***El citatorio a Rocha Moya no es para aclarar dudas; es el protocolo legal indispensable antes de la orden de aprehensión con fines de extradición.
Ciudad de México. | 25 mayo de 2026
Tribuna Libre. - El discurso de la soberanía nacional duró exactamente
48 horas. Mientras el jueves Claudia Sheinbaum sonreía ante las cámaras con el
enviado de Donald Trump, jurando que México no recibe órdenes externas, hoy la
realidad la desmiente.
Este sábado 23 de mayo, la Fiscalía General de la República (FGR) finalmente agachó la cabeza y emitió los citatorios oficiales contra Rubén Rocha Moya.
Markwayne Mullin no vino a intercambiar inteligencia; vino a dejar una
lista de objetivos, y México ya empezó a palomearlos.
Durante meses, la FGR se hizo de la vista gorda y Omar García Harfuch
aseguró que el gobernador de Sinaloa estaba "limpio".
¿Qué cambió en dos días? Que Estados Unidos golpeó la mesa.
El citatorio de hoy es la prueba irrefutable de que la justicia en
México no es autónoma, es reactiva.
Si Washington no amenaza con destruir la economía y el T-MEC, el
gabinete de Sinaloa seguiría operando en la impunidad total. Hoy, la FGR solo
confirma que obedece al jefe que habla inglés.
Para intentar ocultar la sumisión ante Trump, la 4T activó su lado más
oscuro: citar el mismo día a la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos.
Es una trampa narrativa para venderle al pueblo que "la ley es
pareja", cuando los delitos son polos opuestos. A Rubén Rocha Moya lo
citan por presuntamente entregarle el estado al Cártel de Sinaloa; a Maru
Campos la acusan de "traición" por permitir que la CIA persiguiera a
ese mismo cártel.
En la lógica oficialista, aliarse con el narco para ganar elecciones
pesa lo mismo que aliarse con EE.UU. para cazar laboratorios de fentanilo.
El citatorio a Rocha Moya no es para aclarar dudas; es el protocolo
legal indispensable antes de la orden de aprehensión con fines de extradición.
El régimen ha decidido que es mejor sacrificar a un peón emblemático que
enfrentar los aranceles de Trump o el despliegue de los Marines.
Rubén Rocha pasó de ser un "líder intocable" a ser el chivo
expiatorio que México entrega para calmar la furia del norte.
El mensaje es claro: la protección nacional tiene un límite, y ese
límite lo pone la Casa Blanca.
La soberanía no se defiende con discursos mañaneros, se defiende con
resultados que México no pudo dar.
Hoy quedó claro que, ante el ultimátum de Washington, el Palacio
Nacional solo sabe obedecer


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