José Miguel Cobián | 19 enero 2026
Tribuna
Libre.-
Por años y años, los gobiernos del PRI y
del PAN permitieron que algunas ideas se convirtieran en dogmas en el
imaginario popular, y ahora van a pagar las consecuencias. Esas ideas pasan por aquello de que los plurinominales
son premios de cada partido a sus militantes más fieles y no siempre más
honestos. Siguen por la idea de que el
voto directo es la máxima expresión de democracia, y a los pluris nadie los
eligió en las urnas. De allí pasamos a
la voracidad de los partidos políticos, cada año aumentando el financiamiento
público, en general para robarse esos recursos.
Luego, se continúa con las protestas del monopolio de los partidos, la
enorme dificultad que el PRI y el PAN establecieron en las leyes electorales
para formar un nuevo partido, lo que limitó por mucho, a aquéllos que deseaban
gozar de las mieles del financiamiento público.
Ahora,
con la reforma electoral que le ordenaron desde Palenque a Pablo Gómez
presentar, todo esto se remedia, logrando un enorme beneficio para el partido
en el poder, disfrazado de avance democrático.
La
reducción de 100 plurinominales en la cámara de diputados es un avance que la
mayoría de la población va a aplaudir, sin lograr entender que la idea utópica
de que los plurinominales nacieron para dar voz a las minorías… Cuando en el
sistema político mexicano, surgieron para dar una rebanada del pastel del
poder, a los partidos de oposición y aligerar tensiones políticas.
La
eliminación de los plurinominales en el senado lleva el mismo camino. Ya con dos senadores de mayoría y uno de
primera minoría están representadas todas las fuerzas políticas del país. Así que esta primera medida será aplaudida
por la población en general, considerando los ahorros que habrá para el gobierno
federal. Sin pensar en ningún momento en
el uso alternativo que se le dará a esos recursos.
En
segundo lugar viene la eliminación del financiamiento público en años en que no
haya elecciones, y la reducción a un 25% de ese mismo presupuesto para años en
que si haya elecciones. Esta medida,
también va a ser muy bien vista por la población mexicana, ya que la idea de
gastar de manera excesiva en partidos políticos no evitó que se infiltren todo
tipo de negocios sucios en las campañas.
En principio, al robarse los líderes nacionales y estatales los recursos
destinados a campañas, dejan a los candidatos huérfanos de recursos, de tal
manera que es el propio dinero de los candidatos, y de quienes los financian el
que se usa en la campaña. Y los comprobantes de gastos para el INE, los envían
los candidatos a sus dirigencias, que los usan para justificar la salida del
dinero para campañas, hacia sus propios bolsillos.
En
segundo lugar, muchos candidatos venden anticipadamente la obra pública que
puedan otorgar o gestionar, y cuando no es obra pública son contratos que
podrán otorgar a futuro, servicios de computación, uniformes, y hasta el mínimo
detalle se negocia previamente a la elección, para obtener recursos para la
campaña. Y en último lugar, ya es
relativamente común en ciertas zonas del país, que las empresas criminales
aporten recursos para las campañas, a cambio ya sea de obra pública y/o
posiciones en ayuntamientos, estados y federación o para tener influencia en
los congresos estatales y federal. Así
que el mito de que mucho dinero para los partidos los blinda de arreglos
ilegales es una gran mentira, por todos conocida. Mentira nacida, creada y generada en los
gobiernos del PRI y del PAN. La responsabilidad
de que hoy les quiten financiamiento a partidos políticos recae en esos
partidos debido a sus enormes abusos a lo largo de los años.
El
último punto es la mayor genialidad de la reforma electoral. Permitir la creación de partidos políticos en
todo momento, siempre que cumplan con los requisitos establecidos en la ley. Eso atiende una eterna petición de los
mexicanos, el facilitar la creación de partidos políticos en todo momento, para
poder expresar por la vía de las urnas el posible descontento de la
población.
Ya
explicamos las justificaciones públicas de la reforma electoral. Ahora vienen los grandes beneficios para el
partido en el poder, y para sus aliados:
La
reducción de pluris afecta al PT y al Verde, que tendrán acceso a menos
recursos públicos para sus militantes distinguidos. Si a eso le añadimos la reducción o
eliminación de financiamiento público a los partidos políticos, cualquiera
podría pensar que Morena ha decidido desaparecer del mapa electoral hasta a sus
propios aliados, pero esto tiene una solución muy sencilla, repartir las
gubernaturas de los estados, de tal manera que esos partidos satélites pierdan
recursos que podrán compensar disponiendo de los presupuestos de los estados
que se les asignen. Claro que siempre
estará la espada de Damocles encima de ellos, pues cuando Morena no los
necesite, podrá quedarse con esas gubernaturas y hacerlos desaparecer, pero de
momento es una solución temporal que estimula la ambición las cúpulas del PT y
del Verde.
La joya
de la reforma es la creación de nuevos partidos políticos. Surja nada más el de los evangélicos, o
surjan varios, esto beneficia al partido en el poder. Un partido que estima que tendrá un 30% del
padrón electoral en cada votación, requiere que el 70% se disperse, un buen
porcentaje, mínimo un 40% debe irse a la abstención, que además es el promedio
histórico en elecciones presidenciales.
Con un poquito de estímulo desde el poder, ese porcentaje de abstención
puede mantenerse o incrementarse
Así, se
queda la oposición con un 30% del padrón electoral. Y ahí está el gran
secreto. No es lo mismo correr el riesgo
de una falla de cálculo que permita que la oposición representada por el PRI y
el PAN, puedan empatar en una elección presidencial o ganar por pequeño margen,
que tener opciones para dividir el voto.
Ya de antemano el voto se divide gracias a MC, que jamás va en
coalición, pero si además añadimos uno o varios partidos políticos adicionales,
entonces la fragmentación del voto será superior, de tal manera que el partido
oficial ya no se vea obligado a obtener un mínimo del 30% de los votos, sino
que incluso, con un 25% o menos pueda obtener los triunfos que así decidan, sin
correr ningún riesgo.
Veamos
un escenario hipotético: Abstención 60%, PAN 7%, PRI 4%, MC 5, Evangélicos 2%,
PT 2%, Verde 4%, Partido nuevo A 1%,
Partido Nuevo B 1%, Morena 14%.
Adivinen quién gana la elección presidencial. Ojo, estamos usando porcentajes del padrón
electoral, no de votos emitidos. Si de
votos emitidos se tratara: Pan 17.5%, PRI 10%, MC 12.5%, Evangélicos 5%, PT 5%,
Verde 10%, Partido Nuevo A 2.5%, Partido Nuevo B 2.5%, Morena 35% de los votos
emitidos… No contamos ni nulos ni inválidos. Así, con el 14% del padrón, Morena
gana las elecciones sin mayor problema.
Se vende la idea de más democracia, cuando en realidad se logra la
permanencia de Morena en el poder.
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@jmcmex

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