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Víctor Hugo Arteaga | 13 enero 2026
Tribuna
Libre.- Hace nueve días el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump,
anunció la captura en Caracas de Nicolás Maduro y con ello en México se
encendieron las alertas y las red flags, porque ahora sí es posible pensar que
en algún momento pudiera suceder algo así en nuestro país.
A raíz
de esto en Venezuela las cosas han comenzado a cambiar de manera veloz, dejando
a cientos o miles de prisioneros políticos en libertad y con los líderes del
Congreso venezolano enfrentando a sus representados con vergüenza y de manera
hipócrita diciendo que, ahora sí, van a estar cerca de ellos y los van a
escuchar para lograr hacer de Venezuela un mejor país.
Dios dado
Cabello, el segundo hombre más poderoso de Venezuela después de Nicolás Maduro,
ha comenzado a replantear su posición radical y ahora sí quiere pactar por la
vía diplomática con Trump y los Estados Unidos.
No, si
el miedo no anda en burro y mientras esos cambios y nuevas posiciones políticas
se apresuran en tierras de Venezuela, acá en México parece que no entienden las
lecciones y mensajes desde el país vecino al norte.
Ya lo
dijo Trump la semana pasada, que se empezarán a atacar a los cárteles de la
droga en México y quien no quiera atender el aviso o la advertencia, es un
iluso político.
El
gobierno de los Estados Unidos de Trump no se anda por las ramas y quien no
quiera creerle que lo hará en México, está condenado a ser señalad@ por la
historia.
México
no está muy lejos de los Estados Unidos. Acá en las costas mexicanas ya las
fuerzas armadas estadounidenses han hundido lanchas con mercancía proveniente
del narcotráfico, igual que como comenzó todo en Venezuela.
La
expropiación de mil 147 empresas entre 2007 y 2009, el autoritarismo evidente
en 2014, cuando una serie de protestas que denunciaban corrupción gubernamental
y violaciones hacia estudiantes terminaron en el asesinato de al menos 43
personas y este acontecimiento marcó el inicio de la consolidación autoritaria
del régimen de Maduro.
En
julio de 2017, el régimen realizó un falso referéndum para disolver la Asamblea
Nacional y crear una nueva Asamblea Constituyente que estaba bajo el control
del partido (también conocido como PSUV).
En
México se hizo una falsa consulta popular en la que se determinó la continuidad
de un Presidente, Andrés Manuel López Obrador, y se tomó el control de la
Suprema Corte de Justicia de la Nación, como un aliado del régimen, al igual
que en Venezuela.
El referéndum
de 2017 en Venezuela fue claramente fraudulento, ya que solo el 40% de la
participación electoral, 8.1 millones, votó.
Les
suena como al igual que allá, acá en México una minoría en consultas dirigidas
pueden darle al Gobierno la justificación ideal para tomar decisiones como la
sobre representación de los diputados en favor de Morena y sus aliados?
El
régimen de Maduro tomó el control de todos los poderes del gobierno ese año,
como en México en el 2024 y 2025 se concretó la subordinación de poderes ante
la figura presidencial. Tanto el Legislativo, como el Judicial.
En
Venezuela las protestas de 2017 terminarían en el asesinato de unas 170
personas, el arresto de unas 5 mil y decenas de miles de heridos.
En
México más de 250 mil asesinatos dolosos desde 2018 han dado forma a la
similitud entre lo que sucedía en Venezuela y lo que pasa en México en la no
lucha de fondo contra el crimen organizado.
El
fraude electoral se volvió habitual en Venezuela a partir de entonces,
incluyendo en las elecciones presidenciales de 2018 y 2024.
Mientras
en México, como en la Venezuela de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, el fraude
electoral recibe una forma disfrazada al utilizar las instituciones como
promotoras del voto en favor del partido oficialista.
El autoritarismo
del régimen ha continuado desde entonces y ha afectado la vida de millones de
venezolanos de maneras inimaginables.
El
régimen tomó el control total del ejército y lo convirtió en la herramienta de
represión del Estado, torturando y asesinando a manifestantes y figuras de la
oposición durante los últimos años.
En
México las fuerzas armadas son ahora controladas por la Presidencia, que ha
fortalecido las dependencias militares otorgándoles las magnas obras,
dotándoles de un poder absoluto para patrullar todo el país y verse en
carreteras, aeropuertos, sistemas ferroviarios, puertos y terminales de
autobuses.
La
militarización de México ya ocurrió y nadie se dio cuenta.
Con la
ayuda de grupos paramilitares conocidos como “colectivos chavistas”, la
población ha sido sometida al miedo; si alguno de los colectivos te escucha
criticar al régimen de Maduro, al día siguiente unos soldados o un policía
pueden ir a tu casa y llevarte.
En
México esos grupos paramilitares son las células delincuenciales y los cárteles
de las drogas y el narcotráfico, que, según reportes de la seguridad nacional
de los Estados Unidos, son ayudantes de los gobiernos de Morena para afianzar
el régimen de izquierda.
Así que
si Donal Trump manda avisos a México de que entraran al país a combatir a los
grupos delincuenciales se le debe creer. Ya demostró que no solo es un
bravucón. Es un bravucón que cumple lo que dice.
El
Presidente Trump ya le ha dicho a este gobierno que nuestro país es dominado
por los carteles de las drogas. ¿Qué se puede esperar?
Pues
que cumpla lo que ya ha dicho y, desde su poder armamentista, ocurra lo mismo
que ocurrió en Venezuela, donde entró por un Presidente Dictador.
Si, en
Palenque y en los círculos más altos de la política mexicana y sobre todo en
los corruptos que están tomando las decisiones en el
País,
se debería tener no temor, sino terror.
Si los
hijos del ex presidente de México tienen cola que pisarles, algunos
gobernadores como el de Sinaloa o Tamaulipas están en la mira de los Estados
Unidos, y todos a quienes ya les han quitado la visa, es tiempo de poner las
cosas en orden antes de que para ellos el tiempo sea muy tarde.

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