José Miguel Cobián Elías | 16 octubre 2026
Tribuna
Libre. – Ocho
largos años con retrocesos todos los días en la atención de la salud de los
mexicanos. Ocho largos años en los que lo poco que se había avanzado en
beneficio de los enfermos se ha perdido. Ocho largos años de mayores
sufrimientos para un pequeño sector de la población que no le merece la menor
atención ni la menor preocupación al resto de una población apática, frustrada,
resentida y manipulada. Ocho largos años de hacer negocio con el dolor ajeno.
Ocho largos años de encontrar nuevas formas de desviar recursos, de robar
recursos a costa del dolor del mexicano.
Sólo quién
está enfermo valora la salud. Sólo quien necesita una medicina y no dispone de
ella, entiende la necesidad de que no falte. Sólo quién tiene que atender a un
paciente conoce la frustración y el dolor que le causa no poder atenderlo por
carecer de lo indispensable. Sólo quién espera una operación entiende la
angustia que debe sufrir quién espera una operación para atender una enfermedad
potencialmente mortal.
México
lleva muchos años siendo saqueado por mexicanos, podemos considerar que desde
1821 México se convirtió en botín de personas sin escrúpulos que aspiran a
llegar al poder para enriquecerse desviando recursos del erario público. No es
nuevo el esquema. La corrupción forma parte de la vida del mexicano desde la
independencia. Movimiento que se generó por parte de un sector privilegiado de
la población temeroso de perder esos privilegios. Independencia fue el momento
en que comenzó la verdadera explotación y saqueo a los pueblos indios, y sobre
todo, el momento en que inició un proceso de decadencia ética y moral que ha
continuado hasta la fecha con una pendiente suave pero estable, siempre cada
día peor que el anterior.
Cuando
llegó Andrés Manuel al poder, hoy ya podemos entender que traía un plan muy
elaborado para no sólo adueñarse del país, sino para disponer de los recursos
públicos para él, para su familia y para sus colaboradores. Todos y cada uno de
sus actos estuvieron orientados a enriquecerse. Desde la cancelación del
aeropuerto de Texcoco, que permitió el gran negocio de la construcción del
AIFA. La cancelación de compras de gasolina y diésel en el extranjero, que
favorecieron el negocio del Huachicol fiscal. El control de Pemex en manos de
un ingeniero agrónomo, para favorecer el negocio del Huachicol. La construcción
del tren maya y del interoceánico, con los grandes negocios de los
prestanombres de sus hijos. La refinería de dos bocas, que como todo el sistema
de refinación sigue perdiendo dinero, pero permitió contratos de hasta
veintidós mil millones de pesos a prestanombres de los López Beltrán, según
hemos podido constatar en recientes audios liberados por LatinUS. Y así, podría
seguir con una lista interminable.
A pesar de
que el mexicano ha normalizado la corrupción. Los niveles alcanzados en los
últimos ocho años compiten y en muchos casos superan con creces, a los que
habían existido durante los gobiernos del PRI y del PAN. Y aun así, no había
existido uno tan despiadado ni con una generación de sufrimiento tan grande
para la población mexicana, que la corrupción en el sector salud.
Desde el
primer año de gobierno, vimos cómo se logró la desaparición del seguro popular,
que no era ninguna panacea, pero si otorgaba un pequeño alivio a millones de
mexicanos, que lo perdieron
sin tener
nada a cambio. Con esa desaparición se lograron grandes ahorros, que generaron
nuevas opciones de desvío de recursos. Luego llegó la pandemia del COVID, y la
autorización del gobierno central de que se comprara lo necesario sin cumplir
con ninguna regla de control. Esto generó un gran negocio a estados y sector
salud, ya que crearon a sus propios proveedores, que compraban en el mercado
nacional cualquier producto, se necesitara o no, y se lo vendían al gobierno a
precios diez y veinte veces su precio normal.
Ya cebados
con la ambición desmedida y habiendo observado que hay libertad absoluta para
robar, el gobierno humanista contrató todo tipo de servicios, como los
inolvidables contratos al hijo de Bartlett, o los millones gastados en los
respiradores del conacyt o la vacuna patria, con el único objetivo de continuar
enriqueciéndose a costillas de la salud de México entero. Mientras tanto, año
con año, el sector salud vio reducido su presupuesto, y últimamente se ha
comentado –sin que se haya comprado aún- algo que resulta muy creíble, dadas
las políticas del gobierno morenista: Que el gobierno federal dejó de entregar
las participaciones que corresponden al seguro social.
Puedes leer
esto y verlo con frialdad. Hasta que generes un poco de empatía con una persona
humilde que sólo tiene acceso a la salud mediante los servicios del sector
público. Acude a una clínica y resulta que no hay ni gasas. No hay medicinas,
porque importarlas también era buen negocio, comprando de mala calidad aunque
se destruyera la soberanía de tener una industria farmacéutica nacional, pero
ni eso pudieron hacer bien.
No quiero
pensar que uno de tus familiares tenga una enfermedad terminal y requiera una
operación. Pensemos en cáncer de próstata o en cáncer de mama, y le indiquen a
tu familiar que acuda a consulta con el especialista, laboratorio químico,
laboratorio radiológico, una y otra vez, porque la primera vez que acudió
faltaba algo y no pudieron hacerle el estudio necesario. Luego de seis meses de
horror (o más tiempo), logra que le programen una cirugía, la cual es
suspendida un par de veces por falta hasta de bisturí. Imagina el horror
psicológico de esa persona que sabe que tiene un enemigo dentro de su cuerpo,
que le urge que se lo saquen, que sabe que está muriendo lentamente, y no
recibe la atención adecuada. Tortura pura.
Tortura
para algunos que se convierte en negocio para otros. ¿Qué clase de persona debe
ser alguien que le consta que hay desabasto y mala atención en el sector salud,
y todos los días sale a declarar lo contrario, porque lo único que le interesa
es conservar el poder y ganar la próxima elección? ¿Qué clase de basura y
escoria humana debe ser una persona para buscar enriquecerse con el sufrimiento
y el dolor ajenos? La respuesta es vergonzosa: De la clase de persona que 35
millones de mexicanos van a defender y aplaudir porque les han convencido y
manipulado, o lo que es peor, los han comprado. De la clase de persona que
otros 35 millones de mexicanos no voltean a ver, no censuran y no les importa
lo que haga.
Ese es el
México de hoy.
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