“El
Niño Dios te escrituró un establo y los veneros del petróleo el diablo”
Ramón
López Velarde
Dr. Hilario Barcelata Chávez | 16 julio de
2019
Tribuna Libre.- Los estados productores de petróleo en México
se encuentran hundidos en una profunda crisis económica debido a la caída
sistemática de la producción de petróleo. Particularmente porque esta actividad
representa una de las fuentes más importantes de generación de riqueza estatal.
Los estados productores de petróleo son, en
orden de importancia, Campeche que contribuye con el 83% de la producción
nacional, esto es, 553.2 millones de barriles anuales (mdb); Tabasco que
participa con el 11% (72.9 mdb); Veracruz con el 4.6% (30.5 mdb); Chiapas con
el 0.7% y Tamaulipas con un 0.6%.
De 2012 a 2018, la caída de la producción de
petróleo en estos estados fue escandalosa. En Campeche se redujo un -21%, en
Veracruz un -29%, en Tamaulipas un -34%, en Tabasco -54% y en Chiapas un -71%.
Esto representó una reducción de la producción de 144 millones de barriles en
Campeche; de 85.2 millones en Tabasco; de 12.5 millones en Veracruz; de 11.7
millones en Chiapas y de 1.9 millones de barriles en Tamaulipas.
Esta caída de la producción propició que las
economías estatales petroleras y petrolizadas, registraran, en algunos casos,
una caída de su Producto Interno Bruto Estatal (PIBE) y en otros, un muy escaso
crecimiento. Así, Campeche mostró una reducción del -26% en su PIBE de 2012 a
2018. La misma situación se vivió en Tabasco donde la economía estatal se
contrajo un -17% y en -Chiapas donde la reducción fue de -2%. En Veracruz la
crisis petrolera no generó una caída del PIBE, pero si un mediocre crecimiento
de 4%. Muy lejano a la expansión que experimentaron, en ese mismo período,
otras economías estatales como Baja California Sur que creció 45%,
Aguascalientes 40%, Quintana Roo 33% y Guanajuato y Querétaro 28%
respectivamente.
De igual manera, debe puntualizarse que la
contracción de la producción petrolera generó una importante caída en la
producción del Sector Industrial de los estados petroleros, que es el que mayor
capacidad tiene para generar riqueza, empleo formal, y el que mejor y más puede
contribuir al crecimiento económico estatal. En este caso, la caída fue del
-34% para Chiapas, -29% para Campeche, -26% para Tabasco y -11% para Veracruz
en el mismo período 2012-2018.
Como es posible observar, el petróleo ha
dejado de ser una fuente de riqueza y su producción se ha convertido en un
lastre para los estados que históricamente ha participado en esa actividad, y
en los cuales se volvió una actividad predominante al extremo de impedir su
diversificación productiva.
Durante los años de grandes descubrimientos
de pozos petroleros, expansión de la demanda mundial del hidrocarburo y precios
internacionales de petróleo crudo crecientes, los estados petroleros mostraron
un crecimiento impresionante. Pero no diversificaron, no se modernizaron, no
crearon actividades paralelas de igual importancia. Creyeron que el auge
petrolero sería para siempre y se equivocaron en la apuesta.
Para colmo esto pasa en estados con economías
locales atrasadas, basadas en las actividades primarias produciendo bienes con
baja intensidad tecnología y orientados a mercados internacionales que se
cerraban (azúcar, café, ganado) o de baja productividad y rendimiento por el
escaso uso de tecnología (maíz, frijol, etcétera.) y sin conectarse con nuevos
productos a los nuevos amplios circuitos del mercado mundial y las cadenas
productivas internacionales. Estructuras productivas arcaicas que no tienen
nada que ofrecer al comercio exterior o a la inversión extranjera y por lo
mismo, están viviendo a espaldas de la realidad, con un aparato productivo que
pertenece a una época que ya no existe, yaciendo inermes frente a la crisis
económica que viven desde que el petróleo entró en crisis y acumulando más y
más pobres, o, por lo menos, sin capacidad para poder reducir su número, porque
no existen medios alternativos para producir riqueza que no sea ese .
Hoy la producción de petróleo sofoca, asfixia
a los estados petroleros, confirmando aquello de que los veneros del petróleo
los escrituró el diablo.


