Conversatorio … Pier Giorgio Frassati y Carlo Acutis, ser jovenes no les impidió conquistar el cielo
Ángel Rafael Mtz Alarcón | 08 sep. 2025
Tribuna
Libre.-En un mundo cada vez más secularizado y acelerado, la figura de Carlo
Acutis emerge como un faro de esperanza y un modelo profundamente actual para
los jóvenes. Nacido en Londres el 3 de mayo de 1991 y fallecido prematuramente
en Monza, Italia, el 12 de octubre de 2006, su corta pero intensa vida
demuestra que la santidad no es un concepto anticuado, sino una meta alcanzable
en la era de internet. Hace un mes miles de jovenes participantes del jubileo
de la Juventud en Roma, visitaron la urba que guarda el cuerpo incorrupto de
Carlo, los jovenes xalapeños se enocionan cada
vez que narran su experiencia.
En un
mundo que a menudo subestima a la juventud, tachándola de superficial o
inexperta, la Iglesia propone modelos radicalmente opuestos: santos que, sin haber
cumplido los 25 años, vivieron con una intensidad tal que su corta existencia
reverbera con más fuerza que muchas largas vidas. Dos italianos, separados por
un siglo pero unidos por una fe ardiente, demuestran que la santidad no es
cuestión de edad, sino de amor: **Pier Giorgio Frassati (1901-1925) y Carlo
Acutis (1991-2006)Ambos enamorados de Dios, afirmó SS.León XIV.
A
simple vista, eran jóvenes comunes. Pier Giorgio, el turinés de familia
acomodada, era el alma de la fiesta: un montañista apasionado, amante de la
ópera y estudiante de ingeniería que soñaba con mejorar la vida de los mineros.
Carlo, el milanés del nuevo milenio, era un “geek”: experto en informática,
amante de los videojuegos, los cómics y las mascotas.
Sin
embargo, ambos compartían un secreto que transformó lo ordinario en
extraordinario: **una amistad profunda e íntima con Jesucristo, centrada en la
Eucaristía**. Para Pier Giorgio, la misa diaria y la adoración nocturna eran la
fuente de la fuerza que luego derramaba en los suburbios pobres de Turín,
visitando enfermos y regalando hasta sus zapatos a los necesitados. Para Carlo,
la Eucaristía era su “autopista al cielo”, el motor que lo impulsó a usar su
talento digital para crear una exposición online sobre milagros eucarísticos que
evangeliza a millones. Ambos suben al canon de la Iglesia, en la semana 23 del
tiempo ordinario litúrgico.
Su fe
no era intimista. Se tradujo en una caridad concreta y audaz. Pier Giorgio, en
la Italia fascista, repartía no solo limosna, sino también esperanza y defensa
pública de la doctrina social de la Iglesia, enfrentándose con valentía al
régimen de Benito Mussolini.
Carlo,
en la era digital, vio en internet un “lugar misionero”. Usó sus habilidades
para crear puentes hacia la fe, defendió a los compañeros acosados en el
colegio y mostró que la caridad también es compartir el tesoro de la fe con
creatividad y competencia. Uno con las botas de montaña en los barrios
marginales, el otro con el ratón del ordenador; ambos con el mismo objetivo:
llevar el amor de Dios a las periferias existenciales de su tiempo.
Sus
muertes prematuras, ambas por enfermedades fulminantes, fueron el sello final
de una vida ya entregada. Pier Giorgio, a los 24 años, contrajo polio
probablemente contagiado por aquellos a quienes servía. En su lecho de muerte,
sus últimas notas fueron instrucciones para ayudar a los pobres que asistía. Su
funeral reveló a su familia una caridad heroica y silenciosa: las calles de
Turín se abarrotaron de indigentes, enfermos y viudas a quienes nadie conocía,
pero a quienes él había ayudado en secreto, es canonizado en el centenario de
su muerte.
Carlo,
a los 15 años, ofreció sus sufrimientos por el Papa y la Iglesia. Su tumba en
Asís se convirtió de inmediato en un lugar de peregrinación para jóvenes de
todo el mundo que se identifican con su figura cercana y auténtica. Nacido en
pontificado de San Juan Pablo II, fallecido en los primeros meses de
SS.Benedicto XVI, beatificado por SS.
Francisco, y canonizado por su SS. León XIV.
Beatificados
por dos papas de la juventud (Juan Pablo II a Frassati y Francisco a Acutis),
su mensaje es increíblemente actual.
Pier
Giorgio grita “Verso l’alto!” (¡Hacia lo alto!):** Una invitación a no
conformarse, a ascender siempre, a buscar la cima en la vida espiritual sin
miedo a mancharse con el barro de la calle. Es el santo de la alegría
contagiosa, de la amistad verdadera y del compromiso social.
Carlo
advierte: “Todos nacemos originales, pero muchos mueren como fotocopias”:** Un
llamado a la autenticidad, a no seguir modas pasajeras y a atreverse a vivir
una fe creativa y personal, usando las herramientas del propio tiempo.
Ellos
no son santos “de altar” inalcanzables. Son hermanos mayores en la fe que
muestran que la santidad no es huir del mundo, sino **amar a Dios en el mundo**
con todo el entusiasmo, la creatividad y la pasión que caracterizan al corazón
joven. Demuestran que, ya sea con una brújula de montaña o un smartphone en la
mano, el camino al cielo está abierto para todos los que, como ellos, deciden
recorrerlo con un amor extraordinario en la vida ordinaria.
SS.
León XIV, afirmaba en su homilia:«Nos animan con sus palabras: “No yo, sino
Dios”, decía Carlo. Y Pier Giorgio: “Si tienes a Dios como centro de todas tus
acciones, entonces llegarás hasta el final”. Esta es la fórmula, sencilla pero
segura, de su santidad. Y es también el testimonio que estamos llamados a imitar
para disfrutar la vida al máximo e ir al encuentro del Señor en la fiesta del
cielo».
Este
testimonio de fe juvenil tiene un eco potente en México con figuras como **San
José Sánchez del Río** (1913-1928), el niño cristero de 14 años que murió gritando
“¡Viva Cristo Rey!” tras ser torturado por negarse a renunciar a su fe, y los
**Tres Niños Mártires de Tlaxcala** (Cristóbal, Antonio y Juan, s. XVI), los
primeros santos mártires de América, que demostraron que la semilla del
Evangelio echó raíces profundas en el corazón de los jóvenes desde el
principio.
Juntos,
todos ellos forman una constelación de santidad que ilumina el camino para las
nuevas generaciones, probando que la juventud, lejos de ser un impedimento, es
un tiempo propicio para conquistar el cielo con audacia y alegría.
La
provincia eclesiastica de Xalapa, también tiene a su joven beato; Ángel Diario
Acosta Zurita, (1908-1931). Asesinado a
los 23 años y los tres meses de su ordenación sacerdotal, en el Puerto de
Veracruz. Nuestros santos y beatos mexicanos, todos ellos han sido martires;
asesianos por su fe.

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