Zedryk Raziel | 24 julio 2026
Tribuna
Libre. - Muchos hablan en México del
final de una era en la historia criminal con la caída del último de los viejos
capos, Ismael El Mayo Zambada, sentenciado a cadena perpetua en Estados Unidos
por narcotráfico, crimen organizado y blanqueo de capitales.
Otro
narco insigne, su exsocio Joaquín El Chapo Guzmán Loera, estaba ya preso en la
misma prisión de máxima seguridad donde aquel pasará sus últimos días, en Nueva
York.
Pero los
finales nunca son tan concluyentes como parecen, lo viejo no termina de morir
ni lo nuevo de nacer, y en el intermedio surgen los monstruos. ¿Qué creatura
viene con este cierre de época? ¿Qué remedo o qué tragedia estamos por ver?
Quizá ya
asoman los primeros indicios de esta nueva naturaleza viva; quizá venía
mostrando sus afilados dientes desde hace tiempo.
El Cartel
de Sinaloa y los varios líderes que colaboran como informantes de Washington
han dado a Estados Unidos elementos para presionar al máximo a México, su
vecino, su mayor socio comercial, su amigo y su enemigo según la circunstancia.
La
Administración de Donald Trump acusa, con base en esos testimonios, la
existencia de una narcopolítica en México en la que Gobierno y crimen
organizado son indisociables, vital el uno para el otro.
El
Ejecutivo de Claudia Sheinbaum, como su antecesor en la presidencia y fundador
de Morena, Andrés Manuel López Obrador, han advertido de que esos
señalamientos, de una gravedad muy seria, esconden un objetivo más bien
político: deslegitimar al movimiento que representa el oficialismo y, con ayuda
de lobistas de la derecha internacional, propiciar el ascenso a Palacio
Nacional de gobernantes dóciles a la agenda estadounidense, como ocurría en
sexenios pasados.
No le
falta razón a esta lectura, sin que ello obste para que Morena lleve a cabo una
urgente purga interna para sacudirse a los elementos corrompidos. Tanto
Sheinbaum como su partido han cerrado filas y abanderan la defensa de la
soberanía frente a los embates de Trump, que califican de actos de injerencia.
Las presiones han servido para instigar el patriotismo de los mexicanos, a la
orden del día cuando se trata de Estados Unidos, protagonista histórico de
invasiones y tratos desventajosos.
La treta
para secuestrar y transportar a EE UU al Mayo, ejecutada hace dos por Los
Chapitos, la prole de Guzmán Loera, dejó una grave crisis de violencia que
Sinaloa continúa pagando con muertos, desaparecidos y desplazados. Ese plan de
extracción contó con el conocimiento y apoyo de Washington, según se desprende
de los documentos del juicio contra Mauro Alberto Núñez Ojeda, El Jando, piloto
de Los Chapitos y quien llevó a Zambada a Nuevo México, al otro lado de la
frontera con Estados Unidos.
Lo que,
es más: el Gobierno de Trump, montado en una agresiva Doctrina Donroe, ha hecho
manifiestas sus intenciones expansionistas en la región latinoamericana, donde
ha conquistado varios aliados, de Venezuela a Colombia, pasando por Chile y
Guatemala. México ha decidido mirar hacia los Gobiernos progresistas y se ha
acercado a Brasil y España, en un gesto que no ha gustado en la Casa Blanca.
El Mayo,
de 76 años, no podrá ver hasta dónde llegan las derivadas de su historia
criminal, iniciada hace varias décadas, en las que consiguió edificar un
verdadero imperio, tentador por su alcance y sus dividendos. El juez ha
ordenado que se le embargue la estrafalaria suma de 15.000 millones de dólares,
como medida de reparación del daño que ha causado (en EE UU) el negocio ilícito
del capo. El Gobierno de Sheinbaum ha dicho que apela a obtener una parte de
esos recursos, habida cuenta del reguero de sangre que ha corrido en México por
años.
Está por
verse hasta dónde llega la disputa por esa riqueza construida sobre los muertos
de la guerra contra el narco. Zambada, en una legendaria entrevista dada a
Proceso hace años, vaticinó que el suyo era un negocio lucrativo, perfectamente
capitalista, y que nada cambiaría si cayera o él o cualquiera.
La
sentencia impuesta al Mayo Zambada certifica la defunción de la organización
criminal que lideraron él y el Chapo Guzmán y que fue tan violenta e inestable
como sus sucesoras.
Informes
de las autoridades de México y documentos judiciales en EE UU apuntan a que
Mauro Alberto Núñez Ojeda, ‘El Jando’, piloto de confianza de Los Chapitos, fue
quien manejó el avión donde fue transportado el capo del Cartel de Sinaloa hace
dos años

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