José Miguel Cobián | 31 diciembre 2025
Tribuna
Libre.- Desde hace una eternidad, me he
preguntado una y otra vez ¿Qué es lo que mueve a una persona racional a
defender lo indefendible? Primero era
con una querida amiga practicante de alguna denominación cristiana que insistía
cada vez que visitaba la casa en convertirme.
Esto indica que la duda comenzó con personajes muy apegados a su
religión. Cuando tuve la oportunidad de
convivir seis meses con unos amigos Sijs, una religión muy interesante de la
India la defensa a ultranza de sus principios religiosos era evidente. Más adelante, en el caminar en la vida, tuve
la oportunidad de convivir con amigos musulmanes, y encontraba la misma defensa
de cuestiones ilógicas de sus escrituras.
Llegué a pensar que se debía a la lealtad a su respectiva religión o el
temor de que su Dios los sancionara si no defendían todo, lo bueno y lo malo.
Ya con
más edad, en tiempos en que sólo pintaban el PRI y el PAN en el espectro
político, hice amistad con personajes panistas, algunos como Carlos Castillo
Peraza dejaron una honda huella en mi forma de pensar, por su claridad de
ideas, por su amor por México, por su profundo conocimiento de la psicología
del mexicano y sobre todo por su absoluta falta de dogmatismo. Personajes
pragmáticos que conocían la realidad y la aceptaban tal cual era. Sin embargo, hubo otro grupo, también de
queridos amigos panistas, que también defendían lo indefendible, actuando como
si el ser panista fuera equivalente a formar parte de un culto religioso, que no
permite cuestionar nada, obligando al fiel seguidor a defender tanto las buenas
como las malas acciones de gobernantes emanados de ese partido.
Con los
amigos priistas jamás tuve ese problema. Podía ser que en público un senador,
un diputado, un gobernador, defendieran una acción, pero lo hacían por razones
políticas nada más, en corto, invariablemente eran pragmáticos (por no decir
cínicos) y reconocían los hechos como lo eran, sin negar la realidad.
Cuando
comencé a tratar con amigos perredistas, percibí que cada uno tenía una
percepción diferente de la realidad, y que jamás sería posible poner de acuerdo
a dos seguidores de dicha ideología. Y en muchos casos, era imposible razonar
con ellos, respecto de la realidad de la aplicación de las teorías económicas
que defendían.
Más o
menos, estaba yo conciliado con la realidad, creyendo que medio entendía al
mundo, cuando llega Morena al poder y todo se desmorona. Aparentemente es un culto, en el cual la
palabra del Mesías equivale a palabra de Dios, por lo cual no se podía
cuestionar absolutamente nada de lo que hiciera o dijera Andrés Manuel. Incluso llegué a confundirlo con disciplina
partidista, como sucedía en el antiguo PRI.
Conforme
avanzaba la defensa de las políticas de morena, me di cuenta que su base era el
antiguo PRD, es decir, personas que jamás se pondrían de acuerdo entre
ellas… y sin embargo ahora todas seguían
un mismo camino. Salvo que el rechazo a
militantes del PRI y del PAN se había exacerbado, y sin embargo, la cúpula de
Morena está ocupada por militantes del PRI, algunos panistas y pocos
perredistas. Ahí comenzó mi confusión
una vez más.
¿Qué
mueve a tantas personas a defender lo indefendible? Y con esta pregunta no cuestiono defender a
Morena, militar o simpatizar con ese partido político, sino defender acciones y
decisiones que son clara y francamente nocivas para el país o para los
mexicanos.
Acudir
a lo trillado, como hace alguna oposición que no analiza, afirmando que los
militantes de morena son tontos, no ayuda en nada. Había algo más profundo. Y eso divide a los defensores de todo lo que
Morena hace en tres grandes grupos: El
primero son las personas cuya mejoría económica depende de las políticas de
bienestar, los apoyos y ayudas económicas.
Ellos saben que su vida cambió cuando llegó Morena al poder. Un segundo grupo es de personas que han sido convencidas por la
propaganda gubernamental de que Morena es lo mejor que pudo llegar a gobernar
México, y que no tienen interés de analizar si es verdad o no en cada una de
las políticas públicas que se implementan; personas tan agraviadas por los
gobiernos anteriores del PRI y del PAN, que a lo mucho que llegan a criticar,
es decir que eso ya sucedía antes, que México es así, y que es normal que siga
sucediendo.
Hay un
tercer grupo que yo denomino los perversos esperanzados. Militantes en general preparados, capaces de
analizar y entender las decisiones del gobierno, mexicanos que de primera vista
saben reconocer cuando una decisión política es buena o mala, pero que se
niegan a reconocer la realidad a cambio de una esperanza.
Me
explico: Morena tiene grupos de capacitación política en todos los distritos
electorales del país. En estos grupos se adoctrina a quienes asisten y
participan en las reuniones. La estructura de la ¨reeducación¨ política está
claramente definida por semestres, también hay talleres especiales, y otras
formas de llamar a los cursos que se imparten.
Y aquí viene lo importante, a los participantes les otorgan un número
que podríamos definir como matrícula, y el compromiso del partido es que puedan
aspirar a participar en una tómbola para ser candidatos a un puesto en la
administración pública, con la condición de que culminen todas las fases,
etapas, cursos, diplomados, tareas, etc., de los cursos de capacitación
política, que en realidad son cursos de adoctrinamiento.
A los
mejores, los colocan en puestos en las dependencias de gobierno federal,
estatal y municipal. PEMEX es el ejemplo
clásico de personal sin capacidad para el cargo pero cobrando muy bien en un
puesto público, sustituyendo a personal con experiencia de años. Así, se han colonizado todas las dependencias
del gobierno, y esa es la causa por la cual todas funcionan muy mal, o de plano
no funcionan, y sobre todo, de que poco se sepa de cómo están saqueando el
país, pues todos entraron a lo mismo.
La esperanza de la cúpula es que a largo plazo quienes ocupen los
cargos, aprendan como realizar sus tareas, pero como todos están politizados
por el adoctrinamiento, saben que su valor se expresa en las elecciones,
generando votos para el partido, no cumpliendo con su labor formal en el sector
público.
Los
pocos que han logrado obtener salarios que en su vida habían soñado, y los más
pocos aún que han llegado a puestos dónde pueden hacerse ricos, ya sea
Gobernador, Secretario de Estado, Alcalde, síndico, etc., son la llama que
alimenta la esperanza de los millones que aspiran y sueñan con salir de su
condición económica cuando el partido les cumpla su promesa de colocarlos. Promesa vana, pues no alcanzan todos los
puestos de burócratas bien pagados en el país para todos los aspirantes.
Así que
para este tercer grupo, lo único que los mueve, lo único que los une, es la
ambición de obtener la posibilidad de medrar en el presupuesto público. Por eso la complicidad, el silencio, la
defensa absoluta, la lucha en redes. En
muchos casos no son personas pagadas por el gobierno, son simplemente mexicanos
haciendo méritos defendiendo a Morena y a sus líderes, aun cuando su conducta
sea francamente reprochable y reprobable, con la esperanza de que esa defensa
les otorgue méritos suficientes para poder llegar a un puesto público a
disponer de los recursos de todos para su beneficio.

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