José
Miguel Cobián | 19 agosto de 2017
Tribuna Libre.- La frase de Bill Clinton en aquélla ocasión
fue muy clara: ¨Es la economía, estúpido¨.
Exitosa campaña en 1992, que le valió ganar la elección presidencial y
que se asegura proviene de uno de sus principales asesores, James Carville. Mientras George H. W. Bush (padre), se
dedicaba a tocar otros temas, Clinton le prestó más atención a la economía, que
era la verdadera preocupación de los americanos en esas fechas, a raíz del
enorme déficit que habían dejado la primera guerra del golfo, a pesar de que
fue un éxito para USA, así como el supuesto fin de la guerra fría.
Hoy, podríamos parafrasear a Clinton y
decirle a los asesores de presidencia de la República que ¨Es la corrupción
estúpido¨. Allá en las alturas del
Olimpo, los asesores del presidente le han susurrado al oído que tiene muchos
logros para poder demostrarle a los ciudadanos que su sexenio ha sido
exitoso. Comienzan con el as bajo la
manga, de presumir que es el sexenio dónde más ex gobernadores están tras las
rejas. E incluso podrán presumir que
algunos comenzaron sus fechorías durante el sexenio de Calderón, y mientras el
PAN no hizo nada en contra de ellos a pesar de ser de mayoría priísta, el
propio gobierno federal emanado del PRI los tiene a la sombra. También promoverá como éxito el crecimiento
de empleos, el tránsito por la crisis del 2016 sin mayores sobresaltos para la
economía mexicana, y las historias de
siempre, de infraestructura construida, y todo eso que a los mexicanos no les
interesa e incluso les aburre.
Ese grupo de asesores no se ha dado cuenta de
que el pueblo de México está ahora un poco más harto de lo que estaba hace seis
años, con la gran diferencia que la mayoría de los mexicanos han sido testigos
que opinan y aseguran que la corrupción de este sexenio es similar a la del de
José López Portillo, con la consiguiente impunidad para aquéllos que son
cercanos al círculo de poder. De ahí el
gran éxito del discurso de López Obrador, que sin dar más explicaciones, ni
tener en su discurso una sola línea de cómo va a lograrlo, el sólo hecho de que
condene la corrupción de la ¨Mafia en el poder¨ es suficiente para atraer a las
masas que poco analizan las propuestas y se guían tan solo por frases que
reflejen sus propios intereses.
El pueblo de México hoy es más educado, más
consciente de que los abusos de poder afectan a todos. Es un pueblo que como
dijo Colosio en su momento, está ávido de justicia. Sabemos que el aparato de justicia mexicano
es corrupto, que la procuración de justicia sirve a intereses ajenos a los de
la Nación. Que muchas fuerzas de seguridad
están coludidas con el crimen organizado, que somos víctimas de una impunidad
que permite que cualquier funcionario nos extorsione, que nos amedrenten con
una aplicación desviada de la ley, que se usa como arma de venganza o de gracia
política. Estamos conscientes de que
quien comete un crimen de cualquier tipo saldrá impune, por eso cada vez más
hay grupos numerosos que se animan a violar la ley.
La colusión entre funcionarios de todo tipo y
maleantes ha llegado a extremos brutales de cinismo. Lo mismo nos enteramos de que un
subsecretario de seguridad pública en Puebla está vinculado con un líder
huachicolero (llevando las sospechas a niveles de ex gobernadores), que un
Fiscal estatal sea el coordinador del narcotráfico en su estado, o que un
secretario de seguridad pública esté vinculado con criminales en otro
estado. Y eso sin comentar la
indignación que hasta el día de hoy causa la relación del presidente de la
República con las grandes constructoras del sexenio, relación que no se ha visto
afectada ni por denuncias, ni por descubrimientos de corrupción, colusión y mal
trabajo realizado. Bueno, ni siquiera el
criminal socavón de la autopista de Cuernavaca ha llevado a nadie a rendir
cuentas ante la justicia. A pesar de que
a ojos de los mexicanos queda claro el nivel de corrupción en la SCT, el
titular sigue tan campante…
La indignación nos tiene hasta la madre. Esa es la verdadera expresión. Los mexicanos estamos hasta la madre de tanta
corrupción y cinismo de nuestras autoridades.
Estamos hartos de que existan leyes que nadie aplica. De funcionarios
que no atienden a la población porque están ocupados encima de su ladrillo,
disfrutando de las alturas y alcances que les otorga su puestecito o puestesote
según el caso.
El gran tema de México es la corrupción e
impunidad. Tema que no van a opacar unos cuanto ex gobernadores en
prisión, pues para los mexicanos, por
cada ex gobernador preso, hay mil funcionarios que también deberían de estar
acompañándolo, así que nos suena a ¨taparle el ojo al macho¨ con algún pez
gordo, en lugar de un combate frontal.
Al grado de que vemos a un congreso federal cómplice, que no designa a
un fiscal anticorrupción, que no modifica las penas para que sean equivalentes
a cualquier delito similar cometido por un particular. México está harto de que los políticos hagan
negocios a costillas de los mexicanos.
El gobierno cada día pierde mayor
legitimidad, y con ello, el respeto a las normas por parte de los
ciudadanos. Ningún corrupto pude exigir
el cumplimiento de una ley que el propio corrupto no cumple. Ese es el criterio de más y más
mexicanos. Por eso el gran desprecio
entre población y servidores públicos.
El rechazo cada vez es mayor, en lugar de verse unos como ciudadanos que
merecen atención y los otros como funcionarios que merecen respeto y
reconocimiento por su labor al servicio de los demás.
¿Hasta dónde quiere llegar señor
Presidente? ¿Hasta dónde señor
gobernador? Alcalde: ¿No te basta con el desprecio de tus gobernados por tus
actos de corrupción por todos reconocidos?
México no puede continuar así.
La clase gobernante piensa que podrán manipularnos y saquearnos para
siempre… ¡Cuidado! Podemos tomar decisiones de las cuales nos
lamentemos después, pero también, quien no arriesga, no gana. Tenemos la opción de seguir como vamos, o de
cambiar de carril a ciegas. Y no nos
gusta seguir como vamos.
