José Miguel Cobián | 15 septiembre 2026
Tribuna
Libre.- Hobbes creía que sin reglas la
gente lucharía entre sí. Elimina ley y consecuencias. Y la gente actúa con
brutalidad y violencia. Vidas cortas. No porque la gente sea mala sino porque
el miedo es más poderoso que la moralidad.
Ese ha sido el gran mérito de las religiones. Unir a grupos grandes de personas,
desconocidas entre sí, mediante un conjunto de reglas que aplican a todos. Y que en teoría buscan el bien general. O cuando menos mantener la cohesión social
mediante la seguridad que otorga pertenecer a una sociedad con reglas
México
lleva el camino opuesto. Nos hemos
convertido en una sociedad donde violar las reglas, violar la ley, no tiene
consecuencias. De ahí que la brutalidad
y violencia imperen a lo largo y ancho del país. El mayor daño que le causó a México AMLO fue
destruir lo poco que había del edificio legal y de seguridad pública.
Hoy
el país es tierra de nadie. La consigna
de protégete tú mismo es la regla.
Aplica la ley por tu propia mano.
Defiende con uñas y dientes a tu familia y a tu patrimonio. No hay autoridad. No hay seguridad. No hay justicia.
Quizá
la consecuencia más grave ha sido la pérdida de dignidad de un sector de la
población. Por creer que el manto
protector de la mayor potencia de delincuentes los va a proteger, defienden a
ese grupo que hoy se apropió de México y de las instituciones. Lo hacen sin darse cuenta que el sistema
mata y devora a sus propios hijos.
Entre
la masa que perdió la dignidad y la masa apática que ha decidido aceptar que su
país ya no es suyo todo parece indicar que México seguirá la espiral
descendente hacia la decadencia más absoluta.
Cualquier
marcador de bienestar en una sociedad civilizada va en picada desde hace ocho
años en algunos casos. Y en otros desde hace muchos más. Todo el mundo y los mexicanos primero lo
vemos y nada hacemos.
Seguridad,
salud, educación. Servicios públicos.
Infraestructura urbana. Crecimiento económico. Justicia. Todo al servicio de una banda de ladrones que
se apropiaron del país.
En
México ya no hay héroes que defiendan a su patria de los piratas que hoy se
adueñaron de ella. Todas las
instituciones están al servicio de la rapiña y el abuso de quienes detentan el
poder.
Incluso
quienes fingen ser opositores en partidos políticos están al servicio del
régimen para lograr obtener su parte del botín.
Mientras
tanto. El mexicano común. El de a
pie. Avanza lenta pero inexorablemente
hacia un precipicio de sufrimiento económico y social. Más tarde que temprano se darán cuenta que la
apatía o la pérdida de dignidad no son camino para que ellos y sus familias
logren una vida mejor.
Nada
se puede esperar de un pueblo que observa como el gobierno destruye el futuro
de sus hijos con una mala educación.
Impidiendo la movilidad social que otorga el conocimiento y no protesta,
no exige, no demanda. Vende el futuro de sus hijos por unos pesos.
Quizá
la peor desgracia de México es tener una mayoría de “esos” mexicanos.
C. P. C. José Miguel Cobián Elias

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