* Carlos Castro, ultimado en Poza Rica * Comienza el boom de los periodistas caídos * Nahle creó el ambiente hostil * Eli Aviña no llegó al DIF; la palabra de Pedro Miguel no vale un centavo * Jesús Uribe y Luis Carbonell en Las Choapas * Integrante de un cabildo y su pariente en prisión * Desfalco a un banco
Mussio Cárdenas Arellano | 13 enero 2026
Tribuna
Libre.- Un buen samaritano habría de
confiarle a Norma Rocío Nahle, alias la gobernadora de Veracruz, que su inquina
contra la prensa, los epítetos y la ira incontenible, ya detonó el boom de los
periodistas caídos. Carlos Castro fue asesinado.
Inerme,
expuesto, indiferente a lo que habría de ocurrir, Carlos Leonardo Ramírez
Castro sintió la carga letal, la piel lacerada, las balas cumpliendo su
terrible misión mientras cenaba en un restaurant propiedad de la familia, la TrogueBirria,
en Poza Rica, la noche del jueves 8.
Dieciséis
disparos lanzaron sus verdugos, dos sicarios. Algunos dieron en la humanidad
del comunicador. Lo abatieron en un abrir y cerrar de ojos.
Carlos
Castro, director del portal Código Norte Veracruz, reportero de Enfoque, ex
colaborador Vanguardia Veracruz y La Opinión de Poza Rica , vivió bajo amenaza
por un tiempo, acogido a las medidas de protección de la Comisión Estatal de
Atención y Protección de Periodistas, hasta que emigró.
Cuando
retornó a Veracruz, las medidas cautelares ya no aplicaron. No las solicitó,
dice la versión oficial. Y siguió haciendo periodismo, cubriendo nota roja,
temas de violencia y seguridad.
Ultimado
a mansalva, Carlos Castro terminó siendo el segundo periodista asesinado en
Veracruz en tiempos de Rocío Nahle García y el doceavo en el gobierno de
Claudia Sheinbaum.
Algo
dijo, algo publicó, algo supo, algo atestiguó. Su muerte llegó con una carga
brutal, ahí, en Poza Rica, en la colonia Cazones, territorio que Rocío Nahle
peleó con uñas y dientes, arrebatando, robando una alcaldía que Morena no ganó
en las urnas, que Movimiento Ciudadano ganó con votos.
Poza
Rica es tierra de nadie, el Grupo Sombra disputándole el control al Cártel
Jalisco Nueva Generación o Mafia Veracruzana, matarifes unos y otros que
levantan y matan a sus víctimas, o las ubican y las rocían de bala.
Y hay
aquellos a los que la tragedia los marcó, cercenados sus cuerpos, mutilados con
saña inaudita. Y otros más aparecen emplayados en neveras y refrigeradores,
para ser regados en las calles de la ciudad petrolera y sus alrededores para
calentar la plaza.
Poza
Rica es el feudo de narcos y es la tierra que Rocío Nahle se agenció a la mala,
torciendo el voto, usando a los tribunales electorales, preservando el control
morenista, reteniendo el municipio donde la parentela de la gobernadora tiene
el poder.
Ahí,
Carlos Castro fue víctima de ataque artero, el 14 de abril de 2024, a manos de
la Policía Municipal, la policía represora, arbitraria y criminal de Fernando
“El Pulpo” Remes, alcalde de triste recuerdo, tan arbitrario como inútil, tan
misógino como inmoral.
Carlos
Castro cubría un operativo policíaco cuando fue agredido por un elemento de la
policía. Aducía que no había acordonamiento y que podía grabar el momento en
que un ciudadano era trepado en una patrulla de manera violenta.
De
pronto sintió una descarga eléctrica. Era un taser que portaba el policía.
Carlos Castro lo exhibió. Citó los números de las patrullas: 209, 230, 4047 y
239. No dejó de grabar mientras otros colegas hacían lo mismo. Siguió por
varios minutos al elemento policíaco hasta que éste se subió a una unidad y se
marchó. Las imágenes las difundió el portal Primera Plana de Papantla.
Carlos
Castro contó con medidas cautelares de la Comisión Estatal de Atención y
Protección de Periodistas, pero la presión creció. Aunado a ello, era incómodo
para los elementos policíacos. Por ello se fue de Veracruz.
Al regresar,
hizo su vida normal. Cubría nota roja, hechos delictivos, temas sobre
seguridad. Ya no contó con escoltas. Así hasta el 8 de enero en que un par de
sicarios lo ubicaron en el restaurant TrogueBirria y lo ultimaron.
Es el
segundo periodista asesinado en la era Nahle.
Rinde
fruto la atmósfera agresiva de la gobernadora de Veracruz, los denuestos e
insultos, la ira por ser exhibida por la prensa crítica, el desfase de sus
palabras y el efecto de su lengua loca.
“Miserables”,
“buitres”, “carroñeros”, son los epítetos de la vesánica gobernadora, dolida
con una prensa que no le pone ni le quita nada a sus frases insolentes y a su
recurrente cadena de errores y a su torpeza habital. Que la deja actuar. Que la
retrata como es.
Sólo
que la indómita Nahle ve nado sincronizado en las críticas que coinciden en que
su gestión es un caos. Quiere aplauso. Quiere silencio. Quiere mordaza. y si
no, cárcel a quien ejerce la libertad de expresión. La tiranuela va de lo
patético a lo siniestro.
La vena
represora afloró el 24 de diciembre. Esa mañana, la Fiscalía de Veracruz apresó
al periodista Rafael León Segovia, “Lafita León”. Lo acusó de terrorismo y lo
refundió en el penal Duport. Fue un ensayo de lo que pretende hacer con la
prensa.
Horas después
Rocío Nahle era noticia nacional, señalada de auspiciar una acusación de
terrorismo contra un periodista. Lo hizo la Fiscalía que ya no es autónoma.
Nahle instruyó al Congreso de Veracruz y su fracción morenista, junto con sus
aliados, aprobaron que la nueva fiscal fuera designada por la gobernadora.
Nahle
dio por bueno la tipificación de terrorismo. Dijo que la aprehensión de “Lafita
León” no era tema de libertad de expresión. Lo quería en la cárcel. Mandaba así
el mensaje siniestro, el puño de hierro contra la prensa.
Destazada
en los medios y las redes, paró la infamia cuando la presidenta Claudia
Sheinbaum rechazó que se acuse a un periodista de terrorista. Entonces reculó.
A
“Lafita León” aún lo tiene bajo prisión domiciliaria, lidiando con dos delitos
más. Y a la fiscal regional, la perversa Karla Díaz Hermosilla, la mandaron a
volar. Fue el chivo expiatorio por perversa, malintencionada, fanática de
acusar a los detenidos de terrorismo.
Nahle
es corrosiva con la prensa. Odia la crítica y se regodea en el aplauso pagado.
Crea así un ambiente violento, agresivo, el caldo de cultivo para el ataque de
los cárteles y de la policía embozada que clama por la sangre de los
periodistas.
Superlativamente
torpe, Norma Rocío siguió los pasos de Javier Duarte, el goberladrón que pulula
en las cárceles del ex DF. Generó un ambiente hostil hacia la prensa, la
embistió, la desacreditó, literalmente le puso el dedo a los periodistas, los
hizo vulnerables. Sus enemigos se encargaron de matarlos y el pastizal se
incendió.
Carlos
Castro es el segundo comunicador asesinado –la primera fue Avisack Douglas, en
la campaña de Movimiento Ciudadano a la alcaldía de Rodríguez Clara– y vendrán
otros más.
Con su
ira, con su inquina, Nahle ya detonó el boom de los periodistas caídos. Y tarde
o temprano lo va a pagar.
METADATO
Eli
Aviña no llegó al DIF. La palabra de Pedro Miguel no vale un centavo. Tuvo
Elizabeth Aviña la seguridad que sería directora de Prensa del DIF en
Coatzacoalcos y unas horas antes del nuevo gobierno, el sueño se esfumó. El
alcalde Pedro Miguel Rosaldo García le dijo que siempre no. Eli Aviña, una
notable reportera, conductora de noticias de Radio Fórmula Coatzacoalcos,
corresponsal de los portales Al Calor Político y Presencia Sureste, había renunciado
ya a la presidencia de la Asociación de Periodistas de Coatzacoalcos
(APEC), por ser incompatible ese cargo
con su nueva encomienda en el DIF, donde difundiría las actividades y cuidaría
la imagen de la presidenta, Sonia Marie Salvador de Rosaldo. Pedro Miguel le
dio la seguridad que estaría ahí y luego se rajó. Una fuente señala que fue
vetada desde el palacio de gobierno de Xalapa. Una voz cercana a la gobernadora
Norma Rocío Nahle García habló al oído y soltó que Eli era incómoda por haber
apoyado al reportero Rafael “Lafita” León Segovia, a quien la Fiscalía de
Veracruz, con el beneplácito de la zacatecana, acusó de terrorismo,
encubrimiento y delitos contra instituciones de seguridad pública. Lo mínimo
era dar la cara por él y lograr que desestimaran el delito de terrorismo. Y Eli
lo hizo. Eli Aviña, al frente de la APEC, lo respaldó. O sea, un acto de
congruencia, un rasgo de solidaridad, una postura férrea en defensa de un
compañero y de la libertad de expresión, bastó para que no llegara al DIF. Y
luego los corifeos de Pedro Miguel Rosaldo se rasgan las vestiduras y vociferan
que no es un títere de su pilmama Rocío Nahle. Pedro Miguel no tiene palabra.
Así de simple… Del infierno a la gloria, Jesús Uribe ya es alcalde de Las
Choapas. Asumió el cargo llevando a su lado a Luis Carbonell de la Hoz García,
líder estatal de Movimiento Ciudadano, el partido que le entregó su confianza y
Chucho Uribe le devolvió un tsunami de votos. Vivió el infierno en los días en
que Cuitláhuac García Jiménez, gobernador morenista de Veracruz, lo refundió en
el penal Duport Ostión, logró una sentencia de 20 años de cárcel por un crimen
que no cometió. Un amparo le devolvió la libertad porque en esencia todo fue
fraguado en la cloaca de palacio de gobierno. Jesús Uribe Esquivel fue, así, un
preso político. Y salió de prisión para asestar un golpe electoral. Ganó por
mucho la alcaldía de Las Choapas, el municipio más ganadero de Veracruz. Venció
a la maquinaria de Morena, la operación de la ex alcaldesa Mariela Hernández
García y a la inquina del ex alcalde y ex diputado Renato Tronco Gómez, un
pelafustán que surgió del lodo y el fidelismo lo encumbró y el duartismo lo
volvió a hundir. Chucho Uribe arrancó junto a Luis Carbonell, refrendando el
respaldo de MC, el partido que lo acompañó en el trayecto poselectoral, cuando
las múltiples impugnaciones y las amenazas de la desgobernadora Norma Rocío
Nahle García, atizaban el fuego y amagaban con provocar la nulidad de la
elección. Al final, Uribe Esquivel triunfó. Y arranca con respaldo político, el
del máximo líder de MC en Veracruz, Luis Carbonell de la Hoz… ¿Quién es ese
integrante de un cabildo cuyo pariente cercano, cercanísimo, fue huésped del
reclusorio Duport, procesado por desfalcar a un banco? Los ladrones llegaron ya.
Una pista: es mujer…
https://mussiocardenas.com/nahle-fustiga-y-un-periodista-es-asesinado/

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