Es el reclamo airado que habla por el que ya fue levantado,
por el que paga cuota, por el sufrió un secuestro, por el que vive aterrado por
el temor al levantón. Y agrega: “La sabiduría popular dice que el pez se pudre
por la cabeza y efectivamente así sucede: cuando la cabeza de un gobierno se
encuentra tan corrompida como se sospecha lo está el gobierno de nuestro
estado, esa corrupción acaba por contaminar a todo el cuerpo”. Y abordaron el
tema de la corrupción policíaca, del jefe que se enriquece y ostenta lo que
tiene, de la vida de oropel y tener a su alcance “carretadas de dinero,
entonces pues es normal que a ellos también (a los policías) se les antoje
participar de ese jugoso negocio de la corrupción”. Es una marcha digna, de un
pueblo que vive el hartazgo que provoca saber que hay violencia porque la
permite el gobierno, porque la gestó Javier Duarte, porque le vino de maravilla
al falso general Arturo Bermúdez pues así lucraba más con sus empresas de
seguridad privada. Es una marcha por la paz y contra la violencia. Así fue la
de Coatzacoalcos. En otras partes del país, la Iglesia salió a retar a Peña
Nieto, a cobrarle que enviara al Congreso federal su iniciativa para reformar
la Constitución y validar los matrimonios entre personas del mismo sexo. Un
millón y medio protestando son un millón y medio de votos contra el PRI en la
elección presidencial en 2018… Así que entre Josefina Vázquez Mota y Miguel
Ángel Yunes Linares había rencores y profundas heridas, que Yunes azul la
traicionó en la campaña presidencial de 2012. Fue uno de tantos rollos lanzados
por los bots duartistas en Twitter y las chulenovelas y los ginacuentos en
correos electrónicos y Facebook para darle categoría de traidor al entonces
candidato del PAN-PRD al gobierno de Veracruz. Josefina Vazquez Mota fue la
figura del foro organizado por la Universidad Veracruzana en Coatzacoalcos para
la elaboración del Plan Veracruzano de Desarrollo, el lunes 12. Dijo ahí: “O
hacemos ciudadanos fuertes y capaces o tendremos habitantes débiles sin
capacidad para las grandes batallas y la formación ciudadana nos urge en
México”. También expresó que la primera línea de impunidad pasa por la familia.
De ahí que haya “lords” y “ladys”, en alusión a quienes agravian a los demás.
Expresó que la inseguridad, impunidad y corrupción reducen la libertad de la
sociedad. “Cuando una ciudadanía pide las certezas básicas de su vida cotidiana
esa ciudadanía lo que empieza a tener primero es miedo, después frustración,
después un enorme coraje, después una gran angustia y después todos estos
sentimientos juntos”, agregó… A revisión las donaciones-regalo de Javier Duarte
a amigos y cómplices. Detectarán si hubo dolo —y lo hubo, como es del caso del
predio entregado a la asociación filantrópica del hermano del diputado Eduardo
Sánchez Macías, dueño de los Heraldos, el consorcio periodístico aplaudidor del
gordobés— y se revertirá la entrega de terrenos propiedad del gobierno de
Veracruz. Otro elemento más para Miguel Ángel Yunes Linares para despedazar a
Javier Duarte, exhibir su voracidad, el saqueo a Veracruz, los bienes de los
veracruzanos entregados a la pandilla cómplice. “Que se frene todo este proceso
fuera de la ley de donación de bienes a particulares cercanos al gobernador como
el caso de los Sánchez Macías y todas estas familias cercanas a las que
pretenden donarle bienes del estado o pagarles cantidades millonarias como
pretende pagarle a Soriana casi 500 millones de pesos que nadie sabe de dónde
vienen”, dijo el gobernador electo antes de iniciar el foro organizado por la
UV para la elaboración del Plan Veracruzano de Desarrollo, en Coatzacoalcos,
este lunes 12. Y luego habló reconstruir las instituciones desde la figura del
ayuntamiento hasta los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, sin tener un
Congreso servil como el que acompaña a Javier Duarte en la quiebra de Veracruz.
E hizo el retrato de ese modelo de gobierno: “Gobiernos que hicieron del poder
ejecutivo un poder feudal, más que virreinato. Que no tuvieron ningún balance
en el poder legislativo ni en el poder judicial. Gobiernos que gobernaron
incluso a nivel municipal, que destruyeron la autonomía municipal. ¿Cuál es la
consecuencia de todo esto? La consecuencia de todo esto es la crisis que
vivimos, es la pérdida de valores en el ejercicio del poder público, pero es
también la pérdida del control en el ejercicio del poder porque no hubo quien
estableciera límites, no hubo quien dijera hasta aquí al ejercicio absoluto del
poder”. Y arremetió también contra el Poder Judicial: “está en manos del
ejecutivo y en manos de la corrupción, un poder judicial que se olvidó de su
responsabilidad de aplicar la ley”… Se fue José Luis Pérez Cruz y antes Irma
Santander, Yadira Castillo y Federico Lagunes Peña. Dejan Diario del Istmo
acorde con los tiempos que están por venir, convenios publicitarios de bajo
precio, Pérez Cruz por resultarle incosteable a los Robles, dueños del
consorcio periodístico, el fallido proyecto televisivo de DI Noticias que sale
de la televisión de paga y por un tiempo más se le mantendrá en internet;
Pulgoso Lagunes sancionado por el borrachazo del Trocadero en el que saturó de
alcohol a Javier Robles Barajas, a sabiendas que él no puede beber, rematando
con una llamada de madrugada al jefe del Clan de la Succión, José Pablo Robles
Martínez, que fue la gota que derramó el vaso. Alguien más está por salir del
rotativo y no regresar más. ¿Una pista? Es mujer…
