José
Miguel Cobián Elías | 21 Julio de 2017
Tribuna Libre.- Señor titular de la Secretaría de Seguridad
Pública: He tratado de entender con la información disponible, su comparecencia
ante el congreso del estado. Me llama la
atención la cantidad de delincuentes que tenemos –de acuerdo a sus afirmaciones
y respuestas-, en el congreso del
estado. Me espanta saber que tiene usted
una cantidad de información impresionante sobre la vida y milagros de cada uno
de nosotros los veracruzanos, y en particular de los actores políticos, pero
esa información sólo se utiliza para fines políticos. Sus respuestas implican desautorizar las
voces críticas de los diputados locales que intentaron entender la situación de
seguridad por la que hoy pasa el estado de Veracruz.
Para mí como veracruzano, las motivaciones
políticas de cada diputado que lo interpeló y de cada diputado que lo aplaudió
me tienen sin cuidado. Usted como
funcionario público sabe mejor que nadie, que existe complicidad al conocer de
un delito y no denunciarlo ante las autoridades correspondientes. También sabe, que quien acusa tiene que
probar, por lo tanto, en mi calidad de ciudadano habitante del estado de
Veracruz, lo conmino a que denuncie a todos y cada uno de los diputados locales
a los cuales usted les imputó la comisión de uno o varios delitos en su
comparecencia. Usted como titular de
seguridad pública, es el primero que debe de hacer eso. Pero también lo invito a que si no posee las
pruebas de su dicho, se disculpe públicamente, pues los tiempos no están como
para seguir debilitando instituciones con el fin de promover la anarquía en el
estado.
Es más, señor Secretario Téllez, le exijo y
demando, que presente usted ante la autoridad que corresponda, tanto la
denuncia como las pruebas que posee de que Fidel Herrera Beltrán vendió el
estado de Veracruz a un grupo delictivo a cambio de doce millones de dólares al
inicio de su mandato, o durante su campaña por la gubernatura.
Los veracruzanos ya estamos hartos de la
manipulación verbal. Ya nos cansamos del bla, bla, bla. Ahora queremos hechos reales, comprobables y
punibles. Su jefe inmediato, el
gobernador del estado, es uno de los mexicanos más preparados en cuestiones de
seguridad, más conocedores y mejor informados a nivel nacional. Estoy seguro de que no le dio jamás la
instrucción de acusar sin fundamento.
Hoy los mexicanos en general podemos creer
cualquier afirmación de cualquier persona o negarnos a creerla. Sin embargo, en el caso de acusaciones tan
fuertes como las que usted ha presentado en el recinto del congreso local
requieren de acciones inmediatas, de denuncias ante las autoridades
correspondientes. Incluso, a estas
alturas yo me pregunto la razón por la cual, conociendo de esos delitos, no ha
presentado usted las denuncias correspondientes, en el momento en que tuvo las
pruebas suficientes para asegurarse de que eran reales.
No quiero pensar en un secretario responsable
de la seguridad pública, incapaz de probar sus dichos. Tampoco quiero pensar en un secretario de
seguridad pública que conoce delitos y los denuncia hasta que le conviene a él
o a al proyecto político al que sirve.
Sueño con un Veracruz en el cual la impunidad no exista. Un Veracruz en el cual cuando una autoridad
se atreve a señalar públicamente a alguien, es porque ya tiene las pruebas en
su mano y no se deja llevar por rumores, o por información mal recabada por
gobiernos príistas y almacenada en los archivos tenebrosos de la secretaría de
gobierno.
Escribo este artículo una vez que escuché al
gobernador de Veracruz sobre la detención del ex gobernador Javier Duarte, en
el cual menciona que hay elementos suficientes para demostrar su culpabilidad e
incluso la de Fidel Herrera Beltrán. Sabemos que los elementos no son
subjetivos sino objetivos, pruebas reales, para fincar la responsabilidad de
quien corresponda. Nadie puede pedir que se castigue sin pruebas. De eso México ya está harto. Tenemos las prisiones llenas de inocentes,
sin dinero para defenderse, y no por castigar los presuntos delitos de Javier
Duarte queremos volver a la fabricación de delincuentes sin prueba alguna. México lucha por salir de la barbarie
judicial.
Se agradece la búsqueda de justicia para el
pueblo de Veracruz. Nadie podría estar
en contra de ello. Sólo esperamos
profesionalismo en quienes deben de integrar los expedientes de todo acusado. Esperamos
eficiencia en las investigaciones basadas en el nuevo sistema penal
acusatorio. Ya basta de improvisados y
chambones tanto en la procuración de justicia como en todo el proceso de
investigación de delitos. Y sobre todo,
pretendemos que la justicia se haga en los tribunales y no en los medios de
comunicación manipulando una opinión pública ignorante de procedimientos
jurídicos, a quien fácilmente se le puede inducir a pensar lo que convenga al
poderoso en turno, o al enemigo del poderoso en turno. Debemos comenzar a educar a nuestro pueblo
para que no crea todo lo que escucha, lee, o ve, e investigue a fondo antes de
formarse una opinión. Sólo así avanzará
México.
La función de cualquier juzgador es aplicar
el derecho, no hacer justicia. El criterio que orienta al juzgador, en aras de
la seguridad jurídica, es aplicar literalmente la norma, y no anteponer apreciaciones subjetivas. No podemos hablar de aplicación filosófica
del derecho… El juzgador aplica la ley
únicamente.
Los Veracruzanos no dudamos que haya habido
corrupción el sexenio pasado y todos los anteriores. Hemos vivido en la corrupción, la sufrimos
día con día… Incluso hoy la sufrimos a causa de elementos a su cargo señor Secretario. Transporte público detiene particulares a
diestra y siniestra. No hay mecanismos
para evitar abusos y tropelías de
algunos elementos de tránsito del estado, sobre todo en zonas apartadas de las
grandes ciudades de Veracruz.
Espero con mucha emoción y atención la denuncia
que habrá de ser presentada incluso antes de que este artículo sea publicado en
contra de la persona del ex gobernador Fidel Herrera y en contra de los
diputados locales delincuentes acorde a sus expresiones señor secretario. De no haberlas, pensaré que se habla sin
pruebas y eso implica pérdida de confianza.
Un lujo que un funcionario de su nivel no se puede dar.
