Ángel Rafael Martínez Alarcón | 16 sep. 2026
Tribuna
Libre. – En la ceremonia del Grito del
inicio de la Independencia de la Nueva España, en su 216 aniversario, el
Ejecutivo Federal pronunció la tradicional arenga desde el Palacio Nacional que
construyó Hernán Cortés hace casi 500 años. En esta ocasión, se sumó el nombre
de la conocida Generala del ejército insurgente, Antonia Nava Celestina de
Catalán, originaria del hoy Estado de Guerrero. Fue nombrada con su apellido de
soltera, tal como el año pasado y en el presente se ha hecho con doña Josefa
Ortiz de Domínguez, a quien la llama con nombre y apellidos de soltera,
desconociendo cómo eran las relaciones matrimoniales a finales del siglo XVIII.
A las heroínas insurgentes debe situárselas en el contexto en que actuaron.
Esperemos
que en los próximos años, en la arenga del 15 de septiembre, podamos escuchar
también el nombre de la insurgente xalapeña María Teresa de Medina y Miranda de
la Sota Riva, criolla.
Hoy,
a nivel nacional, ha sido La Generala Antonia Nava Celestina de Catalán
visualizada gracias a la arenga presidencial; en su natal estado de Guerrero ya
era conocida.
Nació
en Tixtla, Guerrero, el 18 de noviembre de 1779. Sus padres fueron Nicolás Nava
y María Celestina. Fuentes históricas afirman que su padre era de origen
mixteco y María Celestina de origen tlapaneco, lo que refleja sus raíces
indígenas en la región de Guerrero.
Junto
con su esposo se unió a la guerra de Independencia convocada por Miguel Hidalgo
y Costilla. Se encargaba de arengar a las tropas y de organizar redes de apoyo,
alentando a más mujeres a unirse como cocineras y proveedoras del ejército
insurgente.
Contrajo
matrimonio con Nicolás Catalán Catalán, un militar insurgente originario de
Chilpancingo. La boda probablemente se celebró en Tepecoacuilco a finales del
siglo XVIII, alrededor de 1799.
Nicolás
Catalán Catalán nació en Chilpancingo, Guerrero, en febrero de 1780 (aunque el
*Diccionario Porrúa* señala 1772). Fue hijo de Nicolás Catalán y Nicolasa
Catalán, y el primogénito de la familia; tuvo dos hermanas menores, María y
Dolores.
Gracias
a su cuñado, el comerciante Antonio Gómez Ortiz (esposo de su hermana Dolores),
fue nombrado administrador del rancho Xolocamotla, donde vivió junto a su
esposa y su hermana María.
Con
su esposa Antonia Nava Celestina procrearon ocho hijos: Nicolás, Manuel
(falleció durante la guerra), Antonio, Pedro, Teresa, María y Margarita,
faltando el nombre de uno de los hijos.
Su
trayectoria se inició en noviembre de 1810, cuando tuvo su primer combate en
Tepecoacuilco. El 10 de diciembre de 1810 se incorporó a las tropas de José
María Morelos. Sus ascensos fueron los siguientes:Cabo primero:** 20 de febrero
de 1811.Sargento: 3 de abril de 1811. Alférez: 24 de mayo de 1811.Teniente:6 de
enero de 1812. Capitán: 3 de febrero de 1813.Teniente coronel: 22 de septiembre
de 1816. Coronel:** 19 de abril de 1820. General de brigada:** 22 de febrero de
1823.
Estuvo
bajo las órdenes de José María Morelos durante 3 años, 5 meses y 5 días; de
Nicolás Bravo por 3 años, 6 meses y 16 días; y de Vicente Guerrero durante 7
años y 3 meses. Falleció en su ciudad natal, Chilpancingo, el 17 de febrero de
1833.
El
episodio más recordado de Antonia Nava ocurrió durante el asedio realista a las
fuerzas de Nicolás Bravo en la Sierra de Jaleaca. Ante la extrema escasez de
alimentos, el general Bravo ordenó diezmar a sus soldados para alimentar al
resto. Antonia Nava y su amiga Catalina González se presentaron ante él
ofreciendo sus propios cuerpos como alimento para la tropa. Aunque el
sacrificio no se llevó a cabo, su acción elevó la moral del ejército y los
motivó a romper el cerco.
Antonia
Nava estuvo presente en momentos decisivos para la Independencia. Asistió a la
firma del Plan de Iguala el 24 de febrero de 1821 y, el 27 de septiembre de ese
año, participó montada a caballo en la entrada triunfal del Ejército Trigarante
a la Ciudad de México.
En
el Primer Congreso de Anáhuac, celebrado en Chilpancingo, el 13 de septiembre
se instaló y al día siguiente se leyeron los Sentimientos de la Nación. Doña
Antonia Nava y doña María de Jesús de Nava prepararon la comida para los
diputados, el ejército insurgente y el pueblo que los acompañó, siendo testigos
de primera mano de aquellos hechos.
Doña
Antonia Nava de Catalán, hija predilecta de Tixtla y Heroína de la
Independencia, quien supo cumplir su misión en todos los actos de su vida,
falleció en Chilpancingo el 19 de marzo de 1843, a los 63 años. Sus restos se
encuentran al lado de su esposo, el general Nicolás Catalán, quien falleció
diez años antes, el 19 de febrero de 1833.
El
pueblo de Chilpancingo reconoció los altos servicios prestados a la patria en
grado máximo y las grandes virtudes como mexicana de doña Antonia Nava de
Catalán; por eso acordó sepultarla en el lado izquierdo del Templo de la
Asunción, donde se leyeron los Sentimientos de la Nación, para dar honrosa
sepultura a tan digna dama.
El
Congreso también honró su nombre y sus méritos colocando su nombre en el Muro
de Honor del Recinto Legislativo “Primer Congreso de Anáhuac”. Asimismo, su
nombre está inscrito con letras de oro en el Palacio Legislativo de San Lázaro,
en reconocimiento a su valentía.

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