* Tercer periodista asesinado en tiempos de Nahle * El fantasma de Duarte en palacio * Del secuestro de Roxana al robo a Edgar * Empresa ligada al Porky * Ser privilegiado de Pedro Miguel * Isaac cree que el escándalo sexual ya se olvidó * Los delirios de Márquez Acopa * Un ratón petrolero en Agua Dulce
Mussio Cárdenas Arellano | 19 junio de 2026
Tribuna Libre. - Tres horas
antes de ser asesinado, Luis Ángel López Valdez cubrió el hallazgo de un taxi
en el que dos personas, la tarde del 10 junio –miércoles rojo en Poza Rica–,
fueron secuestradas. Pasada la medianoche, la violencia lo alcanzó.
Le
asestaron 18 disparos. Usaron armas de alto impacto, el sello de los cárteles y
de la policía que opera en la zona oscura.
Acribillado
a mansalva, amagado y perseguido, el reportero de Vanguardia de Veracruz, vivía
con la amenaza de la delincuencia y el hostigamiento de la Secretaría de
Seguridad Pública que se suponía lo debía cuidar.
Joven de
sonrisa fácil, el ánimo que solía contagiar, Luis Ángel López combinaba su
actividad reporteril con el auxilio a la gente desde la organización Cruz
Ámbar, de la que era subdelegado en Poza Rica, el municipio más violento del
norte de Veracruz.
Aquel
miércoles 10 fue extremadamente particular. Se reportaron cuatro levantones en
Poza Rica. Y Luis Ángel López fue a todos.
Tras el área
acordonada, el cerco amarillo con el que la Policía delimita la escena del
crimen, daba detalles, citaba relatos de testigos cuyos nombres sabía
resguardar, hacía énfasis en los niveles de violencia seguían convulsionando a
la sociedad.
Cubrió el
hallazgo del taxi en el que viajaban dos de los secuestrados. Eso fue a las 10
de la noche del miércoles 10. Tres horas después, López Valdez era asesinado.
A la 1 AM,
el jueves 11, conducía un taxi de su propiedad con el que se allegaba recursos.
Todo indica que se percató que era seguido. Tomó la Avenida 20 de Noviembre y
dobló a la derecha en la Calle 18, intentando escapar.
Instantes
después, según video de una cámara de vigilancia, regresaba intentando correr,
herido, sobre la avenida 20 de Noviembre y a media calle es alcanzado, rematado
por las balas de un sicario. En total, su cuerpo recibió 18 disparos. El sello
de los cárteles. O la huella de la policía.
Hacía
tiempo que contaba con medidas cautelares, ese escudo de vida tan invisible que
un comando puede llegar, activar sus armas, derramar la sangre del periodista y
luego irse a tomar un café.
Luis Ángel
López fue resguardado por la Comisión Estatal de Atención y Protección a
Periodistas. Le tramitaron medidas ante la Secretaría de Seguridad Pública de
Veracruz y aún así lo mataron.
Lo peor
fue que Luis Ángel López se quejaba de hostigamiento por parte de policías
estatales. La SSP que lo debía proteger era su principal preocupación. Y eran
su sombra, su fantasma, su verdugo potencial.
Su caso es
similar al de Carlos Castro, periodista, director del portal Código Norte,
asesinado el 8 de enero pasado, en la misma avenida 20 de Noviembre, en Poza
Rica.
Carlos
Castro no sólo se quejaba. Presentó videos en que la policía estatal lo
amedrentaba. Lo retaba. Impedía su trabajo. Y él los enfrentaba.
Hay un
policía, identificado con el alias de “Chagala”. La prensa de Poza Rica lo
acusa de hostigar a los reporteros. Se transporta en la patrulla 4751 de la
Policía Estatal y suele amedrentar a los periodistas con el rollo de que tiene
el visto bueno de superiores, incluso de la gobernadora de Veracruz, Rocío
Nahle García, la que llama miserables y carroñeros a los comunicadores.
El modus
operandi los define. Hostigan para alejar a los periodistas de la escena del
crimen. ¿Por qué?
La escena
se repite en Coatzacoalcos. La Policía Municipal, aún pasando por encima de las
disposiciones de la Guardia Nacional, amedrenta a los reporteros alejándolos de
la escena del crimen, colocando cintas amarillas cada vez más retiradas del
lugar en que se hallan ejecutados o narcomantas, impidiendo que graben o tomen
fotografías. ¿Por qué?
Las
policías son apéndices del crimen organizado. Están cooptadas. Son informantes.
Alertan al narco sobre acciones y operativos. Y la prensa, en su afán de
divulgar detalles, es su enemigo natural.
El 7 de
junio se conmemoró el Día de la Libertad de Expresión. El jueves 11, a la 1 AM,
Luis Ángel López Valdez fue acribillado. Cuatro días entre el festejo y el
dolor.
De nada
sirvió la custodia de la Policía Estatal, la medida cautelar que se tramitó a
través de la Comisión Estatal para la Atención y Protección de Periodistas.
De nada
sirve que la gobernadora Nahle vocifere y reitere que “se avanza” en la
investigación y “hay que esperar”. Al final, los casos no se aclaran. O se los
lleva la FGR.
La
Fiscalía de Veracruz es como la policía china: misteriosa e ineficaz. Su
titular, Lisbeth Aurelia Jiménez Aguirre da palos de ciego. No aclara el crimen
de Carlos Castro. No pudo con el secuestro de Roxana Berenice Guzmán Ramírez,
directora del portal Pulso Informativo del Sureste, en Nanchital, caso que fue
atraído por la Fiscalía General de la República, y se le filtran los datos y
los videos en el de Luis Ángel López Valdez.
Ricardo
Ahued, secretario de Gobierno, ofrece que se investigará la línea de
investigación sobre las amenazas de policías a Luis Ángel López. A menos que la
FGR también atraiga el caso y la Fiscalía de Aurelia Jiménez vuelva a ser
relevada.
Y mientras
el “conserje de palacio” Ahued habla, al periodista Edgar Hernández,
comunicador de línea crítica hacia el gobierno de Rocío Nahle, le atacan su
hogar en Xalapa.
No es un
robo común. Es una amenaza. No fueron por objetos de valor. Se llevaron
documentos personales y su equipo de cómputo con toda la información que esto
implica.
Edgar
Hernández, desde su columna Línea Caliente, lanza críticas punzantes,
sustentadas, con tono irreverente, reveladoras, exhibiendo el caos político, el
abuso de poder, el saqueo, la falacia, la radiografía del morenismo y sus
trapacerías y la corrupción en que Morena y Nahle se mueven.
Pero su
caso es tema aparte.
Con Luis
Ángel López Valdez van tres crímenes de periodistas en los tiempos de Rocío
Nahle. Y suma dos desapariciones de comunicadores. Cinco casos de violencia
contra la prensa. Cinco casos en 19 meses de un desgobierno brutal.
La sombra
de Javier Duarte se comienza a sentir. Y el desdén a la prensa se acentúa, como
en los días de Duarte. Y la descalificación a los periodistas, como en el
gobierno de Duarte. Y la soberbia de Nahle, como en el régimen duartista,
cuando la sangre de los periodistas inundó Veracruz.
Luis Ángel
López Valdez vivió entre la amenaza de los cárteles y el asedio de la policía.
Y la madrugada del 11 de junio, pese a tener protección policíaca, lo
asesinaron.
Mal
augurio. Augurio duartista. Viene lo peor.
METADATO
Muy
honesto Pedro Miguel pero una empresa ligada al Porky tiene vara alta. Se llama
Consultoría Global del Sureste y está vinculada al director de Gobernación,
José Luis López Cabañas, alias Porky. En los sótanos del palacio municipal le
atribuyen trato preferencial, en la categoría de “succionar el presupuesto
hacia sus amigos, familiares, allegados de incondicionales”. A la empresa
porkiana, según un bien informado insider, le pusieron en sus manos la
realización del evento en que el alcalde de Coatzacoalcos, Pedro Miguel Rosaldo
García, rindió su informe de los primeros 100 Días de Gobierno, algo así como
el baño de ego de Peter Pan. No se tienen datos precisos si los facturó o se
empleó, como es costumbre, a empresas fachada. Lo que sí se tiene claro es que
Consultoría Global del Sureste será la encargada de otros eventos en lo que
resta del 2026. Es la honestidad del bienestar. O los negocios del Porky López
Cabañas, administrador de los intereses de Andrés Rosaldo García, hermano del
presidente municipal… Isaac Férez imagina –sólo imagina– que el pueblo carece
de memoria. Anda surcando la milpa buscando ser popular, intentando verse
flota, unos días en Villa Allende, otra en el malecón de Coatzacoalcos, a veces
en los mercados. Con tal de armarse de algo de imagen, se come hasta fierro y
se bebe mezcal. Isaac Férez Esparza es el mismo que pasó por el Partido Verde
Ecologista de México en Coatzacoalcos; el que hizo alharaca por un punto de
acuerdo por un ecocidio provocado por Pemex, en 2020, aunque se mantuvo en
silencio oprobioso con el derrame de petróleo en las costas del Golfo de
México, de febrero-marzo de 2026, que mató especies marinas, sumió en la
pobreza –más pobreza– a los pescadores y que contaminó las aguas y manglares
sin que hasta ahora se le haya dado seguimiento a la salud de quienes tuvieron
contacto con el petróleo. Pero hay algo peor. Isaac Férez fue el candidato del
PVEM a diputado federal por Coatzacoalcos, en 2021, y se bajó cuando detonó el
escándalo de las “chicas de la Anáhuac”. Le llovieron acusaciones de
hostigamiento, abuso, engaño, violación. Algunas de las compañeras de
universidad dieron sus nombres, otras no. Estalló el escándalo cuando Me Too
Anáhuac reveló el caso y lo potenció la organización Brujas del Mar. Hay por lo
menos cinco relatos que implican a Isaac Férez. Lo que dijeron fue asqueante.
Los relatos cimbran. Fueron colgados en el tendedero de lo público y siguen
ahí. Isaac Férez lo negó todo. Dijo, no sin razón, que no existió una denuncia
formal contra él. Pero tuvo que dejar la candidatura del PVEM. Fue una
vergüenza. Y lo que hizo fue guardar la inmundicia bajo la alfombra. Pero la
alfombra no la pudo extinguir. Y ahora apuesta al olvido. Ahora es de la cuadra
de Norma Rocío Nahle, la gobernadora de Veracruz. Es un morenista Me Too. Es
jefe de Departamento de Proyectos Emprendedores de la Secretaría de Desarrollo
Económico. Isaac Férez no sabe o no entiende al sistema. El volcán se puede
apaciguar pero tarde o temprano se vuelve a activar… Héctor Márquez Acopa no sólo
es un líder charro; también es un iluso soñador. Aspirante a cacique en la
Sección 22 del sindicato petrolero, repudiado por las bases, defensor de su
propio bolsillo, encantador de obreros que se deslumbran con los farsantes y un
consumado servil al dirigente nacional, Ricardo Aldana Prieto, el papá de los
reyes del diesel. Márquez Acopa ahora quiere ser presidente municipal de Agua
Dulce. Quiere calzar los botines que un día tuvo Roberto “Beto” Ricárdez, un
líder que expandió los dominios de la Sección 22 a la Sonda de Campeche, a los
jugosos contratos, al suministro de obreros y técnicos especializados. A la
muerte de Beto Ricárdez, diezmada la Sección 22 por los efectos del quinazo que
mandó a los líderes nacionales a la cárcel, surgieron dirigentes menores para
usufructuar la riqueza sindical. Uno de ellos es Márquez Acopa, el minicacique
que hace y deshace en la Sección 22. Su testaferro –o peón– es Roberto Wong
García, secretario general de pacotilla que no mueve un dedo si no lo decide su
patrón. Márquez Acopa ya prendió los motores para el proceso municipal de 2029
como si el PRI de Agua Dulce o la Sección 22 tuvieran con qué ganar. Márquez
Acopa, guardadas las proporciones con los Ricárdez Orueta, sólo es un mísero
ratón…
https://mussiocardenas.com/luis-angel-vivia-con-la-amenaza-del-narco-y-el-asedio-de-la-policia/

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