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miércoles, 8 de abril de 2020

El Baldón de Cobián… Consejos para los jóvenes.


Aprender de los errores para evitar repetirlos.

Miguel Cobián | 08 abril de 2020 
Tribuna Libre.- Si dentro de 20, 50 o 100 años se volviera a presentar una pandemia en México, los jóvenes de hoy, y quienes estudien lo que ha sucedido en estos tres meses de 2020, y lo que sucederá a lo largo del resto del año. 

Primero tenemos que reconocer lo que se hizo mal.  Ante cualquier pandemia, el gobierno y en general los prestadores de servicios de salud deben prepararse y equiparse.  En México antes de la pandemia ya teníamos graves deficiencias en materia de salud, que ni los gobiernos anteriores ni el actual quisieron resolver.

Desde el primer minuto del primer día en que nos enteramos de los síntomas y los requerimientos de atención, el gobierno debe de adquirir respiradores artificiales suficientes para atender el número de casos esperado. Sobre todo, cuando tener o no tener a disposición la unidad de terapia intensiva debidamente equipada, implica la vida o la muerte de un número hoy todavía por conocer de compatriotas.    Esta claro que no todos los que son atendidos con respirador se salvan, sin embargo, es muy probable que los casos agudos que no tengan la oportunidad de disponer del aparato fallezcan.   Incluso, la técnica de oxigenar la sangre, mediante otro equipo médico, también ayuda a salvar la vida de aquél cuyos pulmones ya no pueden realizar el intercambio de gases. 

Es de todos sabido que la epidemia no se tomó con la debida seriedad por parte de quienes debían planear la atención médica.   El presupuesto para adquisiciones se liberó a finales de marzo, perdiendo tres valiosos meses, en los cuales todavía había disposición de equipos y materiales en el mercado mundial.

Los trabajadores de salud se han visto enfrentados a la disyuntiva de renunciar a su vocación o cuidar su vida. Ya que en la mayoría de los hospitales públicos al día de hoy 7/04/2020, no existe la disponibilidad de equipo de seguridad, ni los protocolos que deben aplicarse en casos sospechosos, e incluso, en los casos no sospechosos. 

Hemos visto un desdén que raya en la irresponsabilidad absoluta por parte de las autoridades, sin un criterio definido para prevenir los contagios, y achatar la curva de los mismos. Primero se permitió que viajeros de todo el mundo llegaran al país, sin el menor filtro sanitario, y también ante la disyuntiva de pérdidas económicas, se permitieron actos masivos como el viva latino en la ciudad de México, o el festival de la Paella y el de Tajín en el estado de Veracruz.

Mientras una parte de la población iniciaba acciones para prevenir el contagio, aislándose voluntariamente, en el gobierno no había consenso, y todavía dos días antes de darse la alarma sobre las consecuencias en las vidas de muchos mexicanos, el presidente tomaba a broma las medidas y animaba a los ciudadanos a salir para no afectar la economía.   La falta de coordinación entre las distintas autoridades, sobre todo, entre las cabezas fue notoria e incluso peligrosa para un sector de la población.

La OMS recomendó a los países hacer pruebas y mas pruebas para monitorear el avance de la pandemia y tomar las medidas oportunas para frenar la velocidad de contagio. México es el país que ha realizado menos pruebas por cada cien mil habitantes, solo uno nos supera. El tiempo dirá si la plataforma CENTINELA funciona correctamente o no funciona.

La indecisión en la toma de algunas medidas de protección ha puesto en peligro a buena parte de la población.   Por ejemplo, hoy sabemos aproximadamente la mitad de los casos contagiados de COVID-19 son asintomáticos. Y por otro lado escuchamos a la OMS y al propio subsecretario López Gatell insistir en que el uso de mascarillas faciales solo esta recomendado para infectados. Pero, al desconocer quien está infectado y quién no, ya sea porque el infectado carezca de síntomas, o debido a que está apenas en el período de incubación, la medida adicional que se debe de tomar para cualquier persona que salga a la calle, es la de usar la mascarilla facial que conocemos como cubrebocas.    Todos debemos de considerarnos infectados y prevenir un posible contagio a terceros.    Especialmente cuando se utiliza transporte público como el metro o los autobuses urbanos y suburbanos, e incluso en viajes en avión, no basta con proporcionar gel al subir, ni basta con sanitizar una vez al día el vehículo, pues a los dos minutos, puede subir un pasajero que deje gotículas de saliva en el metal y en la tela de todo el vehículo.    El uso de cubrebocas debiera no sólo ser obligatorio, sino el propio gobierno debiera promoverlo y prohibir que se suba alguien si llevarlo bien puesto.

El manejo de la información también generó conflictos, pues hace falta mucha credibilidad en el gobierno, y la sospecha de que se ocultan casos, infundada en la mayoría de los casos, hizo mucho daño.

Por último, recordemos que para estas fechas, ya hay muchos empresarios medianos y pequeños que no saben de dónde van a obtener recursos para pagar su nómina.   Aunado a ello, hay infinidad de mexicanos que salen a trabajar día con día. Algunos con suerte, solo se relacionan con sus compañeros de oficina, y para ellos, guardar la sana distancia no es difícil, pero para muchos otros, es imposible dejar de trabajar porque dejan de comer.  Es indudable que es un grave error del gobierno arriesgar la salud de tantos mexicanos,  en lugar de apoyar con una cantidad de subsistencia durante el mes o los meses en que habremos de estar aislados.  Esa falta de apoyo hace que la curva de contagios se incremente.   Es una paradoja que no debe existir, no hay dinero que pague una vida.

Muchos mexicanos no se han tomado en serio ni la amenaza de enfermarse ni el riesgo (mínimo pero riesgo al fin) de morir. Como buenos apostadores, asisten a reuniones masivas, van a la playa, en fin, actividades no necesarias.

Lo bueno ha sido la actitud responsable de un 70% de la población que se ha enterado de la pandemia y ha tomado las pocas medidas que ha podido asimilar para protegerse.  También lo bueno es que ese 80% inicial de pronóstico de contagios, se puede reducir a no más del 2% de la población, solo si el pueblo y las autoridades se unen y se apoyan.   Si no hay apoyo, la tasa puede ser muy superior.   Ayer domingo, vimos que no habrá de momento apoyos necesarios y urgentes.

No queda más que recordar que hay vida después de la pandemia. Una vida más difícil, con una recesión económica nunca vista en nuestro tiempo en el planeta. Así que hay que estar preparados una vez más para hacer sacrificios, trabajar mucho, y tratar de volver a salir adelante, con el apoyo del gobierno, sin el apoyo del gobierno e incluso a pesar del gobierno y los obstáculos que nos ponga.

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