Héctor Yunes Landa | 15 julio de 2013
Tribuna Libre.- México ya ocupa el
primer lugar en obesidad en el mundo y el problema se agrava al ser un país con un considerable incremento
poblacional.
El reporte de la Organización de Naciones
Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) señala que nuestro
país es líder en población obesa superando por primera vez a los
Estados Unidos, padeciendo este problema el 32.8% de nuestra población.
Resulta paradójico
que México sea el país con mayor porcentaje de obesidad en el mundo y, por otro lado, se esté implementando un programa nacional para combatir el hambre, al haber poco más de 7.4 millones de mexicanos en
pobreza extrema que sufren carencias
alimentarias. Sin embargo, esta paradoja
tiene algo en común: la malnutrición.
En México la
obesidad es un problema de salud pública, que afecta a nuestra sociedad y al gobierno mismo. El sistema nacional de salud tiene el reto de transformarse a
fondo, más aún, ante el aumento impresionante de enfermos de diabetes y otros
padecimientos adyacentes a la obesidad que amenazan con colapsarlo, porque
ningún recurso alcanzará para atender los padecimientos simultáneos de millones
de mexicanos.
Se calcula que para el año 2017 los problemas
de obesidad costarán a México entre 70,000 y 101,000 millones de pesos, y traerá un considerable aumento de fallecimientos,
lo cual provocará otro tipo de dificultades en el seno familiar.
Los
expertos en el tema consideran que la alarmante
alza en el número de obesos en el país es resultado de una transición epidemiológica que inició hace
30 años por varios factores, como:
-Cambio en el hábito alimenticio con una mayor ingesta de
alimentos con alta concentración calórica;
-Fácil acceso a bebidas y comida "chatarra", acompañada de una agresiva publicidad para
su consumo;
-Disminución
considerable de la actividad física;
-Reducción de
actividades en espacios públicos, atribuido a la inseguridad para
desarrollarlas; y
-Una vida
laboral más agitada y el aumento del consumo de "comida rápida" con inadecuado
valor nutricional.
Por eso es necesario que todos nos involucremos en el combate a la obesidad que afecta a familiares y al país, coadyuvando a su
ataque desde otro frente: mejorando nuestros hábitos alimenticios, atendiendo acciones médicas
preventivas y alentando en el seno familiar actividades menos sedentarias.
Un aspecto fundamental en esta cruzada será la consolidación del
andamiaje legislativo y de políticas públicas, siendo tema obligado revisar la
producción y consumo de alimentos "chatarra", así como las medidas
gubernamentales tendientes a incrementar la actividad deportiva y de esparcimiento público, con espacios públicos propicios y seguros.
No
podemos esperar más tiempo, es innegable que el problema de la obesidad tiende a agravarse, así lo confirman eestudios recientes sobre la existencia de
una afectación genética que provoca una predisposición del cuerpo a la obesidad
y su consecuente afectación a la
salud de los mexicanos.
La importancia del tema es tal, que el presidente Enrique Peña Nieto ha
mostrado su preocupación ante el problema de la obesidad en México y expresado su firme determinación para atender y mitigar esta situación que afecta a todos por
igual, sin importar el nivel socioeconómico. Asimismo, en el Senado de la República se ha venido trabajando en un marco jurídico tendiente a facilitar el impulso de acciones que
mejoren la calidad
de vida de nuestra población.
Si bien, mi preocupación es como servidor público, también lo es como padre de familia, porque considero injusto que heredemos a
nuestros hijos este problema.
Por
eso, desde este espacio, hago un respetuoso exhorto a
que retomemos o aprendamos hábitos que fomenten en nuestros hijos una vida más sana. Nosotros, como sociedad, jugamos un papel fundamental para solucionar el
problema de obesidad que aqueja a México.