José Miguel Cobián | 09 enero 2026
Tribuna
Libre.-
El sometimiento de Delsy Rodríguez nueva
presidenta de Venezuela desconcertó a medio mundo. Poco a poco, conforme las
declaraciones del presidente Trump fueron analizadas, primero se trató de
justificar que Edmundo González Urrutia, ganador de las elecciones
presidenciales en 2024 no asumiera el poder, explicando que para que Venezuela
no caiga en el caos, es mejor mantener ¨por un tiempo¨, a las autoridades que
tienen todos los hilos del poder.
Al
pasar los días, el presidente Trump ha sido más claro. No llegará al poder por
instrucciones suyas, ni Edmundo ni Corina Machado. Mientras tanto, Delsy afianza el control
político, recibiendo la sumisión de las
fuerzas armadas, y colonizando los espacios de poder que los más cercanos y
fieles de Maduro todavía poseían.
A estas
alturas, ha quedado claro que a Maduro lo traicionaron quienes hoy detentan el
poder en Venezuela. Los militares, al haber
sido corrompidos por el propio Maduro, decidieron olvidar los principios de
lealtad y amor a la patria, al grado de que cuando comenzó el ataque
Estadounidense, en lugar de correr a defender a su presidente y a su patria,
corrieron, pero para alejarse lo más posible del lugar dónde había
enfrentamientos armados.
Delsy y
el grupo de chavistas que están en el poder, han optado por el más puro
pragmatismo. Le entregan a Estados Unidos todo lo que solicite a cambio de
conservar sus privilegios, su estatus, y sobre todo, lo robado y saqueado al
pueblo venezolano, que ahora forma parte de su propio patrimonio.
El tono
de la misma acusación en contra de Maduro así lo indica, ya no se menciona al
cártel de los soles, incluso hay diálogo y amenazas a Diosdado Cabello, pero se
olvida que su cabeza tiene precio, ya que Estados Unidos ofrece una recompensa
muy jugosa por su captura.
Trump
siendo un hombre práctico, optó precisamente por el pragmatismo, por encima de
los ideales, con que en anteriores intervenciones, Estados Unidos disfrazaba
sus intereses. Sabe por los análisis
que ha realizado su equipo de inteligencia, que para mantener la paz social y
la estabilidad en Venezuela, hay que aliarse con aquéllos que en alguna ocasión
se etiquetó de enemigos. Lo mismo hizo
Estados Unidos en Siria al aliarse con un ex terrorista y hasta este momento ha
dado resultado.
Cuando
está en proceso esta colaboración, nos enteramos que se libera a una parte de
los presos políticos de Venezuela, -esperemos que pronto se anuncie que
liberaron a todos-. Si todo marcha como
hasta ahora, el dilema ético será diluido conforme el nivel de vida de los
venezolanos se recupere, pues el bienestar acallaría incluso el clamor por
justicia a las víctimas que fueron torturadas, asesinadas, expoliadas, o
expulsadas del país.
La mano
dura del chavismo puede controlar a una población ya de por sí asustada y
temerosa, educada para obedecer después de tantos años de tiranía, de tal manera que se logre esa
máxima del gatopardo que indica que ¨todo cambia para que todo siga
igual¨. El gran cambio sería la salida
de Maduro en momentos en que el presidente Trump requería un aumento de
popularidad entre los votantes norteamericanos, la salida de Venezuela de Cuba,
China, Irán y Rusia, pero para el pueblo venezolano, la ansiada democracia
todavía tardará en llegar, si es que algún día regresa.
¿Cuál
es la lección para la oposición mexicana?
Todos los días se comparte información sobre la inminente caída del
régimen de Morena en México en grupos y redes de oposición, sin tomar en cuenta
las enormes diferencias que existen entre el régimen de Maduro y el de
México.
En
principio, México está cooperando en todo lo que al presidente Trump se le
ofrece. Salvo algunas estupideces de
radicales dentro de morena, como la convocatoria del Fisgón para protestar
frente a la embajada americana, todo mundo está alineado con las historias,
cuentos y narrativas que salen de palacio nacional. No hay oposición a la
sumisión del régimen ante nuestro –de facto- Supra presidente, lo denomino así,
porque manda al presidente en turno.
La
cercanía del gobierno de Morena con los principales cárteles mexicanos, puede
reducir y mucho, aquéllas actividades ilícitas, que dichos cárteles realizan y
molestan al presidente Trump. Ya hay estadísticas que muestran que el consumo
de metanfetaminas y de fentanilo se han incrementado en México en porcentajes
de dos dígitos anuales a raíz de la guerra contra las drogas iniciada por
presidente Trump. Así, los cárteles
pueden reducir sus negocios en Estados Unidos y encontrar nuevos mercados,
aunque sin la misma capacidad de poder adquisitivo.
A todos
los mexicanos nos consta que gracias al disimulo de las autoridades, las
empresas criminales se han diversificado a negocios lícitos, medio lícitos y a
otro tipo de actividades ilícitas que no eran su ámbito tradicional. Así que si el presidente Trump decidiera
atacar a algún grupo, destruir algún laboratorio o alguna acción similar, lo
haría en razón de su popularidad ante los votantes americanos.
La
presión que hoy se ejerce contra México y los presuntos funcionarios que
facilitaron y se enriquecieron apoyando actividades criminales, tiene su razón
de ser en buscar que México otorgue concesiones en la renegociación del tratado
de libre comercio, muy por encima de lo esperado, si no hubiera ¨pecadillos¨
que ocultar a la opinión pública.
Pecadillos por cierto, ya conocidos, pero no confirmados por la
autoridad superior de las instituciones de justicia norteamericanas.
La
oposición en México no ha podido entender que la presidenta Sheimbaum tiene
muchas armas para negociar que ella, la familia real y algunos otros miembros
de la elite gobernante no sean mencionados ni tocados por las autoridades
estadounidenses.
Imagina
que tienes que escoger entre un detenido de altísimo nivel en la nomenclatura
de morena, o el control de 130 millones de trabajadores/consumidores y los
recursos que puedes obtener en dos millones de kilómetros de territorio
mexicano. La respuesta a ese dilema es
obvio, con la ventaja de que Morena tiene un control social absoluto y que su
¨narrativa¨ es creída por la mayoría de los mexicanos.
Considerando
además que todas las redes de complicidad entre poderes fácticos, empresas
criminales y los hombres más ricos del país, pasan por el partido oficial, es
evidente que para explotar los recursos materiales y humanos de México, el pragmatismo
indica negociar y exprimir al gobierno en turno, en lugar de pensar en
sustituirlo por otro, sobre todo cuando la oposición resulta de caricatura e
inexistente para fines prácticos, sometida al poder en turno.
En
conclusión, pensar que el presidente Trump ayudará a un cambio de gobierno en
México resulta un sueño que no tiene posibilidad de cumplirse para la
oposición. Considerando además que el
período del presidente Trump termina dos años antes que el período presidencial
en México, algo muy fuerte tendría que pasar entre la nomenclatura de Morena y
el próximo presidente de los Estados Unidos, para que allá decidieran que es
momento de un cambio de colores en el gobierno de México, y de ser así, la
opción más viable sería cambiar el guinda por el azul, aunque la probabilidad
es mínima
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