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jueves, 12 de diciembre de 2019

Informe rojo… Veracruz: las mutiladas, las levantadas, las mujeres violadas


* Cuitláhuac: sus cifras, sus cuentos  * La masacre sigue  * Año de Cuitláhuac, año de muerte  * Felipe Rodríguez y sus 25 bufones  * El priista que solapa a Morena  * El regidor, el asalto, el mensaje  * Benito Soriano y el apretón  * PAN: minibancada del Chapito en el Congreso  * Agua Dulce: el alcalde, la ficha informativa y el líder del CJNG


Mussio Cárdenas Arellano | 12 diciembre de 2019
Tribuna Libre.-Emana un olor a muerte. Y en el contenedor de basura, fragmentado, yace el cuerpo de una mujer.

A otra fémina, Diana Leticia, virtualmente se la tragó la tierra. Sus tres hijos la buscan. Inquieren, suplican por su vida, hurgan en cada rincón. Así hasta que de un departamento cercano a su hogar, en Santa Marta al poniente de Coatzacoalcos, se filtra un aroma brutal. Son los restos en proceso de descomposición.

Patricia era casi una niña. Estudiaba y servía como empleada doméstica, allegándose unos pesos, aliviando la carga económica a su mamá. Tres días sin verla hasta que apareció embolsada, en el municipio de Las Choapas, con el rostro molido a golpes. Tenía 15 años de edad.

A Susana, empresaria exitosa, madre de tres menores, la levanta un comando en la colonia Puerto México, en Coatzacoalcos. Su vida vale 4 millones de pesos. Se negocia y no hay arreglo. O se negocia mal. O de origen el móvil fue arrancarle la vida y remitirle un mensaje a la sociedad de Veracruz. Una bolsa de plástico hallada en la colonia Benito Juárez Norte, territorio narco, aloja lo que fue de la joven dama, el cuerpo por un lado, la cabeza cercenada.

Una más. Desnuda, con cinta industrial en el rostro, asfixiada, yace una mujer en un terreno baldío de la colonia Ciudad Olmeca, en Coatzacoalcos, en el camino que conduce al fraccionamiento Santa Marta, donde la violencia ya tiene carta de identidad, donde el crimen y el agravio a la ley no dejan de crecer.

Viernes Santo es viernes trágico. Cuatro mujeres y nueve varones, entre ellos un menor de un año de edad, caen abatidos por las ráfagas lanzadas por un comando que irrumpe en el Salón Los Potros, en Minatitlán, en un ataque dirigido a un transexual, Becky Lyn, propietario de dos antros en que presuntamente se vendía droga. Cambió de cártel y ordenaron su ejecución.

A Maricela Vallejo Orea, alcaldesa de Mixtla de Altamirano, la emboscaron cuando circulaba en su automóvil. Con ella murió su esposo y un auxiliar. Su caso sirvió para desaparecer poderes e instalar un concejo municipal. Otra aberración política del gobernador. El crimen no ocurrió en Mixtla sino en el municipio de Los Reyes, entre Zongolica y Orizaba. Si la causa fue la violencia, el Congreso debió proceder contra el ayuntamiento de Los Reyes.

Rayda “M”, desapareció en Minatitlán. Su cuerpo sin vida fue hallado en Coatzacoalcos. Había sido violentada sexualmente.

Otra mujer, no identificada, fue hallada atada de pies y manos, ejecutada, en la colonia Fidel Herrera Beltrán, atrás de la Alameda de Coatzacoalcos. Un video circuló horas antes y en él se le veía sujeta a tortura, identificando a narcomenudistas.

Segunda masacre, la del table dance Caballo Blanco, en Coatzacoalcos. Ahí mueren nueve mujeres, la mayoría bailarinas: Claudia Vanessa, Yurai, Valeria, Sugeydi, Suleyma, María José, Rocío, Xóchitl y María del Carmen. En total, fallecieron 30 personas.

Dos jóvenes más fallecen violentamente. Galilea “G”, originaria de Minatitlán, apareció ultimada en un río del municipio de Tres Valles. Izamar, de 18 años, fue hallada muerta en una bolsa de plástico.

Y así el drama de ser mujer en Veracruz.

Son 224 damas asesinadas en 2019 y de ellas por lo menos 200 se acreditan como feminicidios. La relación de nombres y su causa de muerte es de la autoría del periodista Ignacio Carvajal, difundida por el portal Blog Expediente.

Y el gobernador Cuitláhuac García baila. O se maquilla para Día de Muertos. Y vuelve a bailar. O persiste en la negación de la realidad. O ante la contundencia de las cifras, inventa sus “otras cifras”. Y si le falta argumento, recurre el bramido, se enfada, el recurso de las culpas, del pasado inmediato, el yunismo responsable de las muertas y los muertos, el secuestro, el cobro de piso. Y la culpa —faltaba más— tiene que seguir siendo del fiscal aunque hayan transcurrido tres meses que Jorge Winckler fue separado del cargo con un golpe legislativo, Morena en pleno violando la Constitución.

A falta de seso, Cuitláhuac gobierna con el hígado. Su visión del feminicidio y de la violencia en general se reduce a cifras. Ahí está el error. La seguridad se mide por cantidad de hechos de sangre, pero sobre todo por el nivel de brutalidad.

La saña, el odio, la capacidad destructiva del delincuente definen el poder del criminal. A mayor violencia, mayor poder.

Antes asesinaban y huían. Luego dejaban mensajes reivindicando la agresión. Más tarde se les vio mutilar, encementar, desaparecer a sus víctimas en ácido. Y de todo dejan constancia para que se constate qué tan violentos son.

Hay otra estadística que lacera la frágil imagen de Cuitláhuac: la violación de mujeres.

Fuera de control, el fenómeno se multiplica y alarma, golpeando a una sociedad inerme, que asimila su indefensión como resultado de un gobierno fallido que un año después sigue trasluciendo su incapacidad para ejercer el poder.

A la mujer las cazan sus verdugos de día y de noche, al salir del trabajo, al abandonar la escuela, al caminar por las calles, al acudir al antro, al realizar ejercicio. El violador establece su modus operandi y clasifica a su víctima, la mide, la asedia y perpetra el ataque.

Según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en Veracruz han ocurrido 104 ataques sexuales de enero a septiembre de 2019.

De acuerdo con el portal La Silla Rota, con información de Fernanda Torres, en ese período, enero-septiembre, ocurrieron 31 casos de acoso sexual, 34 por hostigamiento sexual, 65 violaciones simples o por copulación y una violación equiparada, “más 207 casos que tienen que ver con delitos contra la libertad y la seguridad sexual”.

Detona en la zona Veracruz-Boca del Río. Algunos de ellos sobre el malecón al que acuden las mujeres a correr o realizar ejercicio.

Le estalla a Cuitláhuac García y más aún a los alcaldes de Veracruz, Fernando Yunes Márquez, y de Boca del Río, Humberto Alonso Morelli, que se manejan con policías municipales sobradamente incapaces hasta provocar la intervención del secretario de Seguridad Pública, Hugo Gutiérrez Maldonado, que tampoco da una.

Cuitláhuac García se ufana de aciertos que nadie ve. Sus cifras son etéreas. Se fincan en el engaño, el maquillaje, el golpe propagandístico.

Presume el gobernador su “otro dato”: 20 por ciento menos delitos en un año de gestión. Y se monta en otra patraña: la aprehensión de los autores.

Su verdad es cuento. Desde el golpe a Winckler, la fiscal carnala, Verónica Hernández Giadans lanzó una embestida para ejecutar órdenes de aprehensión. Así lo hace la Policía Ministerial. Así lo secunda la Unidad Especializada en Combate al Secuestro (UECS).

No dice cuántos de los aprehendidos siguen en las cárceles, a cuántos se les vinculó a proceso, cuántos obtuvieron amparos.

Pero hay algo peor. Existe evidencia de por lo menos una aprehensión que arrojó un inocente muerto. Y nadie quiso agitar las aguas.

Un año de Cuitláhuac es un año de muerte.

Apabulla la estadística a Cuitláhuac porque las mujeres no son números. Las mujeres sienten, sufren, lloran, generalmente no pueden superar el trauma, se resignan a vivir con miedo.

Unas son levantadas, otras asesinadas, una más mutiladas, otras violadas. Es la brutalidad del crimen organizado, de la policía cómplice, la Fiscalía farsante, el estado fallido.

Es el drama de ser mujer en Veracruz.

Archivo muerto

Con 25 o 30 paleros nadie hace poder. Son los 25 paleros que circundan a Felipe Rodríguez Gallegos y que hacen reír al PRI y a los que están fuera del PRI. La minicorte de bufones arropa al regidor, camina a su lado, irrumpe en la sede tricolor y por exigua, por desteñida y gris, por ínfima e infame, le dan el toque de hilaridad a la asamblea del ex partido oficial. Los payasos no podían faltar. Los traidores tampoco. Ajenos al ajetreo priista, Felipe Rodríguez y su comparsa despiden tufo a Morena, el partido al que el regidor cuida, protege, solapa en el cabildo de Coatzacoalcos, encubriendo abusos y corruptelas del alcalde Víctor Manuel Carranza Rosaldo y la pandilla voraz, los Pintos y las Nahles, la Eusebia y sus triquiñuelas de panteón, el pillastre subdirector de Obras Públicas, Martín Jiménez Gamboa, que retiene pagos a constructores; Agustín Jiménez y el equipo de abogados que operan sin representación legal; las trastadas de Tesorería donde hasta los 100 millones de pesos rescatados del robo de Javier Duarte, siguen perdidos en alguna cuenta bancaria, técnicamente desviados y sin aplicarse en los rubros que la normatividad establecen. Coatzacoalcos en pleno clama por la rendición de cuentas y que cese el saqueo de Carranza y su banda abusiva y, en cambio, el regidor PRI-moreno, Felipe Rodríguez persiste en avalar todo, aprobarle todo, sumarse a la complicidad. Con sus 25 paleros acude a la asamblea del PRI. Su desvergüenza es brutal. Dos años arrodillado ante Morena y como demonio fumigado se aparece en el tricolor. De milagro los priistas no lo echaron a patadas y mentadas, quizá porque el show habría sido peor… ¿Fue asalto o apretón? ¿Fue robo o fue mensaje de malosos? Sobre Benito Soriano, regidor quinto, se registró un ataque la madrugada del viernes 29 al interior de su hogar, en la colonia Benito Juárez, una de las zonas donde los malosos tienen su nido. Se llevaron cuanto quisieron y casi muere por estrangulamiento. Librado el trance, cuenta el edil de Coatzacoalcos que aquello fue un acto delincuencial. Y no pasa de ahí. Con Benito Soriano van tres funcionarios municipales atacados. El primero, Elías Omri Gutiérrez Gordillo, ex director de Ingresos de la Tesorería, levantado por malosos el 23 de enero de 2018, a escasos días del inicio del gobierno del morenista Víctor Manuel Carranza. Por la mañana de ese día se lo llevaron y por la tarde estaba libre. Previo a ello, hubo acciones para aplicar el pago de contribuciones a giros negros —cantinas, bares, depósitos de licor— y de inmediato el crimen organizado los aplacó porque esa cuota es suya y de nadie más. Un segundo caso fue el de Roberto Pérez López, ex coordinador de Comunicación Social Municipal y amigo personal de Omri Gutiérrez Gordillo. Abordó un taxi y minutos después el conductor se le fue encima. Paró en el hospital. Y ahora Benito Soriano, ex propietario del bar El Rincón de José Alfredo, siempre en la mira de la industria del cobro de piso. ¿Fue asalto a Benito Soriano o fue mensaje al alcalde Carranza? ¿Quién sigue?… Chapo balín, lleva un alias que ni le va ni le queda. El Chapo de Tantoyuca, panista, Joaquín Guzmán Avilés, no controla ni a sus nietos. Unos días al frente del PAN en Veracruz y el partido se desgrana, se le diluye entre los dedos. Nunca antes habían existido dos bancadas del PAN en el Congreso estatal; con el Chapito Guzmán Avilés sí. Pudo mantener cohesionado al grupo parlamentario pero cometió un error de kinder: imponer como coordinador al negociante Omar Miranda. Cualquier otro, Enrique Cambranis o Bingen Rementería, habrían sido aceptados por la facción yunista azul, pero el Chapito de Tantoyuca optó por el que tuviera perfil traidor y Miranda lo dio. La bancada del PAN hoy es minoría; sólo cinco diputados de la corriente joaquinista. Sus contrapartes, el grupo mixto Acción Nacional Veracruz, son nueve, incluido Erick Iván Aguilar López, que llegó con la bandera del Partido del Trabajo, anduvo en el grupo Del Lado Correcto de la Historia, y ahora es de la fracción alterna del PAN. Si el Chapito no puede mantener unido al grupo parlamentario en el Congreso, qué desastre se viene a su partido en la elección del 2021. Se lidera con desaseada ineptitud… Cayó el Doble Cero y súbitamente el equipo de Agua Dulce comenzó a operar. Una supuesta tarjeta informativa contiene nombres de políticos que habrían tenido relación con el segundo de a bordo del Cártel Jalisco Nueva Generación en el sur de Veracruz. Habría complicidad de elementos de la Secretaría de Seguridad Pública de Veracruz con esa organización. Viral en las redes sociales, la explosiva tarjeta habría sido ampliamente difundida por el equipo cercano al alcalde de Agua Dulce, Sergio Guzmán Ricárdez, uno de los cánceres de Morena. El emisor tiene la misión de golpear a los enemigos del presidente municipal. Lo suyo es el ataque embozado, el lodo mediático, la escoria mental. Grave, gravísimo, que la supuesta imputación sea divulgada, profusamente difundida desde el seno del círculo cercano al alcalde Guzmán Ricárdez, tan como lo acredita una fuente allegada a por lo menos uno de los señalados en la ficha informativa. A la par, el ex presidente municipal, Alejandro Torruco, sale al paso, refuta cualquier vínculo con el jefe narco y advierte que habrá consecuencias legales por el ataque. Torruco, como el resto de los balconeados, conoce nombre, identidad, liga del emisor del texto y desde cuando sirve al célebre Sergio Guzmán, el “Varguitas”, de la Ley de Herodes en Agua Dulce…  





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