* Renuncia a Movimiento Ciudadano * Una regiduría sin moral política no vale nada * La destrozan en las redes * “Chapulina, traidora, desleal, mercenaria, ciudadana del trampolín” * Pedro Miguel compró paja * El secreto que Porky le oculta al alcalde
Mussio Cárdenas Arellano | 24 marzo 2026
Tribuna
Libre.- Por dignidad o por ambición,
Sheyla Jara activó una bomba que estalló en sus manos. Fue la más descarnada
exhibición de deslealtad, oportunismo político, pragmatismo sin ética y la
incapacidad para advertir su desastre personal.
Se
inmoló con una renuncia, la suya, a Movimiento Ciudadano en el cabildo de
Coatzacoalcos, y terminó ardiendo en el fogón de su arrogancia, la influencer
balconeada en el uso del trampolín político, la que salta primero del PRI a MC
y de MC a “independiente”, y terminará en Morena luego de reuniones en corto,
casi en secreto, con Pedro Miguel Rosaldo, el alcalde Tijeritas.
Sheyla
Jara Balcázar fue una antes del viernes 13 de marzo y otra después.
Muy
joven, en el PRI, hiló un rosario de éxitos. Fue lideresa priista, diputada
juvenil, un ícono de la nueva generación, ahijada del diputado y ex senador
Héctor Yunes Landa.
Pero
cuando le impidieron ser presidenta del comité local en Coatzacoalcos –la mano
de Carlos Vasconcelos, líder de la CTM, la atajó– y la desecharon para la
secretaría general, el enchilamiento la llevó a renunciar.
Halló
cobijo en Movimiento Ciudadano. Fue candidata suplente a diputada federal,
embelesada con su imagen en los espectaculares de campaña, proyectada como
nadie más en el partido naranja, ni sus fundadoras. Y luego la regiduría que le
regaló MC. Nadie votó por ella pero llegó como regidora de primera minoría.
Y a las
primeras de cambio, de vuelta al trampolín.
Setenta
y dos días como regidora de oposición y saltó al oficialismo, al paraíso de los
ediles-becarios.
Ese día
citó a la prensa. Anunció su salida del bloque de regidores de Movimiento
Ciudadano en el ayuntamiento de Coatzacoalcos. Habló de su dignidad, de sus
principios, de sus hartas ganas de trabajar, pero no explicó qué la llevó a
romper con MC.
Fue
cuestionada sobre la presunta cuota que tendría que pagar al partido naranja.
Lo evadió.
Fue
inquirida sobre su paso hacia Morena. Lo negó.
“No
estoy en la política para obedecer órdenes de partidos ni de personas y mucho
menos para arrodillarme ante nadie”, soltó hablando en abstracto.
“Es
momento de creer más en las personas que en los partidos”, agregó.
El
argumento es desaseado, infumable, hueco. Hasta antes del 5 de junio de 2025,
día de la elección municipal, cuando aparecía en la planilla naranja como
aspirante a regidora, ¿entonces sí había que creer en los partidos?
Luego
de un incesante parloteo, su traición a la vista de todos, de morder la mano de
quien la sacó del cajón del olvido, se alineó con el alcalde morenista Pedro
Miguel Rosaldo García.
Ahí
marcó el fin de su carrera política. ¿Quién puede volver a confiar en una
desleal?
Minutos
después el incendio la devoraba. Ha sido una masacre. La destazan en las redes
sociales. La llaman traidora, desleal, trepadora política, cambia capas,
ciudadana de trampolín, chapulina, mercenaria, “tanto rebuznó por la comisión
que le dieron para salir con esto”, “le llegaron al precio”.
A la
par, hay otro debate pero es indecente. Es el de las mujeres atacando a otra
mujer, a Sheyla Jara. Improperios, insultos, frases hirientes, el agravio
personal. Adjetivos impublicables, el chisme en Facebook. Una vergüenza.
Sin
proponérselo, le manda el mensaje a otros ediles que traen en mente cambiar de
partido. “Si se pasan, ya saben”, diría Andrés Manuel López Obrador. Así les va
a ir.
Devaluada,
extraviada en el laberinto al que Pedro Miguel la llevó, Sheyla Jara sólo pudo
responder con sus selfies y el mundo rosa en que suele andar.
Su
defensa resulta una torpeza: lo trivial, el gym, la carrera de 5 kilómetros y
el uso de la familia, el abrazo de papá, la perorata de los buenos modales, los
principios de mármol, la solidez de una buena educación y, por supuesto, el
alma generosa que trabaja por los demás.
Eso no
ayuda. Su fechoría es mayor. Es gasolina para el incendio en que arde su imagen
política. Se consume en una hoguera que ella prendió, siendo denostada por
miles, acusada de ser una vival que salta de partido en partido al ritmo de su
ambición.
El otro
zonzo de la trama es Pedro Miguel Rosaldo, el vendedor de ilusiones, que sólo
alcanza a ver cómo las redes, los medios, los analistas hacen añicos a su nueva
adquisición política.
De nada
sirve una regidora sin peso moral, tildada de traidora, de chapulina, de
desleal. Pedro Miguel compró paja. Compró a la chica del gym, no a una figura
de respeto.
Los
insiders cuentan que a lo largo de varias semanas conminó a Sheyla Jara a dejar
Movimiento Ciudadano, a brincar a Morena. Lo mismo intentó con otra regidora a
la que le propuso ser “independiente”. Ese es Pedro Miguel, el alcalde
chambasucia.
Rocío
Nahle, su pilmama política, y él saben que MC es la única oposición, la única
que avanza electoralmente. De ahí, las embestidas, la presión política, la
amenaza de cárcel, el chantaje con las obras públicas y una regidora que cambia
de corral.
Sheyla
es cartucho quemado, historia política tirada a la basura. No suma,
escandaliza. El día que Pedro Miguel la haga candidata a diputada por Morena,
en 2027, la derrota estará asegurada y el distrito, perdido.
Políticamente
ciega, Sheyla no vio la bomba de tiempo que encendió. Una vez que la activó,
voló en pedazos, se mostró traidora, desleal, pragmática, oportunista y
chapulina.
Se ganó
el mote. Es la reina del trampolín.
MTDT
Porky
sirve para dos cosas: para nada y para nada. José Luis López Cabañas no ha
captado qué es un director de Gobernación. Ve a los colonos en las calles y no
abre el diálogo. No detecta ni magnitud ni consecuencia. Ve a Salvador Cueto
Sosa en las calles, liderando a colonos, y no canaliza sus demandas. Que el
alcalde de Coatzacoalcos, Pedro Miguel Rosaldo García, no trata con
representantes sino con la gente. Esa es la genialidad. Es como si la
gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle García, no hablara con los alcaldes sino
con la gente. Para eso son los representantes. Porky ve conflicto y se fuga.
Envía a sus peones. No llega o llega tarde. Pero lo peor no es eso. Lo peor es
la mentira y la verdad que le oculta al alcalde Pedro Miguel, el secreto de su
pasado familiar, los males que se volvieron herencia en el poniente de
Coatzacoalcos. Pedro Miguel hablando de orden y tiene a su lado al producto del
desorden…
https://mussiocardenas.com/sheyla-jara-se-acerca-a-morena-en-medio-del-escandalo/

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