* Primero avaló la acusación de terrorismo * Sheinbaum lo rechazó y Nahle dejó sola a la fiscal * Luego del engaño, Sandra Collins está que trina * Ni el DIF ni la Secretaría del Ayuntamiento * El acosador sexual del Congreso viajó a Tatahuicapan * Pedro Miguel: gobierno de cuates y alfiles de Amado Cruz
Mussio Cárdenas Arellano. | 31 dic. 2025
Tribuna
Libre.- Reculando, Rocío Nahle ya no ve terrorismo en Rafael “Lafita” León
Segovia, el periodista de Coatzacoalcos a quien su fiscalía, la Fiscalía de
Veracruz, mantiene en prisión.
“Para
la ley todos somos iguales, no importa que sea periodista, reporteros,
profesionistas, carpinteros; para la ley todos somos iguales”, decía el 26 de
diciembre, dos días después de la aprehensión del reportero. Para la
gobernadora era terrorismo.
Rellena
de ego, precisaba, puntualizaba que no era un tema de libertad de expresión, ni
censura, ni ataque a la prensa.
Arremetía,
pues, contra “Lafita” León por presuntos delitos cometidos, no por ser
periodista. Justificaba así a su Fiscalía, en cuyo vértice colocó a la
magistrada con licencia, Lisbeth Aurelia Jiménez Aguirre.
“La
Fiscalía, junto con la Fiscalía General de la República, están llevando
investigaciones serias en nuestro estado y quien tenga alguna prueba, tengan
evidencias, es donde se va a actuar”.
Como
ave de presa, Nahle mostraba aquel 26 de diciembre que a Rafael León Segovia se
le perseguía por delitos investigados y sustentados.
“Se
tiene que aplicar la ley para todos, seamos quien seamos”, insistía.
Dos
días llevaba “Lafita” León en la cárcel. Y Nahle respaldaba a la Fiscalía de
Veracruz. Era terrorismo. Era encubrimiento por favorecimiento. Eran delitos
contra las instituciones de seguridad pública. Nahle avalaba esa barbaridad.
Y a la
par crecía el escándalo, la indignación, el azoro, la metralla social. Y las
voces de periodistas locales, estatales, nacionales, prensa internacional.
Televisa, Azteca, Imagen, Latinus, López Dóriga, Reforma, El Universal,
Excélsior, Milenio y cientos de medios y miles de usuarios en las redes
repudiando lo grotesco de la acusación: terrorismo.
Literalmente,
se la jaló la gobernadora de Veracruz.
“Lafita”
León no es un crítico del sistema. No toca temas políticos. No reta al poder.
Se mueve en la nota roja, en el video en vivo, entre accidentes vehiculares, ejecutados
y cercenados y narcolonas. Nada más.
“Lafita”
León tampoco fue a parar a la cárcel por el episodio en que dos mujeres le
reclamaron durante un choque de vehículos en el malecón de Coatzacoalcos. No lo
denunció la abogada Leticia Zurita Dávila. No lo remitió con un tal May, como
expresó el reportero, pues ella se refería al Sanatorio May ante la urgencia de
auxilio médico debido a las condiciones de salud en que se hallaba una familiar
de la abogada Leticia Zurita.
Tampoco
tuvo que ver el reclamo de la otra dama por la difusión de una fotografía
escandalosa afuera de un tugurio llamado El Calamar.
A
“Lafita” León, la Fiscalía de Veracruz le imputa una presunta conexión
–fortuita o no– con personajes del crimen organizado, de acuerdo con un audio extraído
de un teléfono celular, imputándole “haber recibido dinero del narcotráfico”,
según reveló su hijo Gardiel Josué León Oropeza, de acuerdo con versión
difundida en Radio Fórmula.
En un
testigo protegido se sustenta la acusación de la Fiscalía de Veracruz. En otras
investigaciones habría más denuncias, sostiene el presidente de la Comisión
Estatal de Atención y Protección de Periodistas, Luis Ramírez Baqueiro,
argumentando a favor de la Fiscalía y de la gobernadora Nahle y no del
periodista al que debiera defender.
Pero el
manejo errático de la Fiscalía, el silencio de la fiscal Aurelia Jiménez, una
experta en fabricación de culpables, sin escrúpulos para llevar a las cárceles
a personas inocentes, manipuladora de la justicia, encarceladora de jueces
honestos y auspiciadora de jueces a modo, y las torpezas verbales de la
gobernadora Nahle, dieron pauta a un tsunami de repudio, el rechazo al uso la
justicia para reprimir a los periodistas.
La
prensa lacaya, las focas de Nahle, las plumas a sueldo del gobierno de
Veracruz, los amanuenses de la Fiscalía, el periodismo servil, el mismo Luis
Ramírez Baqueiro, exhibieron su miseria moral intentando justificar la satrapía
de la gobernadora. Pero el operativo fue un fiasco.
El
objetivo era “Lafita” León pero, en el fondo, el mensaje es para la prensa
crítica, aquellos a los que la barbajana Nahle dice respetar pero les llama
“buitres, miserables, carroñeros”.
Rocío
Nahle actuó al estilo Javier Duarte, al estilo Eric Cisneros, al estilo
Cuitláhuac García, que ante la prensa libre usaron al sistema judicial para
censurar, amedrentar, manipular las mesas para la construcción de la paz –caso
Ignacio Carvajal– o al Órgano Público Local Electoral inventado casos de
violencia política en razón de género –decenas de periodistas obligados a
disculparse, bajar sus informaciones de los portales digitales, indemnizar y
ser inscritos en el registro de violentadores–.
Nahle
escogió mal al destinatario de sus venganzas. Si bien Rafael León Segovia ha
librado otras guerras, denuncias por las que ha enfrentado a la ley, y fuentes
en la Fiscalía aseguran que intentan revivirle episodios que datan de los
tiempos en que Hernán Martínez Zavaleta, alias “Comandante H”, era jefe de
plaza en Coatzacoalcos, nunca se le había imputado el delito de terrorismo.
Destrozada
en las redes sociales, Rocío Nahle no aguantó la presión. Y se dobló.
“Lafita”
fue aprehendido el 24 de diciembre. Nahle justificó la detención el 26. Tres
días después, el lunes 29, todo cambió. Claudia Sheinbaum expresó su desacuerdo
con la tipificación de terrorismo y Rocío Nahle, jefa de la malograda fiscal,
tuvo que recular.
Invocar
al terrorismo provocó urticaria en palacio nacional. Y Sheinbaum, en su
conferencia mañanera, lanzó una señal: que la Fiscalía de Veracruz explique por
qué usó ese término con el caso de “Lafita” León.
Minutos
después, Nahle se alineó con la presidente y dejó sola a la fiscal Aurelia
Jiménez.
“Al
parecer, Rafael León no va a salir”, se había escuchado en los juzgados de
Coatzacoalcos, el 27 de diciembre. Se advertía la consigna desde Xalapa,
confabulados la Fiscalía de Veracruz y el Poder Judicial.
Pero
dos días después, el lunes 29, Sheinbaum marcó distancia con la imputación de
terrorismo y la gobernadora Norma Rocío Nahle García reculó.
Vapuleada,
una vez más, por la prensa estatal y nacional, por las redes que la hicieron
añicos, tuvo que tragar sapos y sonreír.
Cuando
se juntaron la ignorante y la servil, el caso “Lafita” León se jodió.
METADATO
Luego
del engaño, Sandra Collins está que trina. Huérfana del DIF, habrá entendido
que la coordinación de la campaña de Pedro Miguel Rosaldo García fue un ardid
de la gobernadora Rocío Nahle García para entretenerla. Sabiendo de su
capacidad para traicionar, de su entrega al aún alcalde de Coatzacoalcos, Amado
Cruz Malpica, de los cientos de miles de pesos que la regidora morenista recibía
en “gratificaciones” y “gratificaciones extraordinarias”, cuyas pruebas exhibió
este columnista, que pusieron en duda su lealtad, Nahle sólo la ilusionó y al
final la desechó. La neutralizó. La mantuvo cerca del candidato de Morena a la
alcaldía, Pedro Miguel Rosaldo para que no hiciera daño. Le dio la coordinación
de campaña evitando que impedir una contracampaña. Y al concluir la elección,
Sandra Collins pregonó que sería directora del DIF municipal, provocando
urticaria en el equipo de Pedro Miguel, incluso en el seno familiar. Con los
antecedentes de Sandra Collins, su hijo muerto de manera violenta cuando
sicarios mataron a su pareja por un tema de narcomenudeo –en el nido conyugal
se hallaron por lo menos dos tipos de droga, y de eso hay fotografías y video–,
habría sido brutal que la presidenta del DIF fuera Sonia Marie Salvador Goraieb
de Rosaldo y llevara como directora a la aún regidora de marras. Con la venia
de Rocío Nahle, esa posición se le dio al magisterio priista. Mirna García, ex
regidora que llegara a ser edil bajo las siglas del PRI y luego mutó a Fuerza
por México y más tarde a Morena, será la directora y llevará como mozo de
espadas a Mario Callejas, regidor actual, que también emana del PRI pero cuando
vio las mieles del poder, las gozó hasta empalagarse para luego saltar, como
chapulín, a Morena. La rabieta de Sandra Collins no es menor. Viendo perdido el
reino, pretendió ser secretaria del Ayuntamiento de Coatzacoalcos y le dijeron
que no. Ahí va la regidora-contratista Maira Gutiérrez, buena para el negocio,
pésima para construir base electoral. Luego le propusieron ser directora de
Programas Sociales, la chuleta que antes tuvo Margarita Santopietro Peralta, y
tampoco le gustó. Finalmente aceptó pero para sus pretensiones, es nada. A Sandra
Collins no le termina de caer el 20. Le aplicaron la del Kleenex: la usaron, la
desecharon y sólo le queda llorar… Estalló el escándalo sexual en el Congreso y
el acosador se refugió en Tatahuicapan. A nadie le avisó. Dejó Xalapa y se fue
a la sierra. Allá se ocultó. De pronto una llamada. “70 mil pesos costó sofocar
el fuego”, escuchó en su teléfono celular. 70 mil para calmar la ira de una de
las agraviadas, una de las mujeres a quienes el gusano ofrecía trabajo a cambio
de asistir a fiestas de políticos y empresarios en Xalapa. O sea, trata de
personas, prostitución en el Congreso de Veracruz. Tras esa llamada, retornó a
su cargo en el área de Recursos Humanos. Esa y la del diputado que agredió a su
“secre” en un restaurant de Xalapa, son la cereza del pastel en el Congreso de
Veracruz… Mucha basura, muy escasa calidad en el staff de Pedro Miguel Rosaldo.
Gobierno de cuates, de amigos de juventud, de correrías y negocios. Orlando
Solís, Luis Huerta, Luis Pérez Meza, entre otros. Y así de atarantado anda el
alcalde electo que repiten los alfiles de Amado Cruz Malpica, el peor alcalde
de Coatzacoalcos: José Luis López Cabañas, alias El Porky, se mantiene en
Gobernación, donde laboraba a medias, no atendía los conflictos, llegaba tarde
o no llegaba y aprovechaba para descalificar a los periodistas que cubrían los
incidentes; Mario Pintos Guillén, cuya Contraloría sirve de tapadera de
corruptelas y violaciones a la ley; David Esponda en Protección Civil, el
terror de los bomberos. Pedro Miguel echa mano del priismo marcelista, de los
operadores del ex alcalde Joaquín Caballero Rosiñol, unos en nómina desde
aquella negociación con la entonces diputada federal de Morena, Norma Rocío
Nahle García, y otros de reciente contratación. Pedro Miguel, el ingrato, en cambio
desechó a Marissa Cabrera Férez, quien fue responsable de prensa en la campaña
a la alcaldía de Coatzacoalcos. Gobernar con los amigos es fomentar la
corrupción. Reciclar basura genera fetidez…
https://mussiocardenas.com/caso-lafita-leon-la-peor-maroma-de-rocio-nahle/

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