Samuel Aguirre Ochoa | 14 octubre de 2016
Tribuna Libre.- Ya renunció como Gobernador
el Doctor Javier Duarte de Ochoa, los diputados nombraron como Gobernador
interino al Doctor Flavino Ríos Alvarado y se hicieron algunos reacomodos en
las áreas de gobierno. Los veracruzanos deseamos que las cosas mejoren en el
estado para bien de todos los ciudadanos que lo habitamos. Deseamos también que
se aclaren las cuentas y, de ser cierto que hubo desvíos de recursos para los
bolsillos de funcionarios de la actual administración se castigue a los
responsables, se recuperen dichos recursos y se inviertan en obras de beneficio
común.
Pero no hay que perder de
vista que la sexagésima tercera Legislatura del Estado aprobó un presupuesto de
98 mil 534 millones 7 mil pesos, recursos que deben terminar de ejercerse de
manera clara en lo que resta del año, pues los mismos vienen etiquetados en
diferentes fondos, que comprenden determinado tipo de obras. Y ya se ha dicho
muchas veces que tales partidas federales no deben ser desviadas, es decir, no
deben ser utilizadas para tapar hoyos a cambio de destapar otros. Pues de
seguirse con esta práctica no se habrá avanzado mucho con el cambio de
Gobernador.
Los dineros que vienen
programados para el campo deben ser utilizados en beneficio de los campesinos,
los programados para infraestructura carretera o pavimentación de calles tienen
que invertirse en esos rubros, los que vienen para educación deben ejercerse en
este sector, lo mismo en electrificación rural, apoyos a la vivienda, etc.
Sostengo que no hay que perder de vista este asunto, porque se observa una
parálisis casi total en las dependencias estatales, los funcionarios de nivel
medio y superior están despreocupados por concluir los trabajos que están en
proceso o que deben iniciarse en este momento, y algunos que algo están
haciendo, alegan que los asuntos no avanzan por culpa de la Secretaría de
Finanzas. Ojalá y el Gobernador interino logre reactivar la maquinaria en las
distintas Secretarías, para que se retome el trabajo y, sobre todo, los dineros
del presupuesto que quincenalmente envía la Federación se inviertan
correctamente.
Los antorchistas
veracruzanos estaremos muy pendientes de este tema, para que los recursos se
inviertan en beneficio de todos los sectores, poniendo particular énfasis en
aquéllos que viven en pobreza. En la siguiente administración haremos lo mismo,
exigir que los recursos del erario se inviertan en obras y acciones en
beneficio del pueblo trabajador.
También quiero llamar la
atención sobre el tema de la corrupción del que tanto se habla todos los días
por los principales actores de la vida política estatal y nacional.
Prácticamente todos sostienen que acabarán con ella, con lo cual los problemas
del país quedarán resueltos y todos viviremos un mundo de felicidad. Al
respecto sostengo, como ya lo he dicho en otras ocasiones, que la corrupción es
un fenómeno inherente al modelo económico que prevalece en México y en la mayor
parte del mundo, es un fenómeno que el sistema capitalista de producción lleva en sus entrañas; la corrupción es una
especie de lubricante que le permite subsistir a este sistema, en el cual unos
cuantos poderosos se han adueñado de los medios de producción de bienes y
servicios, se han adueñado de la riqueza nacional, dejando a las grandes
mayorías en la pobreza; un sistema en el cual, si los obreros no quieren morir
de hambre tienen que vender su fuerza de trabajo a los dueños del capital a
cambio de un miserable salario cuando bien les va, porque de todos es conocido
el enorme desempleo que existe en el país; un modelo económico concentrador de
la riqueza, que mantiene en la miseria a millones de campesinos, colonos,
indígenas, etc.
Sostengo que los políticos
que no hablan de la necesidad de cambiar este modelo económico están engañando
al pueblo. Dicho modelo económico está regido por leyes de carácter objetivo,
que tiene una dinámica propia y una existencia independiente a la voluntad de
las personas. Que la única forma de que cambie la suerte de la población
veracruzana y del país entero, reside en cambiar dicho modelo económico por
otro, en el que la riqueza se distribuya de manera más equitativa. Y que esta
acción no la llevará a cabo un político aislado. Esta transformación social
sólo puede llevarla a cabo el pueblo trabajador organizado y politizado, que
tenga claridad de cómo funciona dicho modelo económico y que cuente con las
herramientas teóricas para la construcción de otro modelo que supere al actual.
Por tanto, respondiendo a la
pregunta sobre qué sigue después de la renuncia del Doctor Duarte de Ochoa, la
respuesta que puede adelantarse, es que no se verán grandes cambios, a menos
que los trabajadores se organicen y exijan lo que por derecho les corresponde:
una distribución más equitativa de la riqueza nacional.
