José
Miguel Cobián Elías | 07 mayo de 2018
Tribuna Libre.- Hoy que amanecí reflexionando sobre el futuro
de nuestro país. En esta temporada de
elecciones, me he dado cuenta de que cada uno defiende a su candidato sin
conocerlo verdaderamente. Sobre todo a
los dos nuevos. Se defiende porque cada
quien trae una camiseta. Sin importar
analizar sus cualidades o defectos. En
muchos casos la pasión va unida a la conveniencia. En otros a la desesperación,
en algunos más al rencor. En muchos a la
esperanza. Pero esa esperanza puede o no
estar fundada.
Sin embargo, es en el futuro de nuestro país,
en el bienestar del resto de nuestros hermanos mexicanos, en esto es en lo que
pocos pensamos. Ni los que buscan el bien común lo hacen, ni los que buscan el
bien de todos lo hacen. Se trata
simplemente de argumentar a favor de la camiseta que traemos puesta, queremos
ganar, no importa que pierda México. Es
tal la orfandad del mexicano, que el ser simpatizante del PRI, del PAN, de
Morena… sin una verdadera reflexión, los
hace luchar por esos partidos, cuando realmente para esos partidos políticos y
sus dirigentes, no representan nada.
Esa orfandad, esa soledad que urge a buscar
formar parte de algo más grande, en este caso el futuro de nuestro país, o una
organización política es la que mueve a muchos a traicionar sus propios
ideales, a vivir la elección con pasión, cuando a fin de cuentas, a ese partido
que tanto defiende no le importa en o más mínimo su defensor.
Es tal la manipulación a que nos vemos
sometidos, que cuando se hacen análisis demográficos respecto a la distribución
de las simpatías partidistas, se perciben agrupaciones en dónde toda la cuadra,
toda la colonia, tiene simpatía por el mismo candidato. Es decir hay incluso una presión social a la
cual muchos se someten, someten sus ideales y su verdadera esencia con tal de
encajar en el grupo social.
Disculpo al ignorante, al mal informado, al
manipulado, que de eso hay mucho en el país, por su falta de capacidad para
buscar información, analizar y tomar una decisión basada en hechos reales. Lo disculpo porque vivimos inmersos en un
mundo de desinformación, mensajes falsos, medias verdades, y mentiras
completas.
Al que no disculpo es al informado, al que
conoce como funciona la política, el que tiene acceso a información para
definir quien es el mejor o el peor candidato, y que aún así, traiciona a su
patria, traiciona a su familia, traiciona a sus ideales, se traiciona a sí
mismo, con tal de percibir un sueldo, de quedar bien con quien le paga, o con
congraciarse con quien espera que le pague un sueldo una vez que triunfe el
falso ídolo.
Si alguna duda tenía de que los mexicanos
tenemos los gobiernos que merecemos, basta ver las grandes concentraciones y
acarreos de los candidatos oficiales en los estados. El dispendio y el gasto excesivo están a la
vista de todos. Sin embargo, lo más
terrible es el tráfico humano, el tráfico de conciencias. La manipulación surte efecto porque hay quien
se deja manipular. El tiempo es lo más
valioso que tenemos, porque se nos acaba, y sin embargo, cuántos seres humanos
son movilizados para satisfacer el ego de un candidato. No es lo mismo acudir por propia voluntad
que acudir a un evento político obligado, movilizado como ganado. Y sin embargo, para muchos mexicanos es lo normal. Ayer por un partido, hoy por otro. Reduciendo su dignidad y su humanidad a
simple objeto para llenar una calle o una plaza. Los demás, lo vemos y lo consideramos
normal, o incluso, algunos, aquéllos que simpatizan con el mismo color, hasta
lo aplauden. Esos que ayer lo señalaban
como algo incorrecto, hoy se emocionan.
Ni modo, es la manera de hacer política en este país.
Escucho a personajes cercanos a los tres
candidatos, y uno de ellos es el peor riesgo que puede correr el país. Tiene antecedentes de traicionero, de
corrupto, de haber pisado a todos aquéllos quienes lo ayudaron a avanzar en su
partido político, y sin embargo, veo a muchas buenas conciencias, a muchas
personas que supuestamente han luchado a lo largo de su vida por la ética y por
el bien común, emocionados porque ya lo hicieron su candidato y tiene alguna
remota posibilidad de ganar. ¿Dónde
quedó la ética y la moral de la que presumían me pregunto? Después me contesto que simplemente en su
imaginación.
Yo tengo mi propio criterio sobre quien
votar, pero ha sido producto de la reflexión, para llegar a algo brutalmente
penoso. En lugar de pensar en votar por
el mejor, comienzo a pensar en votar por aquél que impida que quien pienso es
lo peor para el país pueda llegar a ganar.
Así de mal estamos, pasamos de un ideal de votar por el mejor, a pensar
en votar por el menos peor, y hoy buscamos el voto útil, unos fruto de la
reflexión para prevenir un mal mayor para el país, al dejar el mando en manos
inexpertas y sin escrúpulos. Mientras
otros sucumben víctimas de la propaganda del miedo y se oponen ya sea a un
verdadero cambio, que es el que representa otro de los candidatos, o a una
continuidad mediocre, pero cuando menos en manos de alguien preparado y sin los
antecedentes de ambición y traición del otro candidato.
México no es un país modelo, salvo para dar
clases de lo que no debe de hacerse para avanzar en una república. Sin embargo, los mexicanos nos empeñamos en
nuestra soledad y orfandad en convertirlo en algo aún peor. En mi municipio y mi estado, nos hemos
equivocado muchas veces, más de las que hemos acertado en escoger a los
gobernantes. Parece que es una epidemia
nacional. Parece que somos masoquistas y
siempre buscamos lo peor.
