Crónica corta … Recuerdos dignos de contar

                                              


               Mario Olvera de Gasperín:| 
                         31 agosto 2026

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Tribuna Libre. –  Corría el año de 1998. Estaba en La Habana. Había estado en Cuba varias veces antes.

Pero en esa ocasión tuve la oportunidad de conocer a Gabriel García Márquez.

Le gustaba acudir al restorán El Ranchón, manejado por el cheff Erasmo, famoso por que fue durante muchos años cocinero del comandante Fidel Castro.

El mandatario lo visitaba de vez en cuando, ahí y en La Finca, otro restorán ubicado frente al primero.

En alguna ocasión en La Finca me tocó estar en un privado con unos amigos al mismo tiempo que Fidel, que estaba en otro privado.

Lo supe porque el mismo Erasmo nos dijo que junto se encontraba "El Jefe", como llamaba al presidente de Cuba.

Fue ahí, en El Ranchón, donde conviví, conversé y brindé con el premio Nobel de Literatura.

Era un hombre de baja estatura, con el bigote bien recortado, vestía guayabera y pantalón de mezclilla. Lo acompañaba su esposa Mercedes.

García Márquez se portó muy accesible por la confianza de saber que también éramos amigos de Erasmo.

Después de presentarnos y saludarnos, le solté de repente con mucho entusiasmo: "¡Ya leí su libro Cien años de Soledad".

Esa novela le hizo ganar el Nobel y creo que estaba cansado de que mucha gente le dijera eso con tal de que quedar bien.

Escudriñándome, pero con amabilidad reflejada en su cara, me preguntó: "¿cuántos años tienes y en qué año lo leíste?", para comprobar que no lo quería sorprender.

Le dije: "Lo leí en primero de preparatoria en 1972", luego me abrazó.

Tres testigos pueden comprobarlo. Erasmo, Othón Porres Bueno y la periodista mexicana y corresponsal en El Vaticano Valentina Alazraki.

García Márquez platicó sobre Tlacotalpan, la cual le recordaba a su pueblo natal Aracataca, en el que se inspiró para crear Macondo, donde transcurre Cien años de soledad.

Antes de despedirnos me escribió su teléfono y la dirección de su departamento de la Ciudad de México, papel que ahora busco en mis archivos.

En otra ocasión platicaré de Erasmo, quien nos regaló el privilegio de cocinarnos en varias ocasiones en El Breve Espacio en Córdoba.

Y también narraré de cuando conocí a Patricio de la Guardia, hermano de Tony de la Guardia, fusilado por el régimen cubano en la conspiración del general Ochoa.

Así como de mis encuentros con Pablo Milanés, Joaquín Sabina y muchos personajes más.

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