José Miguel Cobián| 07 diciembre 2025
Tribuna
Libre.- De repente me gusta pensar en utopías.
La primera utopía que se me ocurrió es escribir una sugerencia a
nuestros legisladores, diputados federales y senadores, que sé no será leída,
atendida ni escuchada, pero siempre es bonito hablar del mundo ideal al que
debemos aspirar aunque jamás se alcance.
Cuando menos acercarnos a ese mundo ideal, ayuda a mejorar las
condiciones de vida de los mexicanos.
La
primera que se me ocurrió fue la de comenzar a escribir la verdadera historia
de México. Recuperar el esplendor del
virreinato, de todos los virreinatos y
reinos que hubo en territorio mexicano, el reino de la Nueva España, el reino
de Nueva Galicia, el reino de Nueva Vizcaya, el reino de Yucatán y el reino de
León.
Explicarle
a los mexicanos de hoy, que debemos estar orgullosos de nuestro pasado
glorioso. De la unión de distintas
etnias y tribus para derrocar al invasor caníbal y salvaje que sentó sus reales
en Tenochtitlan, que el día que cayó Tenochtitlan es día de fiesta para todos
los grupos étnicos sometidos por los mexicas. Explicar sobre todo, que aunque
por accidente histórico nos denominamos mexicanos, no somos herederos de esos
salvajes que medio controlaron la zona centro sur del país durante los últimos
50 años previos a la caída de Tenochtitlán.
Urge
perder el sentido de hijos de la chingada y perdedores que se ha inculcado por
parte de la historia oficial. Esa
historia que se inventó para dar sentido primero a las luchas de independencia,
y después a la revolución mexicana, y hoy a la cuarta transformación.
Los
mexicanos deben saber que México fue el centro económico del mundo durante el
siglo XVI y XVII. Que esa nación que
surgió de la mezcla de los indios americanos y los europeos, construyó una
nación de la cual podemos estar orgullosos, así como estamos orgullosos de todo
lo construido durante el período virreinal.
De una
vez por todas, explicar que la esclavitud fue abolida en cinco ocasiones
diferentes, por parte de la corona española. Y que los nativos americanos fueron
tratados como súbditos de la corona, no como esclavos. Esto porque la ignorancia promovida desde la
conveniencia del estado, nos ha hecho creer que los abusos de los colonialistas
de fines del siglo XVII y XVIII, esas naciones europeas saqueadoras y genocidas,
como Bélgica, Inglaterra, Holanda, Francia, Italia, etc., son equivalentes al
trato que se dio a los nativos americanos en el territorio que hoy es México, y
eso es falso.
Debemos
entender que cuando los animales domésticos fueron traídos de España, también
llegaron las enfermedades que esos animales transmitían. Y eso diezmó a la
población. Pero el descubrimiento de
América era inevitable, y la civilización del continente también. Personajes de inicios del renacimiento se
encontraron con civilizaciones de la edad de piedra que desconocían la rueda y
la metalurgia, y las trajeron en pocos años, cinco mil años adelante en la
historia.
Que el
que las civilizaciones de Mesoamérica estuvieran atrasadas con respecto a las
europeas, no es ni bueno ni malo, así
era su circunstancia histórica. El
aislamiento no había exigido avances más rápidos como se dieron en
Eurasia. Y también que la mortandad por
epidemias era inevitable, como inevitables fueron las epidemias de peste en
Europa. No había los conocimientos en
la época para conocer su origen, prevenirlas y mucho menos evitarlas.
Los
mexicanos tienen derecho a saber que hasta la independencia, la mayoría de la
población hablaba sus lenguas nativas. Y
se había respetado su organización social y de gobierno. Debemos reconocer que el abuso y la
destrucción del patrimonio cultural de los indígenas en el territorio mexicano
comenzaron poco antes de la independencia cuando llegaron los borbones al poder
en España y quisieron convertir a los virreinatos en colonias, y después
durante la independencia, por el abuso de los nuevos mexicanos criollos y
cultos sobre las comunidades indígenas.
Eso nos
permitiría comprender que en lugar de pedir una disculpa a España, deberíamos
estar orgullosos de esa mezcla entre españoles e indios que dio origen a lo que
hoy es la mexicanidad. Avergonzarse del
pasado, impide tener la certeza de un futuro mejor. Nos convierte en víctimas, cuando somos
herederos de culturas exitosas y triunfadoras.
Vencer la mentalidad de fracaso del mexicano es un gran reto
educacional.
Incluso,
reconocer la injusticia del México independiente contra los indígenas, nos
obligaría a responderle a los que quedan, que siguen siendo víctimas de un
sistema que abusa de ellos, HOY, no hace
500 años. Las comunidades
indígenas son las más pobres y olvidadas del país.
Entiendo
que reconocer las mentiras que se nos han inculcado no es fácil. Reconocer que Hidalgo no es el padre de la
patria sino Iturbide, y que por traiciones lo fusilaron sus contemporáneos y ex
aliados es vergonzoso… los psicólogos afirman que para comenzar a sanar, la
psique requiere reconocer lo que hizo mal.
Eso mismo pasa con los pueblos, tenemos que reconocer que muchos de
nuestros héroes patrios son fabricados, otros grandes ladrones y asesinos.
Ubicar a cada quién en el lugar que les corresponde, eliminando mitos, y
mostrando seres humanos con virtudes y defectos que nos trajeron al México
moderno que hoy tenemos.
Traumático
y difícil, sí. Urgente y necesario,
también. Reconciliarnos con nuestro
pasado, nos permitirá reconciliarnos con nuestro presente, y caminar juntos
hacia un futuro asentado en bases firmes, no en mentiras, mitos y barro
resbaladizo.

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